"Hay mucho inversor en startups tecnológicas y poco en pymes industriales"

Entrevista a Mario Sans, consejero delegado de Integra Capital, sociedad de capital riesgo que invierte en pymes industriales en fase de internacionalización

Rafael Servent

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Mario Sans en el Tecnoparc de Reus, en la jornada sobre financiación organizada por ACCIÓ. Foto: Alba Mariné

Mario Sans en el Tecnoparc de Reus, en la jornada sobre financiación organizada por ACCIÓ. Foto: Alba Mariné

Mario Sans (Barcelona, 1974) es licenciado en Economía por la UB y en Derecho por la UOC. Consejero delegado de Integra Capital, esta sociedad de capital riesgo invierte en pymes industriales, preferentemente en el sector de la fabricación de maquinaria especial, con facturaciones de entre 1 y 10 millones de euros y un plan de crecimiento internacional. Su inversión tipo es de medio millón de euros.

‘Capital riesgo’ evoca imágenes de startups de base tecnológica con APPs disruptivas... Pero ustedes van e invierten en cosas tan poco ‘glamourosas’ como pymes de los setenta que fabrican maquinaria industrial. ¿Huyen de ese mundo? 
Sí. Pero es que el capital riesgo no es otra cosa que un vehículo regulado por la CNMV que invierte en empresas no reguladas. Eso significa que invierte en diferentes tipologías de empresa. En startups de base tecnológica, sí. Pero también, como en nuestro caso, en compañías que están en el mercado, pymes industriales que tengan un plan de expansión internacional. Hay muchos inversores enfocados a la startup tecnológica, y quizás hay un déficit de inversores en este otro sector.

Para un perfil de empresario que, a diferencia de esos jóvenes emprendedores, ha mirado siempre hacia la banca para financiarse. ¿Es así?
En efecto. La empresa catalana o, en general, la española, es la más dependiente de la banca en toda Europa para financiarse. Otros países tienen una dependencia menor. Eso es lo que hizo agravar la crisis empresarial que sufrimos, porque cuando tu principal fuente de financiación deja de funcionar, eso agrava el problema. A esto hay que añadir que el tamaño medio de la empresa catalana es de cinco empleados, cuando la media europea es de seis o siete. Algo que, sin duda, te limita la capacidad de crecer.

Y cuando la financiación bancaria se interrumpe, no queda otra que el capital riesgo... ¿Así llegan esas pymes a este mundo?
Aunque hay mucha gente que se refiere al capital riesgo como ‘financiación alternativa’, a mí no me gusta hablar del concepto ‘alternativo’, sino de ‘financiación complementaria’. La imagen clásica del capital riesgo es ésa, en efecto, pero está cambiando. Porque si tú te financias con capital riesgo y fondos propios, tendrás una solvencia más elevada, más oportunidades. Para innovar o internacionalizar necesitas dinero, y no sólo te puedes financiar con deuda, porque la deuda es limitante.

El capital riesgo entra como socio. ¿Si la inversión les va mal, aceptan las pérdidas con deportividad?
Como socios, asumimos el riesgo empresarial de las empresas en las que invertimos, efectivamente. Compartimos ese riesgo. Lo habitual es invertir, estar cinco o seis años en la empresa, y salir de ella. La relación entre el inversor y el resto de socios es algo que ya se establece en el pacto de socios, donde también se pacta el mecanismo de salida.

¿Qué opciones de salida son las habituales?
Puede ser que los otros socios recompren las acciones al inversor, que se venda el cien por cien del capital de la empresa a un tercero, o que se busque un nuevo accionista que sustituya sólo al inversor. Todo eso es algo que está acordado desde el principio, y las reglas están claras.

¿Acudir al capital riesgo es perder el control de tu empresa mientras los inversores estén dentro?
El capital riesgo toma mayorías o minorías accionariales en función del fondo, cada fondo de inversión toma sus decisiones. Pero la media del sector suele estar en torno a un 40% de las acciones. Nosotros tomamos tanto mayorías como minorías, depende de cada caso. El denominador común en el capital riesgo, no obstante, es que sean participaciones significativas, no residuales. Pero si hablamos de Integra Capital, tengamos o no la mayoría en el consejo de administración, todas las grandes decisiones estratégicas tienen que estar consensuadas por los socios.

¿Hay diferencias entre el conocimiento del capital riesgo que tienen los jóvenes emprendedores de startup y los empresarios de pyme más veteranos? ¿Les confunden estos últimos con simples prestamistas?
Las generaciones jóvenes, asociadas a empresas de base tecnológica, tienen en su ADN la incorporación de un socio de capital riesgo. Tienen muy claro que, para una startup, uno de los pasos es incorporar a un inversor. En generaciones más mayores, el conocimiento del capital riesgo es menor y no es la primera opción de financiación, pero ese conocimiento, aunque insuficiente, va en aumento.

¿Cómo llegan a ustedes esas pymes más tradicionales?
Organismos como ACCIÓ hacen una labor divulgativa muy importante. También los medios de comunicación hablan cada vez más de ello. Un término como ‘ronda de financiación’, que hace cuatro años bien pocos conocían, ya suena, y cada vez se va conociendo más.

¿Qué pasa cuando el empresario dice «ya has puesto el dinero, ahora déjame hacer»?
Como le decía antes, lo que se consensua con las empresas antes de entrar en ellas es un plan de negocio definido por las partes, y para eso hay un pacto de accionistas que lo regula. ¿Puede haber conflicto entre los accionistas? Sí. ¿El sentido común lleva a no tenerlo? Sí. Por eso, antes de empezar, hay que estar seguro. Al final, es como una relación de pareja, donde has de mirarlo mucho y en la que el punto determinante son las personas. Si las personas son correctas por ambas partes, evitaremos el conflicto.

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