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¿Ha cambiado algo la nueva Ley de Autónomos?

Tras un año de vigencia, un 88,9% de los autónomos personas físicas de la demarcación de Tarragona sigue cotizando por la base mínima

Rafel Servent

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FOTO: DT

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Tras un año de vigencia de la nueva Ley de Autónomos (Real Decreto-ley 28/2018 de 29 de diciembre de 2018), su despliegue no avanza al ritmo esperado. La Agencia Tributaria prolongará un año más el sistema de módulos, mientras las nuevas coberturas y bases de cotización siguen sin cumplir con las expectativas.

El pasado mes de septiembre, un 88,9% de los autónomos personas físicas en la demarcación de Tarragona cotizaba por la base mínima -según datos facilitados por la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA)-, lo que supone un descenso de apenas el 1% respecto al mismo mes del año anterior, antes de entrar en vigencia la nueva ley.

Aumentar las bases de cotización y, con ellas, las coberturas de la Seguridad Social (con prestaciones por accidente de trabajo o enfermedad profesional, entre otras), era uno de los objetivos claros de esta ley. Un año después, las opiniones son dispares.

Miquel Camps.

Miquel Camps, presidente de Autònoms Pimec, es directo en su balance: «Si se tratase de ponerle nota, diría que ‘necesita mejorar’ de forma urgente. Y eso, dudando mucho entre el aprobado y el ‘necesita mejorar’. Hace un año yo decía sobre esta ley que desde Autònoms Pimec nos gustaba ver el vaso medio lleno, pero el impacto no ha sido suficiente».

Por contra, Lorenzo Amor, presidente de ATA, está en la posición de quienes ven el vaso medio lleno: «Esta ley ha sido un paso de gigante para el colectivo de autónomos. Muchos autónomos ya se han beneficiado de no tener que pagar la cuota a la Seguridad Social a partir del segundo mes de baja, y si ésta se debe a enfermedad o accidente de trabajo pueden cobrar la prestación desde el primer día».

Lorenzo Amor.

Además, recuerda que «esta ley aumentó ‘de facto’ la base mínima de cotización de los trabajadores autónomos en un 1,25%, pasando el tipo de cotización del 29,8% al 30%. Los autónomos personas físicas han pagado 64 euros más al año y los societarios 82 euros. Este esfuerzo contributivo ofrece más protección a los autónomos, y de cara a las prestaciones por baja por incapacidad o jubilación, será beneficioso para ellos».

Tras lo cual reconoce que «aunque la mayoría de los autónomos, cerca del 90%, sigue cotizando por la base mínima, cada vez hay más trabajadores por cuenta propia que hacen el esfuerzo de aportar más a la Seguridad Social. Tenemos que seguir por este camino».

Prestaciones reales bajas

Pero el hecho es que ese descenso del 1% en el número de autónomos personas físicas que en la demarcación de Tarragona cotizan por la base mínima es, sin embargo, poco efectivo para cambiar algo en la realidad de un colectivo que por abrumadora mayoría (el 88,9%) no se ha movido de tributar lo mínimo que marca la ley, y ni un céntimo más.

A la práctica, esa cotización mínima implica que, con una cuota de autónomos de 283,3 euros mensuales, la prestación a percibir por una baja laboral de 30 días por procesos comunes sea de 273,88 euros, una vez descontado el pago de la cuota de ese mes, y de 401,37 euros (descontada la cuota) en el caso de procesos profesionales.

Autónomos en Tarragona según base de cotización/La opinión del colectivo de autónomos en 2019

Vistos los importes reales de estas prestaciones y el poco éxito del incremento voluntario de las bases de cotización, ¿no le preocupa al trabajador autónomo ese escenario? Al contrario. En la última edición del Estudio Nacional del Autónomo, elaborado por la Universidad de Granada e Infoautónomos, «no tener protección durante el paro y/o la jubilación», con un 26,9% de respuestas, era el mayor miedo de los autónomos en España. Le seguía el «aumento de la carga fiscal», con un 23% de respuestas.

Alternativas privadas

Ante esta situación, no son pocos los que, en una tradición mutualista y de iniciativa privada arraigada, recurren al sector asegurador como complemento a las coberturas de la Seguridad Social en cuestiones como las bajas por incapacidad temporal o las pensiones de jubilación, además de productos especializados orientados a sus necesidades particulares. Así es como, según datos de este estudio, un 41,3% de los autónomos considera fundamental contar con un seguro de baja temporal, mientras otro 37,9% dice lo mismo respecto a tener un seguro médico. 

Jordi Murtra, director territorial en Catalunya de Previsión Mallorquina, compañía aseguradora especializada en autónomos y colaboradora en este estudio, explica que, bien al contrario de reducir el volumen de pólizas contratadas, «la nueva ley ha provocado que muchos autónomos se diesen cuenta de la situación real ante la posibilidad de tener que coger la baja, y han visto que tenían un nivel de descobertura exageradamente grande».

Jordi Murtra

Esa toma de conciencia, relata Murtra, «ha hecho aflorar una demanda de pólizas de baja laboral, pero también de viudedad, orfandad, productos de jubilación...». Las cifras que manejan en esta compañía aseguradora sobre el nivel de penetración de productos de este sector entre los autónomos es que «apenas uno de cada diez autónomos -relata Murtra- está intentando solucionar en exclusiva a través de los mecanismos de la Seguridad Social sus contingencias».

«Todos los que cotizan por la base mínima -coincide Miquel Camps, presidente de Autònoms Pimec- prefieren tener su propia mutua o plan de pensiones. En el fondo [esta práctica] es un error, porque no estamos ayudando a la hucha común, pero tampoco quiero caer en el tópico de que el autónomo es insolidario. Cotizar es necesario, porque es un sistema que tenemos que mantener, pero después los gobernantes tienen que administrar bien este dinero, asegurando los cobros y no gastando en otras cosas. Eso es lo que acaba provocando que el autónomo diga ‘pues yo no confío en el sistema y me lo monto solo’».

Autónomos por necesidad

En medio de este escenario ha aparecido en esta última década un colectivo que se comporta de una forma algo distinta al autónomo más ‘tradicional’. Se trata de un autónomo procedente del Régimen General, acostumbrado como asalariado por cuenta ajena a «un nivel de protecciones que le impiden dar el paso a trabajador autónomo», explica Miquel Camps, de Autònoms Pimec, y que si lo da es por necesidad. Porque, por ejemplo, ha perdido su empleo y no encuentra otro.

La percepción sobre el nivel de desprotección, en estos casos, es mucho más acusada. 

Así lo corroboran profesionales como Jordi Murtra, de Previsión Mallorquina: «El autónomo, por lo general, tiene poco conocimiento de cuál es su situación en caso de estar de baja, pero cuando se trata de un nuevo emprendedor, eso cambia: en nuestro caso son muy buenos clientes, porque estaban acostumbrados a tener prestaciones muy buenas».
Pero «al final -resume Miquel Camps, de Autònoms Pimec-, todo se resume a que del autónomo no se habla. Ni para bien, ni para mal. Simplemente, no se habla de él. Y es un colectivo suficientemente importante como para darle la visibilidad que se merece».

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