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Economía ENTREVISTA

Katharine D’amico: "Recuerda que la presentación eres tú, no el Power Point"

Mentora y profesora de la escuela de negocios Esade, especializada en áreas de discurso corporativo

Rafael Servent

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Katharine D’Amico durante su charla. FOTO: Alba Mariné

Katharine D’Amico durante su charla. FOTO: Alba Mariné

¿Cómo de relevante es hoy comunicar bien?
Todo el mundo dice que la comunicación es una soft skill, como un extra que te hace ser más competitivo, pero la realidad es que es la única competencia que nos hará realmente competitivos.

¿Por qué?
En un organigrama de empresa, la autoridad está marcada allí. Pero la autoridad real en la organización viene dada por la comunicación. No importa qué posición ocupes: las personas que recordamos son las que hablan.

Para bien... ¿y para mal?
También. La percepción de competencias es con la gente que comunica. Es cuando comunicamos que nuestras ideas se destacan. Y no hablo de contenidos: la gente se apoya mucho en los contenidos, pero la comunicación no tiene nada que ver con eso.

No va de ser un artista del Power Point...
Nada que ver. Si tienes el mensaje claro, no necesitas Power Point. No necesitas volcar contenido en una diapositiva. Comunicar no es leer un Power Point, está claro.

¿Y qué es?
No estoy diciendo que el contenido no sea importante, que quede claro. Pero si hablamos de impacto, deja el contenido a un lado. Se trata de cómo transmitimos ese contenido. La gente se apoya demasiado en el contenido y no se detiene lo suficiente en cómo transmitir. Los mejores presentadores, presentan muy simple. Pensamos que poner más contenido es ser más profesional, y es un error. Pensamos que extraer las emociones de una presentación es ser más profesional, y no.

No todo el mundo se siente cómodo arrancando su presentación con un chiste o pidiendo que levanten la mano... 
¡Es que yo no estoy diciendo que tengas que hablar como los americanos! No tienes que contar chistes porque piensas que es la manera, claro que no. Se trata de comunicar un mensaje con convicción, usando la voz, el lenguaje corporal. Si alguien está convencido de lo que dice, puede transmitirlo a la audiencia. Y eso es más seguro que memorizar una presentación.

Igual no hablamos como los americanos porque nuestro sistema educativo no incentiva la oratoria, y el suyo sí.
El sistema educativo influye, y es cierto que en EEUU o Canadá la comunicación es algo que se trabaja desde la escuela primaria. En el sistema norteamericano, desde muy pequeños se acostumbra a los alumnos a que no tengan tanta dependencia del rol del profesor, a sentirse cómodos con la ambigüedad y a hablar mucho en público. Es algo muy americano, sí. Dicho esto, hay aquí una sensación de inferioridad que no entiendo. 

¿Por qué?
Ernesto Sirolli explicaba en un Ted Talk que, en una ocasión, acompañó a una pareja americana por Europa. Iban en tren. A las doce del mediodía, esa pareja sacó sus bocadillos en silencio, los desenvolvió en silencio y se los comió sin hacer ruido, todo muy respetuoso. Media hora después, todos los italianos del tren sacaron su comida, empezaron a compartirla y a charlar animadamente. Pues lo que Sirolli dijo es que «los buenos presentadores hablan como los italianos comen».

¿Está de acuerdo?
Lo estoy. Si la idea no se conecta con nada de valor o con una creencia de cómo soy yo, es muy pobre. La cuestión es que nos gusta mucho la certidumbre. Pero si quieres cambiar, has de estar preparado para sentirte incómodo. Y si siempre haces lo que has hecho, no cambiarás nunca. Es un proceso, y es distinto.

A riesgo de convertirnos en un presentador entusiasta que se ha pasado de motivado...
Por eso no has de intentar cambiarlo todo de golpe. Céntrate en una cosa o dos. Pero hazlo. Porque si no quieres hacer nada por esos miedos, y quieres seguir haciendo lo mismo que siempre, corres el riesgo de no ser competitivo. No lo hagas todo de golpe. Cometerás errores, pero la gente suele ser muy comprensiva, no son tan críticos como piensas. Crear impacto es un proceso, y toda la gente tiene miedo, pero has de ser capaz de correr ese riesgo.

Alguien decide dar el paso. ¿Por dónde empieza?
Tres ideas. Número uno: simplificar la presentación y los mensajes. Algo simple es más recordado. Simplificar, por ejemplo, las imágenes, para que cada diapositiva pueda ser entendida en tres segundos, y recordar que la presentación eres tú, no el Power Point.

¿Número dos...?
Número dos: recordar que cuando hablas no tienes que llenar cada segundo con ruido y palabras. Con saturación no harás entender el mensaje. Tercera idea: recordar que el lenguaje corporal y la voz son el arma de influencia más potente que tienes. Si yo digo una cosa con convicción, se nota en la voz siempre. Piensa en la intención de tu mensaje y que suene natural, no memorizado. Y eso es lo que lleva a que nuestro lenguaje corporal sea más natural.

¿Y cómo se suena ‘natural’?
Pues para que suene natural has de practicarlo mucho. No imites a otros. No limites tu lenguaje. Tienes que buscar la autenticidad, que sea real, que seas tú, y así te sentirás más cómodo. Practicar y practicar. Las cosas siempre son difíciles antes de que sean fáciles.

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