La crisis de los chips

Europa descubre su dependencia de unas cadenas de suministro globales que ponen en riesgo industrias estratégicas

Rafael Servent

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La crisis de los chips

La crisis de los chips

Desde el lunes 27 de septiembre y hasta el 30 de junio de 2022, las plantas en Catalunya del fabricante de automóviles Seat estarán inmersas en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE). La medida llega después del cierre de la planta de Martorell el 6, 7 y 10 de septiembre como consecuencia directa de la escasez en el suministro global de semiconductores, que afecta a toda la industria del automóvil. La ‘crisis de los chips’ sacude de pleno a Europa, y sus efectos son bien visibles.

En julio se fabricaron 140.625 unidades de vehículos en España, lo que supone un 41% menos que en el mismo mes de 2020, ya en plena pandemia, y un 42,5% menos que en 2019.

Durante los ocho primeros meses de este año, la producción de vehículos en España se ha desplomado un 25,3% respecto al mismo periodo de 2019, el año previo a la pandemia, hasta un total de 1.414.240 unidades, según datos divulgados por la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac).

Los datos de julio son todavía más elocuentes, cuando se fabricaron 140.625 unidades de vehículos en España, lo que supone un 41% menos que en el mismo mes de 2020, ya en plena pandemia, y un 42,5% menos que en 2019.

Un semiconductor es un elemento (silicio, selenio...) con propiedades para conducir electricidad. Sus usos en aplicaciones industriales son múltiples, sobre todo en la fabricación de chips o circuitos integrados. Todos los sectores los usan, y el proceso de transformación digital ha incrementado su demanda.

La punta del iceberg
El frenazo en la fabricación de vehículos, sin embargo, es solo la punta del iceberg de todo lo que llega, y desvía el foco de una cuestión mucho más profunda: la dependencia europea en el suministro de materias primas y componentes esenciales.

Así lo reconoció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su Discurso sobre el Estado de la Unión, celebrado el pasado 15 de septiembre, cuando habló de «la importancia de invertir en nuestra soberanía tecnológica europea». En su comparecencia, Von der Leyen aseguró que «del sector digital depende nuestro éxito o fracaso», centrando su discurso en «los semiconductores, esos chips minúsculos que hacen que todo funcione, desde los teléfonos inteligentes y los patinetes eléctricos a los trenes o las fábricas inteligentes».

La industria se muestra preocupada por la fragilidad en la cadena global de suministro

«No hay sector digital sin los chips», recordó Von der Leyen, que alertó de que «en este preciso momento, líneas de producción enteras ya están funcionando a medio gas, a pesar de la creciente demanda, por la escasez de semiconductores». Tras lo cual, vino una constatación: «A pesar de que la demanda mundial se ha disparado, la cuota de Europa en toda la cadena de valor ha disminuido. Dependemos de los chips de vanguardia fabricados en Asia».

«No es solo una cuestión de nuestra competitividad -abundó-, sino también de soberanía tecnológica». Hecho el diagnóstico, prometió una nueva Ley Europea de Chips mediante la cual «coordinar las inversiones nacionales y de la UE a lo largo de la cadena de valor» y «crear conjuntamente un ecosistema de chips europeo de última generación, que incluya su fabricación, garantice nuestra seguridad de suministro y desarrolle nuevos mercados para una tecnología europea pionera».

En su reciente Discurso sobre el Estado de la Unión, celebrado el pasado 15 de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, manifestó su convicción en que «del sector digital depende nuestro éxito o fracaso» como Unión Europea, tras lo cual destacó «la importancia de invertir en nuestra soberanía tecnológica europea», con una serie de acciones encaminadas a «duplicar la inversión para moldear nuestra transformación digital de acuerdo con nuestras propias normas y valores». Con este objetivo, el instrumento extraordinario Next Generation EU y los fondos movilizados con él serán determinantes para encauzar esta soberanía tecnológica.

Preocupación en la industria
La constatación de la fragilidad de una industria europea sujeta a unas cadenas de suministro globales que pueden ponerla en aprietos cada vez con más frecuencia se extiende por el mundo de la empresa, en especial la industria, y organizaciones como Pimec han convocado ya de manera urgente esta semana jornadas para evaluar el impacto del incremento de precios en las materias primas y los costes del transporte en el tejido industrial.

Oriol Montanyà, director del departamento de Operaciones, Tecnología i Ciencia de la UPF Barcelona School of Management (UPF-BSM), experto en logística y cadenas de suministro, destaca que, «aunque los microchips tienen sus particularidades, ciertamente están afectados por una crisis global de suministros».

«Cuando empezó la pandemia -explica Montanyà-, el consumo de coches cayó mucho, y con ellos los componentes semiconductores como los chips. Entonces, los fabricantes de chips de Taiwan y Corea vieron cómo con los confinamientos surgía una gran demanda de electrónica de consumo (ordenadores, televisores...) y derivaron la producción hacia estos clientes que tenían más necesidad».

«Estas cadenas de suministro largas y sin apenas stock son muy frágiles y ponen en riesgo el acceso a bienes esenciales» (Oriol Montanyà, UPF-BSM)

«Finalmente -prosigue-, cuando el consumo repunta, los fabricantes de coches reactivan los pedidos de semiconductores, pero no se les puede satisfacer su demanda, y ahora tenemos un problema de escasez». Hasta aquí la punta del iceberg. Debajo, subyace algo mucho más grande: «Un problema global con una gran crisis en el transporte marítimo internacional, con efectos directos sobre nuestras vidas, porque el 90% de las cosas que consumimos en Europa vienen en barco. Y el sistema marítimo internacional de mercancías, con unos 60.000 barcos, ahora está colapsado porque la demanda supera la oferta, con un repunte en el consumo al cual las cadenas logísticas no pueden hacer frente».

Eso es lo que ha llevado a que, según este profesor de la UPF-BSM, por transportar un contenedor entre Shanghai y Barcelona hoy se estén pidiendo entre 13.000 y 15.000 dólares, cuando antes de la pandemia costaba unos 1.000 dólares.

En 2019, transportar un contenedor entre Shanghai y Barcelona costaba unos 1.000 dólares. Hoy se están pideindo hasta 13.000 dólares, un 1.200% más.

Desde el Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC), su presidente territorial en Tarragona, Miquel Àngel Fúster, muestra su preocupación: «Como que la demanda [de componentes y materias primas] es inelástica, hoy se están diciendo barbaridades en precios logísticos, pero es algo que forma parte de la crisis global de la cadena de suministro, que afecta a muchas cosas».

«Ha habido -explica Fúster- una parte de la demanda embalsada durante la pandemia que se ha reactivado, y eso no solo afecta a los microchips, sino que es extrapolable también a las materias primas. Esto afecta a los plásticos, a los cereales, el acero, el gas, el petróleo... si le añadimos los efectos del cambio climático y con el colapso en determinadas partes del mundo a consecuencia de las navieras, estamos compitiendo todos contra todos».

«Habrá relocalizaciones, porque no puedes estar así de expuesto» (Miquel Àngel Fúster, CEC en Tarragona)

Mercedes Teruel, directora de la Càtedra per al Foment de la Innovació Empresarial y coordinadora del Màster en Emprenedoria i Innovació de la Universitat Rovira i Virgili (URV), coincide en que la actual crisis de los microchips no solo afecta a empresas como Seat, sino también «a todas aquellas empresas que dependen de ellos, comenzando por un simple taller de recambios, donde una simple reparación puede quedar parada».

«A corto plazo -presagia Miquel Àngel Fúster, del CEC-, con esta inelasticidad de la demanda, esto no cambiará. Después, irá adaptándose, pero tiene difícil solución, porque si la demanda de productos finales continúa en ebullición, eso acaba repercutiendo en cascada en un alza de precios e inflación».

Un 90% de los productos que consumimos en Europa vienen en barco, en un momento de colapso del transporte marítimo internacional 

Las relocalizaciones industriales estratégicas, como las que apunta la Comisión Europea con los semiconductores, asoman en el horizonte a medio y largo plazo. «Pienso que sí que habrá relocalizaciones -reflexiona Miquel Àngel Fúster-, porque no puedes estar así de expuesto a la compra de microchips de Taiwan. Pero eso es algo que ya se demostró con las mascarillas [cuando estalló la pandemia global e Covid-19]. No podemos estar así de vendidos. Es necesario gestionar determinadas reservas estratégicas y, en el caso de cosas que no se puedan relocalizar, juntarnos como una central de compras a escala europea, para tener la capacidad necesaria».

En este punto, Mercedes Teruel, de la URV, destaca que «se están llevando a cabo medidas para asegurar esta producción. EEUU ya ha llevado a cabo alguna iniciativa, y Europa también está impulsando iniciativas. Es algo especialmente relevante, porque nos encontramos en un proceso de transformación digital. Es un tema estratégico».

«Se impulsarán las industrias que sean estratégicas para asegurar las cadenas de suministro» (Mercedes Teruel, URV)

«Pienso -sostiene Teruel- que se impulsarán las industrias que sean estratégicas para asegurar las cadenas de suministro, a la vez que se intentará que estas cadenas sean lo más cortas y cercanas posible. Más que un paso atrás es un cambio de los mercados. Si en lugar de a China compramos a un país del Este de Europa, la distancia será más corta».

Aquí está la clave de los cambios que se avecinan, en opinión de Oriol Montanyà, de la UPF-BSM. «A corto plazo -vaticina-, la cosa no mejorará, sino que incluso empeorará. Se acerca Black Friday, después Navidad, y el consumo en Occidente se dispara. Ahora hay que pasar el resfriado, y las empresas están buscando alternativas al transporte marítimo y al incremento de costes y precios en algunos productos».

La inminencia consumista del Black Friday y la cercana Navidad añaden presión

«A medio plazo -prosigue Montanyà-, se prevé que el sistema recupere la normalidad el año que viene y que eso permita dar un poco más de aire, aunque habrá empresas que no tendrán más remedio que repercutirlo en los precios».
«A largo plazo -concluye- es todo el debate que está habiendo, y que consiste en replantearse las cadenas de suministro. Ya fue un debate muy importante en pandemia, con las mascarillas y el gel hidroalcohólico, o con el incidente del barco Ever Given bloqueando el Canal de Suez. Ahora se repite con los chips, y se constata que estas cadenas de suministro largas y sin apenas stock son muy frágiles y pueden poner en riesgo el aprovisionamiento de bienes esenciales. Veremos un proceso de cierta relocalización y la Unión Europea lo fomentará, porque hoy, con la Industria 4.0, donde el peso de la mano de obra no es tan importante, puedes ubicar fábricas donde quieras».

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