La construcción se vuelca en la eficiencia energética

Las administraciones públicas, promotores y clientes cada vez están más sensibilizados frente a la necesidad de proteger el medio ambiente

Núria Roca

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La construcción se vuelca en la eficiencia energética

La construcción se vuelca en la eficiencia energética

El cambio climático es una realidad a la que, cada vez más, se tienen que enfrentar los gobiernos y las administraciones públicas competentes para tratar de mitigar sus efectos adversos para el planeta.

La preocupación por proteger el medio ambiente se está extendiendo en el ámbito público y también en los sectores privados. Este cambio de mentalidad ha conllevado la regulación de la legislación que afecta a muchos sectores, entre los que se encuentran el de la construcción, para edificar de una forma más sostenible promoviendo el ahorro energético.

Durante los últimos años, la atención se ha centrado en incentivar la construcción de edificios, viviendas e industrias de consumo de energía casi nulo. Pero, ¿en qué consiste la construcción enfocada a la eficiencia energética? ¿Cuál es su finalidad? ¿Cuáles son las tendencias actuales? ¿Qué son los certificados de eficiencia energética?

La construcción enfocada a la eficiencia energética consiste en optimizar los recursos para conseguir un ahorro real y eficaz del consumo, minimizando la emisión de partículas de CO2 a la atmósfera para conseguir el máximo confort. 

El consumo energético que puede conducir a una situación de confort viene determinado por el grosor de la fachada, por los cierres, por la iluminación (exterior y led), por el uso de energías renovables, etc. Y, todo ello, también viene influido por el clima y la situación geográfica.

Resulta obvio que una vivienda en Tarragona necesitará de una refrigeración mejor en verano que en invierno, al contrario que en Vielha, que tendrán que estar mejor climatizados para pasar el frío. Esto se consigue mediante la estandarización de los procesos de construcción y con la aplicación de unos parámetros cada vez más exigentes por lo que a la sostenibilidad se refiere.

Legislación y certificación

El 50% de las emisiones de CO2 en España provienen de la edificación. Por ello, se hace necesario legislar correctamente sobre la construcción para conseguir minimizar el impacto en el medioambiente por lo que a la eficiencia energética se refiere.

La legislación española recoge el procedimiento básico para la certificación de eficiencia energética de los edificios (tanto públicos como privados) teniendo en cuenta la directiva europea.

Por ello, desde el 31 de diciembre de 2018 todos los edificios públicos de nueva construcción tienen que cumplir con el estándar de consumo casi nulo, mientras que los privados tendrían que serlo el 31 de diciembre de 2020. Dicho procedimiento también incluye la rehabilitación de edificios a excepción de los que sean protegidos, lugares de culto, construcciones provisionales, entre otros.

El Código Técnico de la Edificación recoge los requisitos que hay que cumplir para conseguir una eficiencia energética de máxima calidad, por lo que se establece un sistema de certificación de eficiencia energética en el que tiene que aparecer, entre otra información, la descripción de las características energéticas del edificio: envolvente térmica, instalaciones térmicas y de iluminación, condiciones normales de funcionamiento y ocupación, condiciones de confort térmico, lumínico, calidad de aire interior... y tiene una validez máxima de diez años.

El certificado de eficiencia energética es un documento oficial que tiene que ser redactado por un técnico oficial y tiene que incluir información sobre las características energéticas de un edificio (producción de agua caliente, calefacción, iluminación, refrigeración y ventilación). La escala de calificación energética se estructura en siete niveles, a los que se les atribuyen las letras de la A a la G, siendo la A la más eficiente y la G la menos eficiente. Actualmente, la legislación obliga a presentar este certificado en los procesos de compraventa o alquiler.

Los edificios con calificación energética A requieren un buen diseño y orientación, instalaciones de poco consumo energético, un buen aislamiento de las fachadas y cubiertas y el uso de energías renovables.

Por contra, los edificios con una calificación energética G son poco eficientes, y suponen un gasto mucho mayor de calefacción, refrigeración y agua caliente. El ahorro energético de una vivienda de clase A es de un 40% o 50% al mes.

Marc Torrent, director general de la Associació de Promotors i Constructors d’Edificis de Catalunya (APCEC), explica que, «actualmente, cualquier edificio de nueva construcción ya tiene unos estándares muy elevados». No opina lo mismo Bruno Gutiérrez, vicepresidente de la Plataforma de Edificación Passivhaus, quien lamenta que la normativa española sea aún demasiado laxa: «hay que definir qué es un edificio con consumo casi nulo», por lo que «pedimos que se pongan las pilas» porque la normativa actual «es un parche para esquivar sanciones».

No obstante, lo cierto es que tanto las administraciones públicas como los promotores y también la ciudadanía se muestran «cada vez más sensibles» hacia la eficiencia energética en la construcción, señala Torrent.

El estándar Passivhaus

Durante los últimos años se ha ido implantado el modelo de construcción según los estándares Passivhaus. Un edificio o vivienda construidos con el estándar internacional Passivhaus garantiza que el consumo de energía sea casi nulo: permite un ahorro energético de hasta el 90% frente al consumo de una construcción convencional. 

El Passivhaus o, lo que es lo mismo, casa pasiva, es un modelo de construcción surgido en Alemania a principios de los años noventa y que durante los últimos años se ha hecho popular y se ha  extendido a todo el mundo. La edificación basada en este modelo consigue un mayor confort interior y un reducido consumo de energía a un precio asequible.

Gutiérrez explica que el estándar «se aplica según el sentido común» pero se sustenta sobre cinco principios básicos, convirtiéndose en el más estricto a nivel mundial. En este sentido, se tienen en cuenta: el aislamiento térmico, las ventanas y puertas de altas prestaciones, la ausencia de puentes térmicos, la hermeticidad al aire y la ventilación con recuperación de calor.

Todos estos elementos tienen que aplicarse de forma «simultánea»  para conseguir el máximo rendimiento y una rebaja significativa del consumo energético, sugiere Gutiérrez.

Así, la calificación en la cual se basa el estándar Passivhaus tiene en cuenta una demanda de calefacción inferior a los 15kWh/(m2a); una demanda de refrigeración inferior a los 15 kWh/(m2a); una demanda de energía primaria (calefacción, agua caliente y electricidad) inferior a los 120 kWh/(m2a); y una hermeticidad de 0,6 renovaciones de aire por hora.

El estándar Passivhaus se centra en la eficiencia energética y es un modelo reconocido internacionalmente. No obstante, aún hay nuevas vías que explorar. En la actualidad, los edificios Passivhaus pueden construirse con todo tipo de materiales: paja, arcilla, ladrillo, hormigón, madera, adobe, poliuretano, etc. Gutiérrez expresa que más allá del estándar energético también se podría tener en cuenta el material con el que se construye, más respetuoso con el medio ambiente y más sostenible, ejecutando construcciones a partir de materiales reciclados como los contenedores.

El estándar Passivhaus, que no es de implantación obligatoria, tiene un alcance de 110.000m2 en España, lo que permite dejar de emitir CO2 en el equivalente a lo que absorben 80.000 árboles.

Aunque los costes iniciales de apostar por una construcción según el estándar Passivhaus son mayores que los que implican una construcción convencional, lo cierto es que se amortizan al cabo de entre cinco y diez años dependiendo de si se trata de una obra de nueva construcción o de una rehabilitación, explica Gutiérrez.

También Torrent expresa que construir según los estándares de eficiencia energética que marca la normativa española supone un aumento de los costes y, por ello, recalca la necesidad de estimular este tipo de construcción: como por ejemplo, bonificando el impuesto de bienes inmuebles.

Nuevos retos: reducir y reciclar

El reto actual para el sector de la construcción es reducir residuos  Una de las posibles acciones es llegar a la preindustrialización de los edificios. Es decir, maximizar la fabricación fuera del sitio donde se vaya a construir, «como si se tratara de una planta de montaje», para que sólo haga falta trasladar los materiales y colocarlos. Esto «supondría maximizar controles y reducir errores en la ejecución», observa Torrent.

Asimismo, el sector de la construcción también se prepara para construir con materiales reciclados, que permiten reducir la emisión de partículas de CO2 a la atmósfera y minimizar el impacto medioambiental. El uso de materiales sostenibles para la construcción no es la alternativa escogida para la mayoría de consumidores, pero los más sensibles los tienen en cuenta. 

Las placas TAMOC proceden del reciclaje de moquetas, no se deforma, es muy resistente a la intemperie y es un buen aislante acústico y térmico. El uso de neumáticos y de botellas de plástico para suelos también son una alternativa ecológica, así como los residuos generados en la agricultura, fibras de madera procedente de la poda o de la limpieza de los bosques, vidrio reciclado...

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