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Joan Carles Suari: "A China, la gente ya no va a buscar proveedores, sino clientes"

Joan Carles Suari Aniorte es catedrático de la Universitat de Barcelona (UB), experto en comercio exterior e integración europea

Rafael Servent

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Joan Carles Saurí, en la Cambra de Comerç de Tarragona

Joan Carles Saurí, en la Cambra de Comerç de Tarragona

Cuenta Joan Carles Suari que «el pasado, pasado está», y que «los años del ladrillo y la deslocalización» (y eso, «en el mejor de los casos, cuando no se cerraba directamente») fueron, citando a Borges, «como aquellos pájaros que se perdieron porque miraban de dónde venían, pero no a dónde iban». Ahora, la relocalización está aquí, pero ni es masiva ni va a crear tantos empleos como los que se llevaron las deslocalizaciones. Que nadie se engañe: «El pasado no volverá», asegura este catedrático de la Universitat de Barcelona, experto en comercio exterior e integración europea.

En los noventa y primeros dos mil, la palabra era ‘deslocalización’. ¿Es ahora ‘relocalización’?
Si la pregunta es si estamos asistiendo a un fenómeno de la misma magnitud e intensidad que el offshoring de aquellos años, la respuesta es «no», sin matices. No hay ningún fenómeno de relocalización de la misma magnitud.

Pero la relocalización existe. No es un invento, ¿no?
Sí, pero la que hay es compatible con la deslocalización, que sigue siendo la fuerza dominante.

Explique eso, por favor.
En primer lugar es importante destacar que la deslocalización, en términos globales, ha sido un fenómeno que ha sacado a mucha gente de la miseria. Y, aunque es cierto que hay casos en los que ha producido problemas y condiciones laborales inaceptables, desde el punto de vista de los países emergentes es un fenómeno deseable. ¿Por qué este pequeño flujo de relocalización?

Adelante.
Pues porque las decisiones de inversión son fruto de muchas variables, y una de ellas es el coste de la mano de obra directa. Por ese motivo, en los noventa y primeros dos mil, el mensaje era «tonto el que no vaya a China». Pero cuando las diferencias salariales con China son más bajas, cuando ya no se produce un gap significativo en el coste de la mano de obra, como sucede ahora, aparecen otras variables, como la calidad o la longitud de la cadena logística. 

No hace falta ir a China para fabricar según qué. ¿Es eso?
Más bien que, en algunos casos, eso impide ser flexibles. Hay empresas que prefieren cadenas logísticas más cortas, para ganar en flexibilidad, para trabajar cerca de los proveedores... y por eso cierran la fábrica de China y relocalizan. Pero atención: el pasado no volverá.

Las empresas grandes pueden hacer cosas pequeñas, porque la posibilidad existe y ves más variantes sobre un mismo producto

¿A qué se refiere?
A que, con las relocalizaciones, se crearán puestos de trabajo, pero pocos y muy preparados. Los efectos de las relocalizaciones no son tanto en puestos de trabajo y mano de obra intensiva, sino en inversiones.

Adiós a las promesas trumpistas. Se crearán empleos para robots. ¿Va por ahí?
La digitalización interviene, es cierto, pero también se podría digitalizar allí. El razonamiento es que, si ya no disfrutas de unos costes de mano directa mucho más bajos, por el mismo precio, hazlo en casa. Porque más cerca es mejor.

¿Qué papel juegan los consumidores en este fenómeno?
La gran fuerza directora  y principal de las nuevas decisiones de inversión no será tanto la reducción de los costes como la proximidad al mercado de consumo. A China, la gente ya no va a buscar proveedores, sino clientes. Hoy, las series cortas son posibles, y la flexibilidad es posible. La famosa frase de Henry Ford que decía que «cualquier cliente puede tener un Ford del color que quiera mientras sea negro» ya no es vigente. Es posible atender al consumidor de manera más personalizada.

¿En un mundo de microempresas muy flexibles?
Una cosa son las series cortas y la otra que la empresa tenga que ser pequeña. Amazon es un monstruo. Las empresas grandes pueden hacer cosas pequeñas, porque la posibilidad existe y ves más variantes sobre un mismo producto. Y eso, lo hacen las grandes empresas. La customización es un hecho.

El éxito del miniordenador Raspberry Pi se ha explicado, en parte, por la etiqueta ‘Made in UK’. ¿Gana importancia este factor en el consumo?
No lo conozco, pero tiene sentido porque el Reino Unido es el que más relocalizaciones ha tenido en Europa. Si eso es debido a lo que dice, no lo sé. Pero que es el que más relocalizaciones tiene, seguro. Aunque en Europa no hay una tendencia como en los EEUU, con el ‘Buy American’. Eso, en Europa no existe.

Pues poco francés se ve conduciendo algo que no sea un Renault o un Citroën. ¿No?
Salvo los franceses, de acuerdo. Eso, los franceses siempre lo han tenido. Pero el que ha tomado más decisiones de deslocalizaciones en Europa ha sido el más industrial de todos: Alemania. Y el gran beneficiado de todo esto ha sido el nearshoring. Es decir, deslocalizar pero cerca. Marruecos para Europa, México para los EEUU.

Y aquí, dejamos de ser un entorno ‘low cost’ pero tampoco somos una potencia tecnológica. ¿Qué hacemos?
Obviamente, esto no es Alemania. Tampoco Suiza. Pero hay empresas que son punteras. No estoy de acuerdo en que tecnológicamente no seamos punteros. No es la abundancia de Alemania, pero no es un país tecnológicamente atrasado.

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