Heridas que no dejan cicatriz

Durante este año y quizás el siguiente, el mundo tendrá dos ‘Chinas’ llevando las riendas de la economía

Mónica Sánchez Corral

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Mónica Sánchez Corral. CaixaBank Banca Privada

Mónica Sánchez Corral. CaixaBank Banca Privada

El mes de febrero ha confirmado la esperanza de una aceleración en el proceso de vacunación que, unida al resultado de las medidas de confinamiento y la mejora estacional de las temperaturas, está permitiendo vislumbrar el final de la ola actual.

Sin duda habrá otra, cuando nos relajemos, y propiciada por las mutaciones, pero será la última.

Hacia el otoño, la inmunización efectiva de la población se habrá alcanzado en todos los países desarrollados y una parte importante de los emergentes.

La política económica continúa pisando el acelerador a fondo. En las palabras de Janet Yellen, actual responsable de la cartera de Economía y Hacienda, «con los tipos de interés en mínimos históricos, lo más inteligente es actuar en grande».

Estos primeros días de marzo, hemos visto cómo se aprobaba el nuevo paquete de rescate para la pandemia en EEUU, mientras que el Congreso del Partido Comunista en China eliminaba el objetivo de crecimiento a medio plazo en su nuevo plan quinquenal.

Aunque el crecimiento aún es el objetivo principal, el nuevo plan quinquenal enfatiza más la necesidad de reducir la fragilidad en el sector financiero y los riesgos asociados a un endeudamiento excesivo.

Mientras que en EEUU esperamos una aceleración del crecimiento a niveles chinos, la economía de China se desacelera hacia un crecimiento por debajo de su potencial. El diferencial de crecimiento entre los dos países, que ha sido favorable en China en más de 6 puntos de media en los últimos veinte años, se puede reducir a menos de un punto, este año y el próximo.

El crecimiento global garantiza que la economía china se mantendrá fuerte, pero quizás menos que otras economías de la zona más abiertas y sin tantas trabas por su política económica, tanto entre las desarrolladas -Corea o Taiwán- como entre las emergentes.

En la Eurozona, el estreno de Draghi como presidente de Italia, con un apoyo mayoritario, dibuja una política de estímulo agresivo acompañada de reformas estructurales.

Los bancos centrales se mantienen en el punto máximo de tolerancia al crecimiento, apuestan decididamente por la Reflación (aunque en el caso del BCE siempre tenemos la duda de cuánto hay de realidad y cuánto de mera retórica).

El escenario lleva al consenso de previsiones económicas que hay que esperar, para el 2021 y el 2022, un crecimiento en las economías desarrolladas que no conocíamos desde los años ochenta del siglo XX. En concreto, en EEUU el paquete fiscal que ya se ha aprobado augura un crecimiento para este año de cerca del 7%, una cifra normal para China, pero insólita para una economía desarrollada, y que llevará, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, a borrar todos los efectos económicos de la recesión.

El riesgo de pasarnos de frenada y saltar de la Reflación a la inflación pura y dura es cada vez más debatido, al fin y al cabo, durante este año y quizás el siguiente, el mundo tendrá dos ‘Chinas’ llevando las riendas de la economía global.

En nuestro caso, el optimismo con el crecimiento de la productividad nos lleva a confiar en que la aceleración del crecimiento se traduzca menos en tensiones de precios, pero los próximos trimestres pondrán a prueba esta confianza.

Mónica Sánchez Corral. CaixaBank Banca Privada

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