Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Ivan Capdevila: "A veces se prima más la regulación con miedo y restrictiva que la modernización"

Director del Estudi Ramon Folch i Associats (ERF), consultor ambiental y experto en Smart Cities

Rafael Servent

Whatsapp
Ivan Capdevila, en el Centro de Convenciones de PortAventura. FOTO: Alba Mariné

Ivan Capdevila, en el Centro de Convenciones de PortAventura. FOTO: Alba Mariné

Todos hablamos de Smart Cities. ¿Alguien sabe de qué hablamos?
Yo lo definiría como una ciudad donde las soluciones sociales y tecnológicas favorecen un desarrollo sostenible y habitable para el conjunto de la ciudadanía. Al final, han de poner a la ciudadanía en el centro porque, si no, parece que las Smart Cities sean sólo sensores.

También en China se pone a la ciudadanía en el centro, mediante tecnologías de reconocimiento facial que sirven para establecer niveles de mejores y peores ciudadanos...
El reconocimiento facial no es Smart. En las Smart Cities, los usos que se pueden hacer de la tecnología se ponen al servicio de las personas para mejorar  los flujos urbanos. Movilidad, residuos y energía son los tres ámbitos de las Smart Cities. 

¿Pueden aspirar ciudades de las dimensiones que tenemos en el Camp de Tarragona a ser Smart Cities?
Le responderé hablando del primero de estos grandes ámbitos. La movilidad está viviendo un modelo disruptivo, como demuestran Uber y Cabify con el momento polémico que hemos vivido [en el conflicto del taxi de Barcelona], pero también con propuestas como los viajes compartidos, los patinetes eléctricos...

Es una disrupción sobre cómo nos podemos mover, que empieza en las grandes ciudades para que la economía de escala se vaya implantando. Pero, dicho esto, estoy convencido de que las tecnologías Smart en el espacio público y urbano se podrán aplicar a cualquier escala. 

¿También en ciudades como Tarragona, Reus o Salou?
Sí. Para iniciar la disrupción se empieza en poblaciones a partir del millón de personas. Ésas ciudades son las que están liderando hoy, pero no pienso que se quede ahí. Hay una escalabilidad. Ahora ya tenemos diez ciudades españolas con patinetes eléctricos compartidos. Las tecnologías digitales facilitan mucho las cosas, y las ciudades de 100.000 habitantes como las que tenemos en la conurbación del Camp de Tarragona tienen la escala suficiente como para incorporar muchas de estas soluciones a corto y medio plazo.

¿Hay una pugna de liderazgo entre el sector privado y el público?  La Administración impulsa proyectos a la vez que regula y limita los privados...
Estamos hablando de ciudades, y aquí el sector público tiene un papel muy importante de impulso y, a la vez, de regulación. La Unión Europea habla desde hace muchos años del partenariado público-privado, y es algo que puede ayudar a consolidar las Smart Cities, pero es cierto que está costando más de lo que la teoría dice, y el ejemplo es Uber y Cabify. A veces se prima más la regulación, con miedo y restrictiva, que la modernización.

¿Mata todo eso la iniciativa privada?
No. En Barcelona, por ejemplo, donde como seguramente conoce existe el servicio municipal de Bicing desde hace muchos años, hay muchas startups con propuestas de bicicleta compartida, y dos empresas privadas ya consolidadas, que funcionan autónomamente. Luego tenemos las APPs que enfocan la movilidad como servicio. Pero lo mismo sucede con la energía, que a escala estatal todavía está más regulada que la movilidad.

¿Qué se está moviendo en el sector energético?
Desde hace seis meses ha habido una conexión a la fotovoltaica...

¿Se refiere a la derogación del ‘impuesto al sol’?
En efecto. En el ámbito de las energías renovables y de fotovoltaica para autoconsumo hay un cambio muy importante, que favorece las Smart Greeds (redes de autoconsumo compartido) y hace que se instalen muchas placas fotovoltaicas. Hay un potencial de crecimiento muy grande.

Y también un recelo muy grande sobre la seguridad jurídica. No son pocas las empresas que hace años instalaron paneles solares en sus naves animados por ayudas y luego les cambiaron las reglas del juego...
Cierto. Pero también lo es que la tecnología ha dado un salto desde entonces. Hoy, las placas fotovoltaicas son amortizables, sin subvención, a seis o siete años vista.

Yendo a los ciudadanos, eso está claro en viviendas unifamiliares. Pero... ¿también en bloques de pisos?
Las ciudades tienen muchas cubiertas, no sólo de bloques de pisos. Especialmente en el sector industrial y terciario, es la gran oportunidad.

A diferencia de hace años, las grandes eléctricas parecen volcarse en incentivar el autoconsumo. ¿En lugar de tener una central tendrán un barrio de paneles solares?
Están cambiando los actores y podrían cambiar al final. En general hay una concentración de actores muy grandes, pero vamos hacia un escenario en el que perderán peso en favor de otros más pequeños, alternativos y más dinámicos. Vamos hacia ahí a corto plazo. Lo cual no significa que los grandes actores no tengan el derecho y la posibilidad de adaptarse. Veremos si pueden confrontarse a otros actores más rupturistas.

Y si no, siempre pueden comprarlos, ¿no?
Claro, es una posibilidad. Mire el caso de Ecotècnia [la cooperativa catalana fabricante de turbinas eólicas], que ha acabado comprada por Alstom.

Temas

Comentarios