La vista puesta en 2022

Existen decisiones con resultados completamente imposibles de pronosticar

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La vista puesta en 2022

La vista puesta en 2022

Hacer proyecciones macroeconómicas es un ejercicio similar a practicar el arte de la alquimia y los resultados que ofrecen una vez las proyecciones son contrastadas con la realidad, suelen ser similares. La economía es el agregado de todas las decisiones que toman cada uno de los individuos que participan en la sociedad, aglutinar el resultado de todas ellas y proyectarlo es un ejercicio extremadamente complicado. Adicionalmente, existen una gran cantidad de eventos que pueden considerarse ‘cisnes negros’ o decisiones con resultados completamente binomiales imposibles de pronosticar. Sin embargo, merece la pena reflexionar sobre lo que podemos tener certeza y lo que no.

Merece la pena reflexionar sobre lo que podemos tener certeza y lo que no

Estamos entrando en la recta final del año 2021, tras un año que ha sido muy bueno para las bolsas occidentales, con unos retornos acumulados cercanos o incluso superiores al 20% desde principio de año. En general las bolsas han disfrutado de un fuerte rally impulsado por la recuperación de los beneficios empresariales tras la reapertura de la economía y los estímulos fiscales y monetarios.

La excepción son los mercados emergentes, en los cuales China pesa casi un 40% en los índices, que se han visto muy penalizados por la intervención del regulador chino en algunos sectores de la economía para intentar conseguir lo conocido como ‘prosperidad común’ ante las crecientes desigualdades. 

Sin embargo, durante los últimas semanas hemos visto algo de volatilidad en los mercados provocada por un incremento en la incertidumbre ante los rebrotes de la variante Delta y la aparición de la variante Ómicron, que han sembrado dudas ante la posibilidad de nuevos confinamientos que ralenticen la recuperación de la economía. Por otro lado, sigue existiendo un riesgo a una inflación más persistente de lo inicialmente previsto y los problemas en las cadenas de suministro. 

La historia nos enseña que en el largo plazo la humanidad siempre ha ido a mejor y la historia de la bolsa nos enseña que tener una visión constructiva en el largo plazo suele generar retornos positivos.

Si analizamos desde esta perspectiva el problema del Covid-19 vemos que el mundo está aprendiendo a lidiar con la pandemia, que hemos conseguido desarrollar vacunas efectivas y nuevos tratamientos y que los gobiernos cada vez gestionan la situación de una manera más proactiva reduciendo el impacto de la pandemia sobre la economía.

Las tensiones en las cadenas de suministro pueden prolongarse durante varios meses más, pero, en ausencia de barreras adicionales al comercio internacional, se irán resolviendo conforme se vaya recuperando la capacidad productiva.

Por su parte, a pesar de que es posible que observemos unos niveles de inflación algo superiores a los que veníamos acostumbrados antes de la pandemia, esperamos que se normalicen una vez se estabilicen los precios de la energía y materias primas. Incluso podríamos observar una presión deflacionista si los precios de estas empiezan a bajar. 

Si atendemos a la evolución de los mercados, no debemos caer en el engaño de pensar que los extraordinarios rendimientos que hemos visto durante los últimos dos años son extrapolables a futuro. La rentabilidad anualizada histórica del S&P500 es cercana al 10% desde 1927. Por lo que esperamos rentabilidades algo inferiores a esa media.

No obstante, en un escenario en el que la mayoría de bonos y títulos de deuda pública tienen rentabilidad reales negativas por la represión ejercida por los bancos centrales, la renta variable seguirá siendo una de las mejores alternativas para proteger nuestros ahorros y mantener su capacidad adquisitiva en el tiempo. 

Alberto de Antonio Gardeta, Ibercaja Gestión 

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