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La automatización laboral, ¿oportunidad o amenaza?

La revolución tecnológica abre nuevas posibilidades económicas y técnicas, pero también incógnitas sobre si sabremos adaptarnos al cambio y a las nuevas maneras de trabajar

Joan Morales

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El teletrabajo ha irrumpido con fuerza por culpa de la pandemia del coronavirus.  FOTO: Pere Ferré/DT

El teletrabajo ha irrumpido con fuerza por culpa de la pandemia del coronavirus. FOTO: Pere Ferré/DT

El Foro Económico Mundial emitía un informe a finales de enero, durante la cumbre telemática, en el que analizaba los trabajos del futuro, centrándose en un potencial y en el efecto que causarán las nuevas tecnologías en el mundo laboral.

Del informe destacaba el hecho de que solo unas pocas empresas están apostando verdaderamente por anticiparse a la ‘cuarta revolución industrial’ (sistemas ciberfísicos, el internet de las cosas, computación en la nube, etc.) y serán estas las que puedan sobrevivir a los cambios que están por venir. Para el Foro Económico Mundial la solución no pasa por fichar nuevos trabajadores, sino que las empresas tienen que formar a sus plantillas ante los desafíos que se avecinan.

Por eso, en este mismo informe se señalaban habilidades y trabajos que, a partir de 2022, serán más demandadas, y que capaciten a los trabajadores y, en ningún caso, sean fácilmente substituibles por máquinas u ordenadores. Es decir, habilidades puramente humanas como creatividad, originalidad, iniciativa o pensamiento crítico.

«Hay que apostar porque las máquinas hagan los trabajos más mecánicos y nosotros los más creativos»

Pero, ¿verdaderamente estamos preparados, como sociedad, ante las nuevas relaciones laborales que nos esperan? Si las máquinas hacen mejor y más rápido muchas tareas, ¿qué nos quedará a nosotros? ¿Se perderán muchos puestos de trabajo? ¿Debemos temer a la automatización en el trabajo y a esta nueva revolución tecnológica?

El Diari ha intentado dar respuesta a estas y otras preguntas dando voz a dos expertos en la materia: Robert Sala, profesor de Prehistoria de la URV y director del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), y Pere Fibla, profesor asociado de Ingeniería Electrónica, Eléctrica y Automática de la URV.

Sala tiene claro que «la tecnología siempre ha sido una herramienta que nos ha permitido modificar nuestra relación con el mundo y conseguir avances en todas las dimensiones del campo humano. Desde su primer uso, para la consecución de recursos alimentarios, hasta la escritura, pasando por la construcción de viviendas o la transformación de alimentos».

«Tiene que existir una apuesta social por formar a los jóvenes en estas cualidades»

Ahora, en plena ‘cuarta revolución industrial, este profesor de Prehistoria asegura que «nos tendremos que adaptar a esta automatización laboral y es evidente que las máquinas quitan puestos de trabajo. El ejemplo lo tenemos en un supermercado, donde hay cajas en las que el cliente puede pagar y no necesita a un trabajador que le cobre. En los siglos XIX y XX ya hubo una gran oposición social a la introducción de las máquinas y ahora lo que tenemos que hacer es apostar porque estas máquinas hagan los trabajos más duros, más mecánicos, y nosotros aquellos más creativos».

Formación

Por último, Robert Sala tiene muy claro que la formación es básica. «Tiene que existir una apuesta social por formar a los jóvenes en estas cualidades, con la creatividad como referente. El problema es que nuestro país está basado en trabajos de baja calidad, pero tendremos que apostar por lo primero».

Respecto al dilema de si las empresas tienen que apostar por nuevos perfiles profesionales o formar y aprovechar el talento que ya tienen, Pere Fibla comenta que «todo es relativo. Tendríamos que definir bien qué significa talento. Opino que el éxito está en encontrar el equilibrio y esto es difícil. Ahora hay una tendencia a desprestigiar el talento senior. Es más económico contratar un perfil junior porque empieza en un entorno salarial bajo. Los jóvenes tienen que introducirse en el mercado laboral y, por lo tanto, tienen que aceptarlo. Y si los sistemas están digitalizados y automatizados seguramente que el rendimiento será mejor».

Para este profesor de Ingeniería Electrónica, Eléctrica y Automática «el talento no se gestiona bien, o simplemente no se gestiona. Y no se invierte en formación. Lo que se hace, mayoritariamente, es consumir las bonificaciones de la formación».

«Todo aquel trabajo donde el ser humano no sea un factor diferencial respectoa las máquinas será sustituido por una de ellas»

Fibla vuelve a echar mano de la relatividad para valorar si tenemos que ver la automatización laboral como algo positivo o negativo. «Me gustaría puntualizar que la automatización hace referencia a procesos. Desde la vertiente de la ingeniería hablaríamos, sobre todo, de producción», explica este profesor, quien añade que «las empresas están imperativamente obligadas a crecer y a mejorar para seguir existiendo. La automatización de cualquier proceso productivo es estrictamente necesaria en el entorno actual. Iría más allá y hablaría, además, de digitalizar los procesos».

Sobre la posibilidad de que peligren muchos puestos de trabajo, Pere Fibla admite que sí. «La pista que puedo dar es que todo aquel trabajo en el que el ser humano no sea un factor diferenciador respecto a las máquinas, y no aporte valor, en un plazo de tiempo –que podrá ser más o menos largo– será sustituido por una máquina o un software. Por ejemplo, el transporte y la logística ya están empezando a ver que la tecnología ha venido para quedarse». ¿Y cuáles serán los perfiles más demandados para hacer frente a esta revolución tecnológica? Pere Fibla tiene muy claro que aunque «ahora se hable mucho de los soft skills, de la creatividad, del pensamiento disruptivo, de los nómadas del conocimiento, de la proactividad, etc., para mí, lo que creo que todo el mundo quiere pero nadie se atreve a pedir es justo lo que siempre se ha necesitado. Una persona en la que se pueda confiar, que cumpla con las normas y las labores asignadas, que sepa relacionarse con los compañeros y trabajar en equipo, que tenga buena actitud... Y, a poder ser, que venga enseñada de serie, con mucha experiencia laboral y que se adapte al nivel salarial de la empresa».

Competir con las máquinas

Y si las máquinas hacen mejor nuestro trabajo, ¿qué nos queda a nosotros? Este profesor de la URV explica que «se generarán nuevos lugares de trabajo que ahora no nos podemos ni imaginar». Eso sí, «serán trabajos donde lo más importante será saber hacer las preguntas más oportunas y siempre relacionados con la tecnología. De momento, las máquinas saben responder pero no saben hacer preguntas». Fibla recuerda que «nosotros somos todavía seres primitivos. La tecnología nos lleva a un escenario y a un ritmo demasiado acelerado. Aún nos gusta escuchar historias, conectar con nuestra tribu, hacer cosas en común e intercambiar experiencias y emociones. Necesitamos amor y calor. Abrazar, reír, conectar con la naturaleza. Reservaremos estos espacios para nosotros».

Por último, Pere Fibla no cree que la pandemia haya acelerado las desigualdades en el acceso a las tecnologías. «Creo que no. Hay wifi en todas partes. Excepto alguna excepción, todos los adultos y casi todos los adolescentes tenemos un smartphone. Hemos perdido el miedo a comprar por internet, etc. Es más, en este tiempo se ha potenciado el uso de las herramientas digitales porque han sido el principal canal de comunicación y de entretenimiento».

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