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Impresión 3D para artistas del chocolate

En Duesaigües, Ariadna Queralt y Gerard Rufi diseñan y fabrican matrices a demanda para moldes de pastelería y bombonería de mercados exclusivos

Rafael Servent

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Cuenta Ariadna Queralt (Tarragona, 29 años), que en toda España apenas quedarán cuatro o cinco artesanos de matrices para moldes de pastelería y bombonería. Artistas que se dedican a dibujar el objeto que se quiere hacer en chocolate, esculpirlo en barro, pasarlo a yeso, después a resina y, a partir de ahí, replicar tantos moldes en plástico como se desee. Un proceso que ha sido la norma hasta ahora, fuese para obtener la matriz de un bombón como la de una figura para decorar una mona de Pascua.

Pero el oficio no sigue. O, mejor dicho, no sigue de la misma manera. Junto a Gerard Rufi (La Serra d’Almos, 28 años), Ariadna Queralt puso en marcha el pasado mes de marzo en Duesaigües (Baix Camp) el proyecto Matrice, que como lema usa ‘Dessert3Design’. Es decir, «diseño de postres 3D». En lugar de barro y yeso, utilizan herramientas de diseño CAD e impresoras 3D para fabricar moldes en resina con técnicas de producción aditiva. Aunque el lápiz y el papel tampoco faltan. Ariadna trabaja sus primeras ideas de forma tradicional.

«Es un producto exclusivo, personalizado y de lujo -explica Ariadna-, orientado a chocolateros que buscan piezas únicas para eventos, postres o bombones de autor y showpieces [esculturas de chocolate para escaparates]».

Fabricación aditiva.Las matrices se diseñan con CAD y se imprimen por capas

Nada de inundar el mercado con matrices de Han Solo (o lo que sea lo último que se lleve) para decorar monas de Pascua de forma masiva. A eso se dedican en China, y suelen ser matrices en ese umbral de la legalidad, donde ‘Han Solo’ se convierte en ‘Jan Sala’ y sus variantes ‘creativas’. Así que «nada de Han Solos en serie -cuenta Ariadna-, sino diseños exclusivos y por encargo en un mercado más pequeño, pero que mueve más dinero».

«Es una pieza artística con la que complementamos al maestro chocolatero o al chef», añade Ariadna. Entre sus perfiles de clientes están los rusos o árabes dispuestos a encargar esas piezas únicas. «Hace poco -cuenta Gerard Rufi- nos pidieron presupuesto para un Michael Jackson de tamaño real, que al final no encargaron. Son ese tipo de cosas». 

Más rápido, más flexible
Para tener una matriz pequeña se pueden llegar a dedicar 48 horas con el sistema tradicional. Empleando fabricación aditiva, en 12 horas está lista. Además, durante ese proceso, el cliente puede ver el diseño, hacer cambios y correcciones... e incluso modificaciones una vez elaborada la matriz.

Un ejemplo fácil: alguien quiere la misma figura con tres tamaños distintos. Con un sistema tradicional, hay que hacer tres moldes desde cero cada uno de ellos. Hay que esculpir en barro, pasar a yeso y luego a resina tres figuras distintas. En Matrice, una vez diseñada la figura en CAD, sólo hay que darle a imprimir cambiando el tamaño (de dos centímetros a dos metros), añadiendo sólo el coste de la impresión, pero ahorrando ese montón de horas previas. «Es una manera muy rápida de hacer matrices -resume Ariadna Queralt-, con formas muy intrincadas y muy exactas».

«Ahora -prosigue- estamos investigando nuevas técnicas para que no haya limitaciones de formas». ¿Qué tal imprimir directamente con chocolate? «Hay impresoras de chocolate -admite-, pero el resultado final no es bueno para el mercado al que nos dirigimos: se ven las capas de la impresión y además el chocolate no tiene brillo».

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