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Kombucha viajera

Tras regresar de EEUU, Mireia y Javier llevan menos de un año al frente del obrador de Alcover en el que elaboran su Kombucha La Valiente, un refresco a base de té fermentado 

Rafael Servent

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Mireia Mas y Javier Ortega (con un kit de iniciación a la kombucha), junto a algunos de sus productos. Foto: Alba Mariné

Mireia Mas y Javier Ortega (con un kit de iniciación a la kombucha), junto a algunos de sus productos. Foto: Alba Mariné

La kombucha es un refresco probiótico a base de té fermentado que lleva milenios consumiéndose en Asia, pero que por aquí apenas acaba de llegar. En el caso de Kombucha La Valiente, el proyecto que Mireia Mas (Igualada, 32 años) y Javier Ortega (Madrid, 41) pusieron en marcha hace menos de un año en Alcover, su kombucha llegó directamente de los EEUU. Para ser precisos, lo hizo la SCOBY (colonia simbiótica de bacterias y levaduras, en sus siglas en inglés) que se necesita para fermentar el té y convertirlo en kombucha.

¿Por qué traerse unas bacterias desde tan lejos, y precisamente desde EEUU? En primer lugar, porque allí pasaron los dos últimos años Mireia y Javier, buscando nuevas oportunidades después de una buena temporada sin empleo estable en el sector del cine, donde trabajaban como técnicos en Barcelona. En Hawái descubrieron la kombucha y alumbraron la idea de que, si al regresar a Europa seguían sin poder trabajar de lo suyo, siempre podrían montar un obrador de kombucha como opción de vida. Hace un año y medio, «el Plan B se convirtió en Plan A», explica Mireia.

Traerse la ‘masa madre’ desde EEUU tiene también su explicación: no se puede crear desde cero. Ha de ser un fragmento de alguna ya existente, «y nosotros queríamos una ‘masa madre’ de buena procedencia», cuenta Javier. Con un pedacito de SCOBY comprado en California, empezaron a experimentar y hacer crecer una colonia propia de bacterias y levadura en su casa de L’Albiol, en un primer depósito de 150 litros.

"Hacemos menos litros, pero con más amor" (Mireia Mas)

Con un préstamo de sus familiares y una inversión de 60.000 euros, estrenaron un obrador de 200 metros cuadrados en Alcover, donde hoy producen unos 1.000 litros al mes de este refresco al que se le atribuyen propiedades que ayudan a regenerar la flora intestinal, mejorar la digestión o reforzar las defensas. «Es una producción muy pequeña comparada con la de otros -admite Mireia-, pero nosotros no sólo pensamos en números; hacemos menos litros, pero con más amor».

En seis meses esperan llegar a duplicar esa producción, para pasar a unos 3.000 litros en un año, y ampliar el radio de distribución de su producto, que hoy llega a siete tiendas especializadas, la mayoría en el Camp de Tarragona, y en menor medida en Barcelona, además de Tàrrega.

Fruta orgánica
Tras la fermentación en depósitos de acero inoxidable durante un periodo que va de las dos a las cuatro semanas, Kombucha La Valiente añade al fermentado zumo de frutas prensado en frío y pone en marcha una segunda fermentación de dos semanas en botella, que le da al refresco un punto de gas. Limón y jengibre, frambuesa y arándanos o zanahoria y naranja son los tres sabores que hoy componen sus refrescos, con precios de venta final de 5,5 euros para una botella de medio litro y de 9 euros para la de un litro.

Los envases, siempre de cristal, son retornables. La elaboración es artesanal, con materias primas ecológicas y de comercio justo. Cuentan también con kombucha en barril y alquiler de tiradores para su venta a granel, así como kits de iniciación a la elaboración de kombucha casera. La huella de carbono o la sostenibilidad forman parte de sus prioridades. No en vano, «nuestro ídolo es el Capità Enciam». Ese superhéroe ecologista de TV3 que nos contaba que «els petits canvis són poderosos».

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