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Josep Oliver: "No volveremos a ver un colapso económico como el que hemos visto, ni pensarlo"

Catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y director del Anuari Econòmic Comarcal BBVA

Rafael Servent

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Guillem Martínez consiguió un doblete frente al Terrassa y suma ya cuatro goles esta temporada. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Guillem Martínez consiguió un doblete frente al Terrassa y suma ya cuatro goles esta temporada. FOTO: FABIÁN ACIDRES

La Comisión Europea ha vuelto a rebajar las previsiones de crecimiento económico de España. ¿Va a ser la última rebaja?
Pienso que sí. Todas las previsiones, incluidas las de la Comisión Europea, han ido incorporando las tensiones en Oriente Medio, la probabilidad de un Brexit duro... Todo esto son nubes que se han ido consolidando, y que ahora parece que empiezan a despejarse. El Brexit duro parece que no será, la situación chino-americana se relaja y la política de subir tipos de interés por parte del Banco Central Europeo se pospone.

¿Tipos bajos para rato?
La suma de la relajación exterior y la acción decidida del BCE definen un elemento de tope de crecimiento mínimo que te aísla de choques exteriores de más intensidad.

¿Va a mantener Christine Lagarde, como nueva presidenta del BCE, la línea de Mario Draghi?
Yo creo que no hay un cambio respecto a Draghi. Y a eso se le suma la posición de Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de Finanzas, que hace poco defendía poner en marcha en breve un mecanismo único de depósitos bancarios en la Eurozona, lo que conocemos como la Unión Bancaria. Eso tendría mucha potencia.

¿Por qué?
Es romper un aspecto crítico. Uno de los problemas que tenemos es la imposibilidad de compartir riesgos en la Unión Europea. Está en el Tratado de Maastricht, que en esencia dice que cada país se tiene que salvar solo. El riesgo, si tú te lo generas, tú te lo comes. Y si te ayudo, pondré condiciones muy duras. Pero con la Unión Bancaria ponemos en marcha un mecanismo común, compartimos riesgos. Si tú pones fondos mancomunados y lo que explota es un banco alemán, lo compartes. Rompes con una cosa sacrosanta entre los alemanes, que es el hecho de que cada cuál aguante su vela. 

No habrán cambiado de idea porque ahora vaya a tocar rescatar bancos alemanes, ¿no?
No creo que vaya por aquí la cosa. El cambio de visión de Alemania pienso que está más bien relacionado con el Brexit. «Con la marcha del Reino Unido, quizás que avancemos», habrán pensado. Y la Unión Bancaria es un paso adelante muy importante.

En todo caso, la economía alemana no pasa por su mejor momento. ¿Va a ser un problema?
Alemania tiene un sector exportador importante, que ha sufrido por un lado el efecto derivado del escándalo de las emisiones NOx de vehículos, y que ha afectado a las exportaciones de la industria automovilística...

El ‘dieselgate’.
Sí. Pero esto ya ha cambiado, y es de esperar que sus efectos en parte del sector del automóvil alemán vayan desapareciendo. Quedan dos factores más. El primero es el conflicto China-EEUU y la desaceleración de China. Parece que se estabiliza. En último lugar está la relación con el Reino Unido, que en términos industriales es una relación muy importante, y estaba afectando a las inversiones.

A causa del Brexit. ¿Cómo está afectando ahora?
Una cosa es un Brexit duro y otra uno blando, como parece ahora que será, con un acuerdo para los próximos 15 años. Lentamente se están despejando las nubes que sobrevolaban la industria alemana. Por otro lado, el sector servicios está en máximos, con la tasa de desempleo más baja de los últimos 50 años. Aunque, a nosotros, lo que nos interesa es que sea la industria la que crezca.

Esa terciarización también alcanza a las comarcas de Tarragona. ¿Debería preocuparnos?
En la medida en que refleja una bajada del peso de la construcción desde unos niveles que no debería haber alcanzado nunca, es bueno. Luego, encontramos una industria de bajo valor añadido que también desaparece. Como combinación, es algo positivo. Pero desde el punto de vista de la reducción de la industria, no lo es. Si en el año 2000 la industria proporcionaba entre un 28% y un 29% de la ocupación de Catalunya, ahora es de entre un 16% y un 17%.

Y eso es un problema...
En efecto. Convendría seguir aumentando esa tasa, porque la industria arrastra más valor añadido de servicios y logística. Desde este punto de vista, la terciarización no sería algo tan positivo. Si los servicios tuviesen dos o tres puntos menos y la industria dos o tres más, eso sería más positivo.

También dentro del sector terciario hay cambios. Un trasvase de ocupación desde el comercio tradicional al comercio electrónico, con más logística, transporte... ¿Ganamos algo?

Lamentablemente estamos sustituyendo el bajo valor añadido de un sector por el bajo valor añadido de otro. ¿Cuál será la respuesta a eso? Una mejora de la productividad por persona ocupada. En el comercio lo veo más fácil que en el transporte.

¿Cómo?
Claramente, en el comercio habrá una respuesta, si no la está habiendo ya. El ejemplo son las tiendas automatizadas de Amazon.

Nadie discute ya la desaceleración global. ¿Le preocupa?
No. Los fundamentos que nos llevaron al gran colapso, con un gran endeudamiento de la banca con el exterior y, a nivel interno, un gran endeudamiento de familias y empresas, esto se ha limpiado. Volver a ver un colapso como el que hemos visto, ni pensarlo. 

¿Por qué?
Ahora llevamos siete años seguidos con superávit exterior. Es algo que no se había visto nunca. Y lo estamos sosteniendo desde el año 2013. Eso significa que tu economía ha cambiado estructuralmente, que eres más competitivo, con más valor añadido por persona. Añádale un BCE dispuesto a salir al rescate si la cosa se pone fea.

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