Joan Cavallé «Si las cajas se hubiesen reconvertido, el 50% del sector bancario español sería hoy cooperativo»

Director general de Caixa d’Enginyers y miembro del comité ejecutivo de la European Association of Co-operative Banks (EACB)

Rafael Servent

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Joan Cavallé, en un momento de la entrevista, esta semana en la Cambra de Comerç de Reus. Foto: Fabián Acidres

Joan Cavallé, en un momento de la entrevista, esta semana en la Cambra de Comerç de Reus. Foto: Fabián Acidres

Joan Cavallé (Barcelona, 1956) es director general de Caixa d’Enginyers desde el año 2006, entidad a la que se incorporó en 2002 tras una trayectoria profesional en el sector financiero. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona (UB) y con formación en Esade-Wharton e INSEAD, entre otras, ha combinado su actividad profesional en el sector financiero con la docencia, en instituciones como la UB, la UPC o Esade, entre otras. Miembro del consejo rector de la Unión Nacional de Cooperativas de Crédito, de la cual fue vicepresidente segundo, es desde el año 2014 miembro del comité ejecutivo de la European Association of Co-operative Banks (EACB).

Caixa d’Enginyers es una entidad financiera cooperativa. ¿Qué implica ser banca cooperativa? 

Tal y como indica, como banca cooperativa, Caixa d’Enginyers es una entidad privada propiedad de sus socios, que son a la vez sus usuarios. El capital es de los usuarios, con lo que se elimina el conflicto de interés entre usuarios y accionistas que sí tienen otro tipo de entidades. Eso es lo que hace que la banca cooperativa, en general, tenga más elementos de proximidad y alineamiento de valores con sus clientes. Y es lo que explica que seamos entidades con niveles de estabilidad, solvencia y aversión al riesgo diferentes a otras. Si en esas entidades la prioridad del accionista es maximizar el valor de la acción, aquí es dar respuesta a las necesidades del socio.

El modelo de banca cooperativa es aquí minoritario, pero en otros lugares de Europa está mucho más extendido... 

Así es. En Alemania, el Grupo BVR, la segunda entidad financiera después del Deutsche Bank, es cooperativa. En Francia, el 60% del mercado es cooperativo, con entidades como Crédit Agricole. En Holanda está Rabobank, también cooperativo... Hay todo un movimiento social detrás, que está relacionado con una reflexión que hace el premio Nobel de Economía Amartya Sen, que se pregunta por qué el dinero es tan controvertido y ha de tener ese estigma negativo, cuando es un elemento tan útil para el desarrollo económico y humano. 

Algo que conecta con la función social de nuestro desaparecido ecosistema de cajas de ahorros. ¿Caixa d’Enginyers quedó al margen del baile de fusiones y adquisiciones por haber sido cooperativa? 

Son muchos factores. Está la cuestión de la mirada, que es distinta en nuestro caso, como banca cooperativa. En todo ese proceso de concentración del sector y desaparición de las cajas de ahorro, nuestra mirada siempre estuvo en qué necesitaban nuestros socios y qué servicios había que tener implementados en la entidad para ello. Es por eso que, partiendo de una estructura de la entidad muy sólida, en ese momento no teníamos las debilidades que mucha parte del sector tenía: no habíamos invertido en productos subprime, no teníamos exposición inmobiliaria, no teníamos activos sobrevalorados... 

En la crisis de 2008, eso sin duda era una buena posición de partida... 

Tras la quiebra de Lehman Brothers y la crisis financiera de 2008, aquí en España ninguna entidad cooperativa ha necesitado dinero público. Eso tiene sus razones. En nuestro caso, siempre en base a dos palancas: calidad de activos y posiciones de liquidez. En Caixa d’Enginyers siempre hemos dado mucho crédito, pero lo hemos hecho responsablemente, con créditos viables en los que el socio tenga la capacidad de devolverlos. Porque el impago es un problema no solo para la entidad, sino sobre todo para la persona. Por desgracia, durante muchos años, en el sector hubo inflación de activos y sobrevaloración de activos que no eran consistentes. La otra palanca, después de la calidad de los activos, es la liquidez.

Tener liquidez evita ser rescatado o fusionado. ¿Era eso? 

Tener liquidez es fundamental para una entidad bancaria, sí. Y por eso, en nuestro caso, la capacidad de resistencia de Caixa d’Enginyers ante una crisis de liquidez va más allá de un año, porque el fin último es proteger al socio.

¿Por qué piensa que tantas cajas de ahorro olvidaron esos principios?  

Es clave el concepto de la gobernanza. Una cosa que explica la crisis de las cajas es una gobernanza no todo lo sólida o alineada que tenía que ser. En la banca cooperativa, el socio participa en la asamblea y es quien toma las decisiones, tras lo cual el consejo rector es quien lo liga, y supervisa que los ejecutivos estén bien alineados con lo que quiere la asamblea. Es una gobernanza muy intensa, que baja hasta abajo de todo, porque cada socio es importante. Aquí, cuando un socio se queja es un drama; no es como cuando un cliente se queja a su banco.

O a su caja de ahorros... 

Ese es el problema que tuvieron las cajas de ahorros. Las cooperativas de crédito somos entidades que funcionamos gracias al capital aportado por los socios, pero en las cajas no había nadie que tuviese exposición de capital. Yo creo que si las cajas se hubiesen reconvertido en cooperativas, el 50% del sector bancario español ahora sería cooperativo. Además, tendríamos una diversidad de negocio muy positiva, porque la biodiversidad aporta riqueza, y en el ámbito financiero ayuda a la estabilidad financiera.

¿Llegará la banca cooperativa algún día a ese 50%? 

En Europa, las cooperativas de crédito tenemos un 22% de la cuota de mercado, mientras que en España estamos alrededor de un 10%, Pero, desde el inicio de la crisis financiera de 2008, esa tasa ha subido en cuatro puntos.

¿Se limita todo a la gobernanza o pesa también la función social? 

Como cooperativa de crédito y entidad de economía social, un 10% de los beneficios de Caixa d’Enginyers van destinados al Fondo de Educación y Promoción Cooperativo, dedicado a la mejora social, la formación y la reducción de la exclusión social. Junto a eso, tenemos la Fundació Caixa d’Enginyers, dotada con un presupuesto anual de 500.000 euros, donde trabajamos en tres grandes ámbitos: la sostenibilidad, la exclusión social y el talento, en este último caso con acuerdos con universidades.

Lleva usted el símbolo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU en la solapa... 

La sostenibilidad es una de las grandes líneas que tenemos. Una de nuestras características es nuestra fuerte apuesta por la inversión socialmente responsable y la valoración de las empresas a las que concedemos crédito por su impacto ambiental y social. Hoy, un 75% de nuestro portfolio de fondos sigue criterios ESG [Ambientales, Sociales y de Gobernanza]. Es un campo donde  estamos haciendo un trabajo muy importante. 

Caixa d’Enginyers es hoy la primera entidad financiera con sede social en Catalunya. ¿Seguirá siendo así? ¿La veremos inmersa en algún proceso de concentración? 

Es evidente que somos la única entidad que tiene la sede en Barcelona, y estamos muy orgullosos de haberla mantenido y de mantenerla en el tiempo. Respecto a los procesos de concentración, hemos visto posibilidades, pero no les hemos dado valor. Una de las razones es que somos una entidad que está creciendo a doble dígito año tras año, cuando el sector en su conjunto está disminuyendo. Tenemos un crecimiento orgánico que nos permite mirar al futuro. 

¿Hacia dónde se encara ese futuro? 

Caixa d’Enginyers se fundó en Catalunya en el año 1967. En 1998 se abrió la primera oficina en Madrid, que era la oficina número tres de la entidad. Y seguimos abriendo oficinas en España durante los primeros años de este siglo. En los últimos años, y sobre todo a partir de octubre de 2017, hemos reforzado la apertura de oficinas en Catalunya porque hemos tenido mucha demanda por parte de la población, con una alta recomendación entre la gente a raíz de que no movimos la sede social, y eso generó un interés sobre una entidad que se comportaba de forma distinta a las otras. Pero nosotros somos de cada socio: un 78% de nuestros socios están en Catalunya y el otro 22% en el resto de España, y vamos a seguir creciendo en todas partes. Eso sí, con algunas diferencias: en Catalunya, y a partir de lo que le comentaba, tenemos una presencia más de banca retail, mientras que en el resto de España nuestro perfil es más de cooperativa profesional. 

¿Dejó de ser Caixa d’Enginyers una entidad limitada a ingenieros y profesionales? 

Somos una entidad abierta, que ha ido evolucionando. Los primeros socios eran ingenieros industriales del colegio, después se sumaron sus familiares, luego otros profesionales... y poco a poco se ha ido abriendo. Tenemos unas raíces, que son los ingenieros, y somos una banca de profesionales, pero por ejemplo desde el año 2014, a raíz de la crisis financiera, somos también banca para empresas. Damos servicio a empresas, familias, administraciones públicas... es una entidad absolutamente abierta, y ha sido un proceso evolutivo natural.

Llegaron a la Gran Recesión de 2008 sin prestar servicios a empresas. ¿Ha llegado su entidad a la crisis de la Covid-19 preparada para gestionar créditos ICO y fondos Next Generation EU? 

Sí. En créditos ICO, por ejemplo, tuvimos un nivel de actividad muy importante, cubriendo y sobrecubriendo la cuota que se nos había asignado, y con un nivel de incidencias en morosidad por esta actividad que, en nuestro caso, es bajísimo. Con los fondos Next Generation EU, tenemos un acuerdo con una consultora para facilitar a nuestros socios servicios para acceder a programas de financiación europeos y apoyarles en la presentación de proyectos. Tenemos gente en la casa para estructurar estas iniciativas, pero esto está yendo más lento de lo que estaba previsto y sería deseable.

En la demarcación de Tarragona, cuentan con una oficina en la ciudad de Tarragona. ¿Van a seguir expandiendo su red? 

Durante todos los años de existencia de Caixa d’Enginyers hemos seguido abriendo oficinas, aunque siempre hemos sido una entidad con pocas oficinas. Recuerdo que en el año 2004 o 2005, Caixa Manlleu, que entonces tenía unas dimensiones similares a las nuestras, contaba con 100 oficinas. ¡Nosotros teníamos siete! La razón es que siempre habíamos apostado por Internet y por la banca digital, y seguimos haciéndolo. Aunque hoy tenemos 32 oficinas, son esencialmente centros de asesoramiento, no son oficinas operativas tradicionales. Pero tenemos espacio para abrir y seguir abriendo oficinas, porque entendemos que la presencia física y el concepto de equipo profesional de proximidad es importante para tener presencia en el territorio. 

¿Eso implica la apertura de una oficina en Reus? 

No descarto en absoluto una oficina en Reus. No puedo decir cuándo, pero es una plaza que está dentro de las previsiones. Le diría que es una cuestión de trimestres.

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