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La artesanía en papel que ilumina

Desde Marçà, en el Priorat, este artista llena los mercados y ferias con creaciones únicas 

Joann Boronat

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Las grandes posibilidades del papel, como materia prima, se manifiestan en manos de maestros artesanos como Eladio Redondo. De origen conquense residió en Tarragona, pero hace cosa de dos décadas se trasladó a vivir a la pequeña y pintoresca localidad prioratina de Marçà. Este emprendedor se inició fabricando papel a mano y encuadernando libretas, pero casi al mismo tiempo se introdujo en el terreno de la iluminación, y son precisamente las lámparas el elemento fundamental y base de su creación.

Eladio Redondo asegura que «el hecho de vivir en Marçà, el paisaje de la comarca y su atmósfera alientan a menudo mi inspiración». Una inspiración que se plasma sobre el papel, en elementos decorativos y útiles, pero también en la vertiente literaria. Redondo se define como «artesano y fabulador ocasional».

Para darse cuenta de la ambivalencia del personaje basta entrar en su blog Herméticamente recto y echar una ojeada al catálogo de productos creados en su taller, intercalados con fragmentos y textos literarios del propio autor, muy aficionado a la lectura y a la escritura.
Amplitud en modelos en lámparas, tanto de techo como de mesa y apliques, sin olvidar los relojes de mesa y de pared o los espejos; pero en el área de papelería Redondo incorpora últimamente «objetos poco habituales en talleres similares, intentando ofrecer productos con personalidad creativa y funcional». De ahí una interminable  lista de artículos como papeleras, libretas, diarios, estuches, cajas de música, álbumes y marcos para fotos, armaritos para llaves, posavasos...

Creación en serie, Redondo fabrica lámparas, pero también libretas, estuches, marcos, posavasos...

Las líneas de comercialización de todos estos productos no son otras que algunas ferias como la de Navidad celebrada recientemente en la Rambla de Tarragona y alguna otra de similar, «siempre de larga duración, por la complejidad del transporte de elementos tan delicados, para evitar trasiegos», subraya Eladio. 

Este artesano autodidacta dispuso de tienda propia en Torotsa, que cerró hace un par de años, y tan solo algunos comercios especializados venden sus obras. No obstante, las ventas mayoritariamente se canalizan a través del contacto directo o a través de Internet «para formalizar encargos», afirma Eladio. Ésta es la principal fuente de ingresos «de un modesto negocio, que me permite vivir, eso sí, sin lujos y administrando bien los  modestos beneficios», comenta Redondo.

El creativo admite que, por lo general, «el artesano carece de mentalidad competitiva», pero lamenta que «la artesanía sea infravalorada y poco reconocida por la sociedad». Pero hace lo que le gusta. Lo explica en una de sus reflexiones, que titula como De lo artesano: «El trabajo en el taller es por lo general gratificante. La monotonía de cortar, pegar, coser o ensamblar, encierra un pausado ritmo a modo de mantra que facilita la reflexión tranquila y el plácido fluir de la memoria».

«En la fase previa, cuando hierven las ideas y la imaginación dispara sus ambiciones, el estímulo de la creatividad procura sentimientos y emociones sobre los que el trabajo del artesano encuentra un segundo fundamento a su bienestar. Entre una fase y otra no hay pausas, las ideas no pueden esperar, no deben esperar, no saben esperar... Y así como el arte sublima la materia para hacerla menos alcanzable, la artesanía opera su transformación para convertirla en necesaria».

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