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«La falta de ancho europeo resta competitividad»

El sector químico de Tarragona asegura que no disponer del Corredor Mediterráneo «penaliza» 
a su industria y reclama que el proyecto ferroviario se ponga en marcha sin más retrasos

J.D.

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José Luis Jiménez Lasheras es licenciado en Ciencias Químicas y Bioquímica. FOTO: DT

José Luis Jiménez Lasheras es licenciado en Ciencias Químicas y Bioquímica. FOTO: DT

José Luis Jiménez Lasheras (Tarragona, 1972) habla cuatro idiomas y tiene seis títulos universitarios -entre ellos, es licenciado en Ciencias Químicas y Bioquímica-. Preside la Comisión de Territorio de la Associació Empresarial Química de Tarragona (AEQT), cargo desde el que reclama la puesta en marcha del Corredor Mediterráneo, pues es «una necesidad inaplazable no solo para las empresas de nuestro sector sino para toda la economía del territorio».

La AEQT defiende a ultranza la llegada del Corredor Mediterráneo. ¿Por qué es tan importante esta infraestructura para el sector químico?

Para ser competitivos con respecto al resto del continente, con el que nuestras relaciones comerciales son continuas y decisivas en nuestra viabilidad. Entre otros aspectos, los costes de energía y de transportes deben ser óptimos y, para ello, debemos contar con las infraestructuras adecuadas en nuestro territorio para que Tarragona siga siendo el clúster químico más importante del sur de Europa. No hay que olvidar que más de la mitad de lo que se produce en los polígonos químicos de Tarragona –19,3 millones de toneladas en 2018-, se exporta.

¿Hay riesgo de que otras regiones del sur de Europa, como Italia o Grecia, lideren la entrada de mercancías ferroviarias desde Asia, vía canal de Suez, hacia el centro de Europa?

La localización geográfica de Tarragona es privilegiada si se compara con otros territorios del continente europeo, en cuanto a su ubicación estratégica. Sin entrar en casos específicos, es evidente que la ausencia de ancho europeo implica una pérdida severa de competitividad para nuestro territorio, también como puerta de entrada de mercancías, y eso favorece sin duda a otras zonas en las que no existen tales obstáculos. No disponer aún del Corredor del Mediterráneo penaliza a la industria química de forma doble.

¿A qué se refiere?

Primero, porque el transporte de mercancías vía ferrocarril es más barato y limpio que otras vías de transporte. No parece razonable que la cuota de tráfico de mercancías por ferrocarril entre países vecinos como Francia e Italia sea del 11%, cuando entre Francia y España es sólo del 5%. Es obvio que tenemos oportunidad de mejora. Además, se ha calculado que el impacto medioambiental de no disponer del Corredor del Mediterráneo asciende a 900.000 toneladas de CO2 al año, lo que equivaldría a tener 130.000 coches dando la vuelta al mundo. Segundo, porque el cambio de ancho de vía encarece dicho transporte, en la operación propiamente dicha y en el tiempo que requiere.

Según las últimas previsiones, la conexión ferroviaria entre Tarragona y la frontera francesa se pondrá en marcha a finales de 2021.

Tenemos la esperanza de que en esta ocasión no surjan nuevos imprevistos que impliquen una nueva dilación de la puesta en marcha, porque se trata de una necesidad inaplazable no solo para las empresas de nuestro sector sino para toda la economía del territorio. Se trata de un perjuicio difícil de comprender a estas alturas, especialmente cuando su resolución y su urgencia se vienen reclamando desde hace años -e incluso décadas- desde múltiples frentes. Casi se diría que existe consenso absoluto respecto a su pertinencia, pero seguimos sin disponer de él.

No termina de arrancar.

El trazado del Corredor Mediterráneo en España abarca a cuatro Comunidades Autónomas que implican el 50% de la población, el 45 % del PIB, el 47% del tejido productivo, el 46% del empleo, el 51% de las exportaciones y el 63% del tráfico de mercancías portuarias de la nación. Disponer de esta infraestructura a pleno rendimiento supondrá un salto cualitativo para la economía de España en general, y la de Catalunya y, concretamente la de Tarragona, en particular.

La A-27 también abrirá otra vía al sector químico.

Se trata de una infraestructura importante no solo para las empresas del sector químico, sino para el territorio en general, porque ofrecerá una salida más rápida y directa de las mercancías hacia el interior de la península, lo cual redundará sin duda en nuestra competitividad. Se está ejecutando el tramo entre Valls y Montblanc, que sin duda es el tramo más delicado porque implica la construcción de un túnel en el Coll de Lilla, si no hay más frustrantes imprevistos, parece que a finales de 2021 se dispondrá por fin de los tramos citados de Corredor de Mediterráneo y A-27 terminados y operativos.

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