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Economía Líbano

Más dinero del cajero para evitar las comisiones

Hasta el primer trimestre de este año, los ciudadanos sacaban 133 euros de promedio cada vez que disponían de efectivo en sus terminales

José María Camarero

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Más dinero del cajero para evitar las comisiones

Más dinero del cajero para evitar las comisiones

Cada vez que un banco cierra una oficina a pie de calle sus clientes se preguntan dónde podrán sacar dinero del cajero a partir de ese momento. La respuesta no es baladí tras la espiral de comisiones en la que se adentraron las entidades en 2015.

Porque usar un terminal de otro banco puede salir caro. Y los ciudadanos se han visto forzados a conocer al dedillo dónde se encuentran ubicados los puntos de su red para evitar pagar hasta 2,5 euros de penalización. El hábito de acercarse a estos lugares ha cambiado tanto, que no solo se usan más los de la entidad habitual, sino que, además, se aprovecha ese momento para retirar más dinero de una sola vez.

No basta con extraer 40 euros un día y otros 40 a mediados de semana, cuando vuelve a hacer falta. El importe medio de la retirada de efectivo se ha incrementado con el paso de los años y lo ha hecho desde que la banca iniciara su particular guerra de los cajeros.

Hasta el primer trimestre de este año, los ciudadanos sacaban 133 euros cada vez que utilizaban un cajero. Se trata de una cuantía que supera en un 7% a la que se solía extraer, de media, en 2015, cuando esa retirada era de 124 euros, según la relación de datos de uso de cajeros e importes extraídos del Banco de España.

Esas cuantías siguen aumentando a un ritmo mayor que el que se registra por el propio uso de los terminales. Así, en el primer trimestre de este ejercicio el supervisor ha cuantificado 217 millones de usos -un 1,2% más que en el mismo periodo de 2018- para sacar casi 29.000 millones de euros, con un alza del 3,2%.

En 2018, se realizaron unos 934 millones de operaciones en toda la red, lo que supuso un incremento de apenas el 0,12% con respecto al ejercicio anterior. Sin embargo, en toda esa operativa se retiraron 124.864 millones de euros, un 2% más que en 2017.

La red evita cierres masivos

Este nuevo uso de los cajeros se produce en un momento en el que la red no se ve resentida por los ajustes de los bancos, donde aprovechan la clausura de sucursales para mantener sus terminales automáticos como alternativa para que los clientes realicen las operaciones más básicas. Hasta el primer trimestre de este año había disponibles 50.336 terminales, un 0,1% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior.

Atrás quedaron los registros de casi 62.000 cajeros en 2008, aunque la sangría se cortó hace cuatro años al ser sustitutos de los servicios que dan muchas oficinas bancarias tradicionales, cuyo número sí se ha recortado casi un 20% desde 2015.

Este cambio de hábito vinculado a sacar más dinero de una sola vez del cajero se une al hecho de que el cliente busca los terminales de su entidad. Así lo indica el último informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) en el que apunta que el cambio en la política de comisiones de los bancos que se produjo en julio de 2015 «ha repercutido en los hábitos de los consumidores» porque «se ha fidelizado a los clientes con la red de su banco».

Más comisiones

El nuevo sistema deriva de la decisión de los grandes grupos de limitar el acceso a su red de otros clientes con la imposición de comisiones más elevadas que hasta entonces se cobraban. Ello, sumado a las operaciones de concentración de entidades que se han producido desde entonces en el sector, se tradujo en acuerdos entre las firmas.

Ahora conviven tres grandes grupos: las entidades sin acuerdos (Caixabank, Santander y BBVA), el colectivo Euro6000 y el pacto a tres bandas entre Bankia, Sabadell y el propio Euro6000.

Además, se han desarrollado multitud de acuerdos dirigidos a minimizar las comisiones que se cobran a los clientes, de forma que asumir las comisiones o repercutirlas al cliente se ha convertido en una variable de la política comercial.

Fruto de todos estos cambios, así como de la desaparición de marcas como Popular (una vez adquirido por el Santander en junio de 2017) se ha derivado la investigación de posibles prácticas anticompetitivas consistentes en una «denegación sistemática e injustificada» de acceso a una red de cajeros a determinadas entidades (habitualmente más pequeñas) en las mismas condiciones favorables que las ofrecidas a otras entidades.

Se trataría de una práctica que, según Competencia, se habría desarrollado durante varios años hasta el momento actual, con el objetivo de perjudicar la capacidad competitiva de determinadas entidades financieras en el mercado de provisión de medios de pago.

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