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Javier sancho «El complejo de Tarragona está en una fase de transformación histórica»

El máximo responsable de Repsol en Tarragona destaca que las importantes inversiones previstas para dar una nueva vida sus activos garantizarán la sostenibilidad de las instalaciones

Núria Pérez

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Javier Sancho dirige el complejo industrial de Repsol en Tarragona desde el pasado septiembre. Foto: Alba Mariné

Javier Sancho dirige el complejo industrial de Repsol en Tarragona desde el pasado septiembre. Foto: Alba Mariné

Algo más de un año después del inicio de la pandemia, ¿cómo es la situación en el complejo de Repsol en Tarragona?
Nuestra actividad es de las que se ha considerado esencial, de manera que en este tiempo hemos seguido funcionando, eso sí, adaptándonos a las oscilaciones de la demanda. En este sentido, la afectación de la Covid ha sido diferente según las plantas y las fases de la pandemia. 

¿Cuáles han sido las más afectadas?
En el área de química, las dedicadas a producir materiales para la industria automovilística o la construcción, cuya demanda descendió en picado al inicio de la pandemia mientras crecía la de productos químicos para el sector sanitario, farmacéutico, textil para el ámbito médico, alimentario y la higiene. En el área de refino, hemos sufrido una caída notable de la demanda de combustible para el sector de la aviación mientras el dirigido al transporte marítimo se ha comportado bien.

En verano tuvieron que parar la producción de queroseno en Tarragona por falta de demanda. ¿Cómo es ahora la situación?
Posiblemente el queroseno sea el combustible que más tarde en recuperarse por las medidas restrictivas internacionales. Esperamos que la demanda vaya mejorando a medida que avance la vacunación y se levanten las limitaciones a la movilidad. Todavía no al nivel prepandemia pero sí a una situación más normal. 

Antonio Brufau ha anunciado la voluntad de invertir más de 1.400 millones en Tarragona. ¿Cuál es el objetivo?
El complejo industrial de Repsol en Tarragona se encuentra en un momento de transformación histórica desde que hace cincuenta años se autorizara su construcción y poco después empezara su actividad. Estamos hablando de inversiones que han de garantizar la sostenibilidad de nuestras instalaciones, dando una nueva vida a nuestros activos a través de proyectos de descarbonización, economía circular, eficiencia energética y diferenciación. 

Integrado: El complejo de tarragona es muy importante para repsol por aglutinar los negocios de refino y química

¿Cuáles son las inversiones más destacadas del paquete?
Por un lado, la Ecoplanta, la primera planta de la Península Ibérica que transformará residuos en productos de la química derivada y que es un proyecto impulsado por la compañía canadiense Enerkem y el grupo Agbar al que nos hemos unido recientemente. Por otro, a más largo plazo estamos estudiando una inversión muy relevante en una nueva planta para fabricar biocombustibles a partir de residuos agrarios y forestales. 

¿Cuál es su objetivo con la Ecoplanta?
Cubrir un déficit de producción de metanol que actualmente tenemos que importar. La nueva factoría utilizará una tecnología pionera en el mundo (únicamente probada en Canadá) para procesar 400.000 toneladas de residuos sólidos urbanos no reciclables y producir 220.000 toneladas de metanol al año para producir materiales circulares o biocombustibles avanzados, contribuyendo a evitar la emisión de unas 200.000 toneladas de CO2 anualmente y reduciendo los residuos que de otro modo acabarían en el vertedero. 

¿En qué fase se encuentra el proyecto? 
La decisión final de inversión se tomará a principios del año que viene dependiendo de su rentabilidad. La intención es que la factoría entre en funcionamiento a finales de 2025. 
Hablaba de descarbonización, la palabra que hace temer por el futuro del polo petroquímico.  
Nosotros tenemos claro que este es un camino de no retorno en el que para obtener nuestros productos debemos incrementar el porcentaje de circularidad, o lo que es lo mismo, utilizar materias primas diferentes a las que empleamos ahora. Por eso estamos analizando la transformación de todo tipo de residuos, agrarios, forestales, sólidos urbanos para producir biocombustibles y productos con baja huella de carbono.

Pilares: La descarbonización, la eficiencia energética y la diferenciación son nuestras principales apuestas

¿Por dónde empezarán?
En el área química, estamos estudiando diversas inversiones y ya estamos realizando la ingeniería conceptual de dos plantas: una de recuperación de espumas residuales de poliuretano (de colchones y cojines) para producir polioles útiles de nuevo como materia prima y otra de producción de poliestireno expandido. En el área de refinería, en diciembre del año pasado fabricamos con éxito puesto que ya se está consumiendo el primer lote de biocombustible para aviación a partir de aceites vegetales y nuestra intención es incrementar de forma significativa la fabricación de biocombustibles, entre ellos el BioJet, en las instalaciones de Tarragona modificando y adaptando unidades productivas basadas en la actualidad en materias primas fósiles. 
Otro pilar de su estrategia es la diferenciación. 
Sí, muchas personas piensan que aquí solo producimos queroseno y química básica pero hace años que estamos trabajando en productos de mayor valor añadido y nuestro catálogo actual supera las 200 referencias. Es una palanca de crecimiento básica. En este sentido estamos iniciando los estudios previos de una nueva unidad de poliolefinas de alto impacto para el mercado de la automoción y también tenemos prevista una inversión en una nueva planta también de poliolefinas pero especializadas en cables de muy altas tensiones. 

¿Hasta qué punto la ejecución de esos 1.400 millones está condicionada por los fondos Next Generation? 
Los fondos Next Generation acelerarían nuestros planes de transformación del complejo de Tarragona pero si la ayuda de Europa no llegara nuestros planes seguirán adelante porque la voluntad de transformación es clara. Para Repsol el de Tarragona es un complejo muy importante, sobre todo porque es el mayor complejo integrado, es decir, que tiene actividad de refino y de química. Llevamos varios ejercicios en que se invierten más de 100 millones de euros cada año y la intención es seguir invirtiendo de forma importante. 

¿El traslado de la monoboya marca un punto de inflexión en la relación con el turismo? 
La industria química y el turismo son dos motores económicos de este territorio y es evidente que ambos son necesarios. Creo sinceramente que la relación entre ambos sectores ha sido buena y que el nuevo contradique dels Prats, que cerrará las aguas del puerto comercial, nos ofrecía una oportunidad única para eliminar la actual monoboya y trasladar la operativa de descarga de los grandes buques al pantalán. Pienso que la actuación, prevista en el proyecto Cal·lípolis Next Generation e impulsado por el Port, el Ayuntamiento de Vila-seca y Repsol es una buena noticia para todos, tanto el turismo como nosotros pero sobre todo el territorio. 
Han pasado de no figurar entre los impulsores a liderar desde el ámbito privado la Vall de l’Hidrogen de Catalunya.
Es lógico que nos integráramos en esta plataforma tan bien liderada por la Universitat Rovira i Virgili (URV) porque Repsol es el primer productor y consumidor de hidrógeno de la Península Ibérica y tenemos claro que el hidrógeno renovable va a ser un vector muy importante de la transición energética. Prueba de ello es que, a nivel de compañía y dentro del área industrial hemos creado una dirección especializada en este ámbito. 

Adiós a la monoboya: El traslado de la descarga de buques al pantalán es una buena noticia para todos

¿Qué posibilidades tiene de salir adelante la Vall de l’Hidrogen de Catalunya?
Creo que desde un punto de vista teórico tiene todos los ingredientes para optar a los fondos europeos: colaboración público-privada, el mayor polo petroquímico del sur de Europa y con él los principales productores y consumidores de hidrógeno verde y más de 120 organizaciones  implicadas. Estamos convencidos de que es un proyecto ganador que aún puede crecer trabajando alianzas con otras valles como la de Aragón o el País Vasco, como ya se ha hecho por ejemplo con el máster en tecnologías del hidrógeno que hemos impulsado con la URV, la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), la Politècnica de Catalunya (UPC), y la de Zaragoza (Unizar). 

Se plantean llegar a las cero emisiones el 2050. ¿Qué están haciendo en Tarragona para lograrlo?
Los planes de mejora de la eficiencia energética que estamos desarrollando en Tarragona desde finales de los años noventa nos han ayudado a reducir nuestrs consumos energéticos en más del 30% y las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en cerca del 50%. Las iniciativas que tenemos identificadas hasta 2025 nos permitirán reducir en más de 100.000 toneladas de CO2, de las cuales un porcentaje importante se conseguirá rebajar tras la la parada que efectuaremos plurianual del año que viene, con una inversión prevista de alrededor de 20 millones de euros. Además, déjeme decir que estamos muy orgullosos de haber impulsado en colaboración con el Institut Cerdà el Observatorio de Calidad del Aire, una iniciativa pionera de la que no hemos encontrado precedentes y que tiene como objetivo tener datos frente a las percepciones. 

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¿Han tomado alguna medida a raíz del accidente de Iqoxe?
Sí, se ha actuado en diversas líneas. Pese a que la información disponible sobre lo sucedido es muy limitada y nuestros procesos industriales y productos son muy diferentes, tras revisar los que tenemos más similares hemos llegado a la conclusión de que tenemos controles eficientes y suficientes para garantizar la fiabilidad y seguridad de nuestras unidades. 

¿Cree que costará recuperar la confianza en el sector químico?
Con las personas con las que me he ido reuniendo desde que el pasado mes de septiembre asumiera la dirección del complejo de Tarragona he percibido confianza en nosotros. Todos los que trabajamos en las instalaciones de Repsol tenemos claro que la seguridad es la prioridad número uno.  

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