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Menos movilidad y mayor conciencia, claves para el turismo del futuro

El sector y la sociedad están apostando por reducir el impacto que tiene esta actividad y se replantea el modelo

MONTSE PLANA

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Turistas circulando, este verano, por el carril que conecta Salou y Cambrils. FOTO: Alba Mariné

Turistas circulando, este verano, por el carril que conecta Salou y Cambrils. FOTO: Alba Mariné

En los últimos 20 años, y antes de la llegada de la pandemia de la Covid-19, el turismo global no había parado de crecer. En 2019, por ejemplo, más de 1.400 millones de personas viajaron por el mundo, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). Ese año, España recibió 83,7 millones de turistas (11% más que en 2018), siendo el segundo país del mundo que más visitantes internacionales recibió, solo superado por Francia.

Todo este flujo de movimiento genera un impacto positivo en la economía, pero también tiene consecuencias negativas. Entre ellas, las medioambientales, lo que se conoce como huella de carbono: el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero producidas, directa o indirectamente, por un individuo, organización, evento o producto. Un concepto usado en varios ámbitos y que también se ha introducido en el sector turístico. Y es que cada vez que nos desplazamos por el territorio estamos dejando una huella, mayor o menor dependiendo, por ejemplo, del tipo de alojamiento o del medio de transporte usado: vehículo privado, transporte público, avión…

La Covid-19 ha afectado de pleno en la movilidad y, por lo tanto, en el turismo. «Ha puesto al desnudo el peligro de depender de este sector. Es el momento de aprovechar y debatir un cambio de modelo», propone Antonio Paolo Russo, investigador del Departament de Geografia de la Universitat Rovira i Virgili (URV).

Como recuerda Russo, antes de la actual crisis, en muchas ciudades ya estaba en el debate público un cambio de modelo, «porque se creía que el turismo podía crecer indefinidamente. Pero en los últimos años se estaba produciendo, por un lado, problemas de convivencia con los vecinos. Por otro, un problema ambiental. El aumento de la movilidad va ligado a la crisis medioambiental», recuerda.

En este contexto preCovid-19 de rápido crecimiento, ya en estos últimos años empezó a extenderse «un modelo de turismo sostenible, que parte de dos vertientes: desde el punto de vista territorial, lo que se plantean los destinos; y desde el punto de vista de la ciudadanía, con turistas que tienen una consciencia cada vez más responsable», detalla Aaron Gutiérrez, profesor del Departament de Geografía de la URV e investigador del Grup de Recerca d’Anàlisi Territorial i Estudis Turístics.

Según Gutiérrez, el objetivo a largo plazo para ser más sostenibles es el turismo kilómetro cero. «No es cuestión de renunciar al turismo, sino de disfrutar de lo que tenemos cerca de casa. Porque reducir la distancia recorrida es la única forma de que nuestra huella sea menor», añade, pero como también señala: «Ir a la natura no significa ser más sostenible».

De hecho, con la pandemia y las restricciones de movilidad se ha vivido el fenómeno: ha aumentado el visitante de proximidad y los espacios naturales se han visto colapsados. «Y es que en la mayoría de casos son espacios que no cuentan con las infraestructuras adecuadas que permitan absorber grandes flujos de visitantes», recuerda Gutiérrez.

Ante esto, lo que cobra más importancia para alcanzar un turismo más sostenible es disponer de planes estratégicos en el que las administraciones de cada territorio se planteen cuestiones como: por qué tipo de turismo se apuesta, qué tipo de alojamiento, qué gestión se hace de la movilidad… «Y no se trata de una cuestión de administración pública, sino que tiene que haber una concordancia con los privados: las agencias, los hoteles… que son los que hacen la oferta. El discurso tiene que ser el mismo para que realmente el modelo funcione», detalla Aaron Gutiérrez.

Pero no se trata únicamente de planes territoriales. Como recuerda Antonio Paolo Russo, «la gente viajará menos cuando la movilidad coste lo que tiene que costar». Y es que Russo subraya que el boom turístico internacional de las últimas décadas va directamente relacionado al fenómeno de los vuelos low cost. En cuestión de movilidad, Aaron Gutiérrez señala una serie de pros y contras en función del tipo de turismo. Recuerda que, por ejemplo, los visitantes internacionales mayoritariamente se desplazan a su destino en avión, de momento, el medio de transporte más contaminante. Por contra, una vez están al país, se mueven con transporte público, lo que genera menos emisiones. En cambio, el turista nacional, y por lo tanto más próximo, suele desplazarse con vehículo privado tanto a su destino (ahorro del avión) pero también por dentro del territorio que visita, dejando a un lado del transporte público.

Por su lado, Russo señala que «es tan destructivo el exceso de turismo como la inexistencia», por lo que considera que se tiene que encontrar un equilibrio que, según Russo, tendría que pasar por un turismo de mayor calidad, que los beneficios que aporte el turismo al territorio sea mayor que las problemáticas. «Con lo que, por un lado, la huella de carbono será menor y, por otro, el sector dejará de ser precario, porque el actual modelo va también ligado a una baja calidad de las condiciones laborales», también recuerda Antonio Paolo Russo.

Turistas más exigentes

Desde la Federació Empresarial d’Hostaleria i Turisme de Tarragona (FEHT), su portavoz, Xavier Guardià, se desmarca de la relación entre el concepto «turismo de calidad» y el de «sostenibilidad». Bajo su punto de vista, lo importante para que el sector sea más respetuoso con el medioambiente es la gestión de los recursos que desde el sector se pueda realizar. Por ejemplo, subraya especialmente la transición que se está realizando hacia el ahorro energético. Una cambio que, según señala, viene dado tanto por las exigencias de los turistas como la sensibilización del propio sector. Sin dejar tampoco de lado, que una mayor gestión de los recursos significa también un ahorro económico para los empresarios.

«Todo lo que supone un ahorro, es una inversión, pero también un retorno a medio plazo», recuerda. Guardià es consciente de que el turismo tiene una incidencia directa con el medio ambiente, «por lo que cada vez se está apostando más por usar energías renovables, extremar el reciclaje, apostar por los productos Km0… Y todo ello explicarlo, porque nos encontramos que el cliente está cada vez más concienciado». Una tendencia que se da, sobre todo, desde los últimos diez años. El portavoz de FEHT pone como ejemplo la creación reciente de la Estrella Verde en la Guía Michelin, referente a la sostenibilidad.

Cómo ser turistas más sostenibles

Transporte. Usar siempre que sea posible el transporte público, tren o autobús, por ejemplo. En el caso de tener que ir con transporte privado, una vez instalados al destino, intentar moverse por el territorio con el transporte público de la zona.

Consumo. Preferiblemente comprar productos locales para que el territorio tenga un retorno económico de nuestra estancia.

Alojamiento. Cada vez hay más hoteles o apartamentos que indican su grado de compromiso con el medio ambiente, ya sea a nivel de reciclaje como de ahorro energético y de agua.

Naturaleza. Respetar el medioambiente. No ensuciar los espacios naturales, ni cualquier lugar a visitar, y respetar la flora y la fauna.

Aviones menos contaminantes

La contaminación ambiental causa anualmente millones de muertes a todo el mundo. La cifra no está clara: la OMS calcula que serían unos 4,5 millones de casos; un estudio publicado en 2019 en la revista ‘European Hert Journal’ situría el cifra a los 8,8 millones. Aun así, la cuestión es la misma: la movilidad deja una huella, y no solo ambiental, sino que afecta a la salud. Hablando de turismo, cuando se viaja a otro país, el transporte más usado es el avión, el medio de transporte más contaminante. El IPCC señala que el 2% de las emisiones globales corresponde a la aviación. No obstante, la Comisión Europea está obligando al sector a reducir su impacto. En esta línea, ya se está experimentando con los aviones híbridos, de hidrógeno o 100% eléctricos y, de momento, la aviación está apostando por ir sustituyendo el queroseno por combustibles renovables, los SAF.

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