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Los bajos salarios perjudican más al sistema de pensiones que el envejecimiento

La fuerte desaceleración de la productividad en las últimas tres décadas es la principal causa del deterioro de las cuentas de la Seguridad Social, según un estudio

LUCÍA PALACIOS

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Protesta de pensionistas, el verano de 2018, en la ciudad de Lleida. FOTO:ACN

Protesta de pensionistas, el verano de 2018, en la ciudad de Lleida. FOTO:ACN

La principal razón del deterioro que sufre el sistema de pensiones, que desde 2012 está en números rojos, con un déficit que ronda los 18.000 millones de euros y una deuda superior a los 55.000 millones, no es el fuerte envejecimiento de la población española -tal y como la mayor parte de organismos públicos y expertos argumentan-, sino el estancamiento de los salarios y la productividad.

Así lo estima un estudio publicado ayer por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) en el que su autor, Angel de la Fuente, analiza la relación entre la productividad y el sistema público de pensiones durante el periodo 1985-2016. De la Fuente sostiene que la situación financiera del sistema contributivo de pensiones se ha ido deteriorando con el paso del tiempo debido «fundamentalmente» a dos factores.

Uno de ellos es, «como cabría esperar», el envejecimiento de la población española, que se ha traducido en un gradual incremento de la tasa de dependencia de mayores, o lo que es lo mismo, en un descenso en el número de personas en edad de trabajar que han de financiar cada pensión con sus cotizaciones sociales.

Previsiones pesimistas

Y, lejos de mejorar en un futuro, las previsiones son aún peores, ya que en los próximos años el envejecimiento de la población se acelerará «bruscamente» en España, según advirtió recientemente la OCDE, hasta el punto de que en 2050 la tasa de dependencia se duplicará con creces y habrá 78 personas mayores de 65 años por cada 100 personas en edad de trabajar, muy superior a las 33 actuales.

Pero pese a estos impactantes datos, al autor de este artículo considera, después de realizar un complejo análisis matemático, que resulta ser «aún más importante» para el deterioro de las cuentas del sistema la «fuerte desaceleración del crecimiento de la productividad y, por tanto, de los salarios reales», que han tendido al estancamiento en las últimas décadas. Y es que, según sus estimaciones, el crecimiento de los salarios reales por trabajador han estado prácticamente estancados desde la primera mitad de los años noventa hasta la actualidad.

En 2050 habrá 78 personas mayores de 65 años por cada 100 en edad de trabajar

«Cuanto más rápido crezca la productividad, y con ella los salarios reales, mejor será la salud financiera del sistema, pues el pago de las pensiones requerirá una fracción menor de las rentas salariales actuales, que son la base que soporta las cotizaciones sociales», destaca el estudio.

Esto se debe a que los ingresos del sistema de pensiones dependen del salario medio actual, mientras que sus gastos son una función del salario medio durante las últimas décadas y el ratio entre estas dos variables depende de la tasa de crecimiento de la productividad.

Concretamente, el saldo financiero del sistema se ha ido deteriorando a un ritmo medio de 0,76 puntos porcentuales anuales durante el periodo entre los años 1985 y 2016.

Y el componente del indicador de la salud financiera del sistema público de pensiones que «sorprendentemente» resulta tener «un efecto negativo más fuerte» sobre su evolución es el deterioro del componente de evolución salarial, con una contribución anual de -1,36 puntos, que recoge los efectos del desplome del crecimiento de la productividad.

Situación demográfica

El otro gran efecto negativo es el que refleja la «adversa evolución de la situación demográfica», resumida por la tasa de dependencia de mayores, que ha generado una contribución negativa a la variación del componente del indicador de la salud financiera del sistema de 1,10 puntos anuales.

No obstante, cabe destacar que el deterioro es menor ya que estos efectos negativos se han visto compensados «parcialmente» por el crecimiento del tipo medio de cotización y por una mejora de la tasa de ocupación consecuencia de la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral.

De igual manera, Fedea destaca que también ha contribuido a contener el impacto negativo el gradual descenso de la generosidad del sistema, consecuencia del endurecimiento del cálculo de la pensión, aunque este último efecto se ha visto compensado casi exactamente por la creciente duración de las carreras de cotización, y por la creciente aportación del Estado a la financiación de los complementos de mínimos de las pensiones.

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