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Lo orgánico echa raíces

La demarcación de Tarragona cuenta con la mayor superficie de cultivos ecológicos de toda Catalunya

Rafael Servent

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La demarcación de Tarragona cuenta con la mayor superficie de cultivos ecológicos de Catalunya, con 12.271 hectáreas certificadas, por delante de Barcelona (11.766 hectáreas) y Lleida (11.289 hectáreas), y muy por encima de Girona (2.469 hectáreas). Sin embargo, cuando a estas superficies le sumamos los epígrafes de «bosques, matorrales y recolección silvestre» y de «prados, pastos y forrajes», las comarcas del sur de Catalunya pasan a ocupar la última posición en el ránking, con 18.896 hectáreas.

En cualquier caso, los productos agroalimentarios ecológicos van al alza, con un crecimiento sostenido, año tras año, que ha llevado a que la superficie de producción acreditada en el Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre pasase desde las 1.494 hectáreas del año 2000 hasta las 18.896 hectáreas de 2017, con un incremento del 11,76% sólo en el último año.

La agricultura ecológica echa raíces en la demarcación de Tarragona, y lo hace con valor añadido. Lo cuenta Daniel Valls, presidente del Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (CCPAE): «Los cultivos típicos mediterráneos de secano, que son los que hay en Tarragona, como la viña, los olivos o los frutos secos, son los que cuentan con más certificaciones; eso y que la conversión de estos cultivos a ecológicos es, entre comillas, más fácil que con otros».

  • Ecológica Los productos vegetales ecológicos son productos cultivados sin abonos ni pesticidas de síntesis química (fungicidas, insecticidas o herbicidas). Sólo se utilizan abonos orgánicos y minerales naturales.
  • Integrada A medio camino entre la producción ecológica y la convencional, la producción integrada favorece la biodiversidad y los alimentos de alta calidad con un uso limitado y regulado de productos agroquímicos de síntesis.
  • Convencional Desde la ‘Revolución Verde’ iniciada en la década de los sesenta con la introducción de plaguicidas y fertilizantes de síntesis, ha sido el modo de producción agrícola que más ha crecido en el mundo.

Vino, aceite y frutos secos
Si en algo destacan las comarcas del sur de Catalunya en el sector agroalimentario es en la elaboración de vino, aceite de oliva y frutos secos procesados. La mitad de las empresas que se dedican en Catalunya a la manipulación, elaboración y envasado de frutos secos con certificación ecológica (24 empresas sobre un total de 48) se encuentran en la demarcación de Tarragona.

En cifras similares se encuentra la fabricación y envasado de aceites y grasas, donde el liderazgo del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre, con 42 empresas dedicadas a ello, supone un 42,9% del total de empresas catalanas certificadas en este segmento.

En elaboración de vinos, cavas y espumosos, el liderazgo se lo lleva la demarcación de Barcelona, gracias a la industria del cava del Alt Penedès, con 106 empresas certificadas. Le sigue de forma destacada, sin embargo, Tarragona, que con 67 empresas aventaja a mucha distancia a las 16 empresas que, respectivamente, tienen Lleida y Girona.

«La combinación de producto ecológico y de proximidad es lo máximo a lo que se puede aspirar» (Daniel Valls, CCPAE)

Pero no sólo de bodegas, elaboradores de aceite y tostadores de avellanas viven el Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre. En 2017, en la demarcación de Tarragona había 331 industrias agroalimentarias ecológicas, una cifra sólo superada por Barcelona, con 924, y por encima de Lleida (282) y Girona (201). En una década, el número de industrias con certificación ecológica en las comarcas del sur de Catalunya había crecido un 248%, desde las 95 empresas de 2007 hasta las 331 de 2017. En el conjunto de Catalunya, ese crecimiento fue del 298%, al pasar de 436 empresas a 1.738.

«En global -explica Daniel Valls, de CCPAE- encontramos un crecimiento sostenido en Catalunya por encima de la media española, pero es una tendencia que se da no sólo aquí, sino en toda España, Europa y el mundo. La explicación no es otra que el aumento de la demanda de productos ecológicos entre los consumidores».

«Muchas pequeñas explotaciones -prosigue- hace muchos años que se quejan de la poca renta que perciben por su actividad, y han visto en la producción ecológica una salida para poder seguir, porque es un mercado que valora mucho más sus productos».

El futuro está en la identidad local. Proximidad. Kilómetro cero. «El consumidor valora tanto que sea un producto ecológico -destaca Valls- como que sea de la zona. La combinación de ambos es lo máximo a lo que se puede aspirar».

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