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La vuelta al mundo de Olis Solé

La empresa de Mont-roig del Camp está presente en más de 20 países y quiere abrirse a Hong Kong

Cristina Valls

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Durante el día van llegando cajas de aceitunas a los almacenes de Olis Solé, donde, entre otras acciones, se pesan debidamente y se separan por partidas. FOTO: Alba Mariné

Durante el día van llegando cajas de aceitunas a los almacenes de Olis Solé, donde, entre otras acciones, se pesan debidamente y se separan por partidas. FOTO: Alba Mariné

La empresa oleícola de Mont-roig del Camp Olis Solé (1824), quiere seguir creciendo internacionalmente y mira hacia nuevos mercados de cara a la temporada 2019-2020. Se fija como objetivos Nueva Zelanda, Corea del Sur y Hong Kong. Durante el año, la máxima de la empresa familiar es estar presentes en todas las ferias posibles y realizar misiones comerciales, aunque antes desempeñan una importante tarea de análisis de mercados, pues no todos los países tienen las mismas necesidades y demandas. 

Una vez llegan las aceitunas se colocan en tolvas de acero inoxidable y se separa el fruto de la hoja en la separadora. FOTO: Alba Mariné

Este año han explorado zonas como Bielorusia y Dubai. De hecho, la empresa casi bicentenaria destina 10.000 euros al año aproximadamente como inversión para la realización de viajes y misiones con el fin de expandirse. Dicha cantidad, de hecho, resulta ser estratégica este 2019, puesto que han iniciado una importante campaña de promoción con motivo de la celebración de su 195 aniversario. 

El proceso de internacionalización de Olis Solé comenzó a partir de 2005, con la incorporación de la quinta generación -con Judit March Solé al frente y, más tarde, la de su hermana Sara-. Por consiguiente, se potenciaron las exportaciones a Europa; más adelante, se abrieron al mercado americano; y, desde hace un par de años, miran hacia Asia.

«El ritmo de trabajo es alto. De la tarea comercial nos encargamos mi hermana Sara y yo. De hecho, después de cinco años de su incorporación, se ha observado un cambio generacional en la gestión de la empresa. Nuestros padres nos fueron delegando tareas gradualmente, lo que ha dado lugar a una mentalidad más moderna y joven de forma progresiva», dice Judit March Solé.

El zumo acabado de exprimir pasa a los depósitos de la bodega, donde se filtra después de una breve decantación. FOTO: Alba Mariné

Hoy la marca tiene presencia en más de 20 países de todo el mundo y, como mínimo, realizan una misión o feria internacional al año. «Moverse es obligatorio si quieres crecer. Inviertes sin garantías, pero si no lo haces, pierdes oportunidades. Son pocas las veces que la gente va a buscarte, con lo que es de vital importancia hacer visible nuestra marca», completa March Solé. 

La facturación anual de Olis Solé suele situarse en los 600.000 euros, una cifra que se mantiene estable a lo largo de los años, según explica March Solé. Por lo que se refiere a la previsión de crecimiento de este año, esperan números parecidos al cerrar la actividad del ejercicio. 
Del total producido, un mínimo de un 30% lo destinan a exportaciones y el resto es para el mercado estatal, donde impera el catalán.

«Dentro del mercado internacional, un 70% de las exportaciones tienen un destino europeo, y destacamos un importante peso en Rusia (dentro de ese 70%, llegaría al 30%). Luego lo complementamos con Asia (13%) y el mercado americano (17%)», prosigue Judit March Solé. En el mercado interno también han notado muchos cambios, especialmente porque el producto local se tiene en más alta consideración respecto años atrás.

«Ya hace cinco años que estamos trabajando en grandes superficies y restaurantes del territorio y eso también nos ha dado un nombre, la gente nos ubica», resalta. Toda esta tarea tiene mérito, puesto que son tan solo seis personas fijas (y de la familia) las que están al frente del negocio. «Evidentemente, también nos valemos de distribuidores e importadores. Además, en plena campaña de la aceituna y la algarroba doblamos la plantilla con temporeros», resume March Solé. 

Una empresa son solera

Olis Solé es la única empresa privada de carácter familiar dentro de la DOP Siurana, puesto que el resto son cooperativas. Además, como recuerda March Solé, la empresa está estrechamente vinculada a la fundación del Consell Regulador de la DOP Siurana (1977), la segunda creada en el Estado español, con la colaboración de Anselm Solé Font, de la tercera generación.

«Tenemos molino propio y envasadora semiautomática, también les ofrecemos a los payeses de la zona hacer su propio aceite. En este sentido, hemos ido sumando clientes», apunta Judit March Solé. Así pues, Olis Solé se ha consolidado a lo largo de cinco generaciones en el cultivo de olivos y en la elaboración de Aceite de Oliva Virgen Extra de la variedad Arbequina.

Una trayectoria tan prolongada también les ha permitido diversificar su actividad y generar una extensa gama de productos que va desde el aceite de Oliva Virgen Extra y aceites aromatizados 100% naturales, hasta el vinagre balsámico, vinagre Cabernet Sauvignon, aceitunas y paté de aceitunas.

La producción controlada en Olis Solé está garantizada. Supervisan todos los pasos del proceso de producción del aceite. Desde que la aceituna cae del árbol hasta que se embotella. De hecho, no transcurren más de seis horas entre la recepción y la molturación del fruto para garantizar así la calidad de sus vírgenes extra. Además, promueven el trabajo respetuoso con el medio ambiente y así lo garantizan cada una de las certificaciones y sellos de calidad a los que se acogen.

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