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Mascarillas a la carta

Teresa Lara diseña y fabrica complementos textiles personalizados para recién nacidos: desde hace unas semanas, también mascarillas para toda la familia

Rafael Servent

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Teresa Lara en su taller de Vila-seca. Foto: Cedida

Teresa Lara en su taller de Vila-seca. Foto: Cedida

En julio de 2019, hace apenas un año, Teresa Lara (42 años, Tarragona) perdió su empleo  como patronista en una empresa de Reus. En ese mismo momento, su hija, que entonces tenía seis años, quedó segunda en un concurso de dibujo «con una patata que parecía un monstruo», recuerda Lara. De allí surgió Petit Monstre, la imagen con la que ilustró la cuenta de Instagram que serviría para impulsar su proyecto como emprendedora.

Teresa Lara decidió aprovechar su trayectoria como patronista y juntarla con su afición por la costura para impulsar un proyecto profesional orientado principalmente a niñas y niños de entre cero y tres años: cojines de lactancia (con una forma ergonómica que facilita dar el pecho a un lactante), arrullos (un tipo de manta para recién nacidos), bandanas (similares a los baberos), chupeteros (para colgar de un extremo un chupete o un juguete), bufs, cambiadores para bebé...

Hasta entonces había hecho estas piezas textiles para sus propios hijos -un niño que ahora tiene nueve años y una niña de siete (la autora de su imagen de marca)-, además de los hijos de amigos y familiares. «Yo hacía cestas de nacimiento como regalo -explica Teresa Lara, que actualmente reside en Vila-seca-, con lo que se iba llevando en cada momento, porque todo cambia de moda».

 Con tres máquinas de coser (una industrial, otra doméstica y otra más overlock) se puso a trabajar en sus primeros encargos, dándose a conocer a través del boca-oreja y las redes sociales, principalmente Instagram. Los trabajos por encargo y personalizados son su seña de identidad. El cliente elige la tela, los colores, el tamaño, añade y quita funcionalidades... Todo entra en el precio, excepto las personalizaciones con nombre, para las que Teresa Lara utiliza vinilos, que se cobran como suplemento.

Sus mascarillas llevan un interior hidrófugo antibacteriano y un exterior textil

«¿Que una persona me pide un cambiador de color amarillo que tenga un bolsillo con ositos? Lo busco y lo hago; no es un problema». Su rango de precios va desde los 7 euros por un chupetero hasta los 90 euros por un cojín de lactancia o un nido de recién nacido. Los pedidos se hacen de forma remota y el envío (con costes de transporte que se cobran aparte) se lleva a cabo a través de Correos.

Su primer éxito de ventas llegó la pasada Navidad, con «un montón de bufs, bandanas y chupeteros que mucha gente me pedía para el tió», explica Teresa Lara. «El hecho de que pensaran en lo que yo hacía para el momento de fer cagar el tió en las casas fue algo que me hizo mucha ilusión».

Mascarillas personalizadas
El segundo momento de más trabajo ha llegado tras la declaración del estado de alarma. «La primera semana que los niños pudieron salir a la calle -explica-, una amiga me pidió una mascarilla para la niña, porque no encontraba de su talla. Empecé a hacer algunas para mis hijos, para los hijos de mis amigas... y luego empezaron a pedírmelas como un producto más de los que vendo».

Con un precio de venta de entre 9 y 10 euros, completamente personalizadas y ajustadas a cada tamaño de cabeza (también para adultos), se trata de mascarillas con interior de sarga hidrófuga antibacteriana (que entrega con una certificación) y exterior textil a demanda, lavables. Teresa Lara ha decidido personalizar la suya con una imagen de Frida Kahlo. Superhéroes, estampados únicos, iconos pop... el límite está en la imaginación. 

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