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Economía ENTREVISTA

Marc Milian: "Las startups son un recurso cada vez más escaso"

Consultor y socio fundador en Hype Corporate Partners y experto en inversión corporativa

Rafael Servent

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Marc Milian, en la Facultat d’Economia i Empresa de la URV. FOTO: Fabián Acidres

Marc Milian, en la Facultat d’Economia i Empresa de la URV. FOTO: Fabián Acidres

Marc Milian es socio fundador de Hype Corporate Partners, una consultora que ayuda a pymes familiares a colaborar con startups para incorporar innovaciones disruptivas. Recientemente estuvo como conferenciante en Reus, en la Facultat d’Economia i Empresa de la URV, que acogió la jornada ‘Startups Connection: innovació disruptiva a les corporacions’, coorganizada por ACCIÓ, URV Emprèn y Grup Gomà-Camps, con estrategias para conectar con startups e incorporar su visión disruptiva.

¿Cuándo empiezan las pymes a invertir en startups?
El fenómeno del corporate venturing, es decir colaborar a través de invertir en empresas startup, tiene muchos años. Históricamente estuvo ligado a los ciclos de los mercados de capitales, donde las grandes empresas invertían en startups para tener control sobre las nuevas tecnologías, en ocasiones para frenar alguna que pudiese hacerles la competencia, pero sobre todo para tener un retorno financiero. En esta vinculación con los mercados de capital, el último gran ciclo inversor fue en el año 2000, con las ‘puntocom’.

Casi dos décadas de la burbuja ‘puntocom’... ¿Qué ha pasado desde entonces?
Que desde el año 2004 o 2005, el corporate venturing evoluciona hacia una colaboración para buscar una innovación más disruptiva. Las empresas ya tienen departamentos de I+D, pero colaboran con las startups, porque responden a oportunidades que no pueden ignorar.

No invierten para controlar tecnologías o para multiplicar el valor de su inversión, sino porque realmente les interesan las innovaciones que desarrollan esas startups. ¿Es así?
Y se desvinculan de los ciclos de los mercados de capitales. Ahora que todo tipo de empresas llevan a cabo estas colaboraciones, hay un fenómeno curioso: en las filiales de las multinacionales se busca la innovación, pero ya no hace falta invertir en esas startups, se puede colaborar como cliente-proveedor, por ejemplo. En cambio, en las empresas familiares catalanas, esas colaboraciones tienen un doble propósito: por un lado la innovación; pero por el otro, si hay alguna startup interesante, también la inversión para diversificar el patrimonio familiar.

¿Y tienen claro que en esas inversiones pueden perder dinero?
Tienen claro que pueden perder dinero y la gente se ha preparado para eso. Saben que hay ratios de éxito en las inversiones en startups de uno a diez, pero en su caso esos ratios suelen mejorar porque, en los nuevos modelos de colaboración con startups, antes de llevar a cabo ninguna inversión se hacen primero pruebas piloto. De alguna manera los ratios mejoran y, en algunos casos, se pueden compaginar pruebas en la empresa que minimicen el riesgo del Business Angel [inversores en fases iniciales de empresas startup].

¿Por qué ir a buscar la innovación fuera? ¿No mata eso el intraemprendimiento?
Al final todo son piezas de lo mismo, no se puede separar. En los departamentos de I+D tienen sus presupuestos con sus objetivos, y es más difícil salir de ahí. Respecto al intrapreneurship, se trata de fomentarlo identificando problemas reales que sucedan. En este punto, el intrapreneurship es muy importante para las organizaciones, porque cualquier cosa externa  que haya de ser adoptada, como es la colaboración con una startup, hay que acogerla e integrarla en la organización. Alguien tendrá que atender a la gente de esa startup, y por eso es muy importante tener equipos para generar ideas. 

¿Equipos con intraemprendedores?
Las soluciones disruptivas no solo las tienen que dar las startups, sino que la organización tiene que estar con la open innovation [innovación abierta].

¿No puede generar conflictos en una organización la llegada de una startup en competencia con los propios equipos de I+D o los proyectos intraemprendedores?
Cuando tenemos a un director técnico o de fábrica con un problema, si viene una startup, monta un prototipo y da soluciones para ese problema, la gente está muy contenta. Otra cosa es que no te dejen participar. Si involucras a la organización, no hay conflictos. Los que participan están encantados de participar. Si se consigue fomentar esta cultura para ser más competitivos con nuevos productos, nuevos mercados... tú te emocionas. Personalmente, no he vivido conflictos en este sentido.

¿Si la pyme no invierte en la startup, cómo se materializa esa colaboración?
A veces se dice que las corporaciones compiten con el capital riesgo por las startups. Si no invierten dinero, entonces es importante que tengan una propuesta de valor atractiva. Para una startup que busca inversores, por ejemplo, explicar que está haciendo una prueba piloto con una corporación es un valor. La startup viene a ser un proveedor tecnológico: por supuesto puedes invertir en ella, puedes hacer contratos... pero tú lo que quieres es una tecnología. Otra cuestión es que, cada vez más, las startups son un recurso escaso y, si antes la corporación tenía una posición en la que forzar determinados acuerdos, ahora ya no la tiene.

¿Qué pasa con las pequeñas empresas? ¿Pueden aspirar a entrar en la inversión corporativa en startups?
Lo puede hacer todo el mundo. ¿Qué hace falta? Como le decía, tener una propuesta de valor atractiva para esas startups. No necesitas dinero, sino por ejemplo acceso para entrar a un mercado, instalaciones industriales para pruebas piloto... Además, el coste de buscar startups en bases de datos es muy bajo. Cuando tienes un problema muy concreto, en algún lugar del mundo hay algo que responde a tu problema. Lo puede hacer todo el mundo: solo se trata de encontrar la startup y tener una buena propuesta de valor para ella. Y no olvidar algo fundamental, antes de empezar.

¿De qué se trata?
De cerrar un contrato muy bien cerrado con lo que esperan ambas partes a posteriori, porque después es demasiado tarde. Al final, hay tantos acuerdos como colaboraciones, y todos son diferentes.

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