Mentir

Basamos nuestras actuaciones en la credibilidad del sujeto o la cosa que acabamos de conocer

XAVIER OLIVER

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Mentir

Xavier Oliver, profesor de IESE
Business School

Se preguntarán qué tiene que ver el mentir con los temas que tocamos en esta columna y me permito recordarles que uno de los temas en los que más he insistido es en la generación de confianza como paso previo a casi todo. Confianza en los padres, confianza en los hijos, en los familiares, en los amigos, en los jefes, en los empleados, en el producto o servicio, en la tienda, en la marca, en el sitio web, en el medio de comunicación, en lo que nos recomiendan y en quien lo hace, etc. Vivimos en una sociedad en la que cada día nos topamos con muchas cosas y personas que no conocemos y basamos nuestras actuaciones en la credibilidad del sujeto o la cosa que acabamos de conocer.

Pensémoslo un poquito: en la edad media los humanos no tenían oportunidades de conocer nada realmente nuevo más que un día a la semana, al mes o al año. El resto era todo rutinario. El lugar donde vivían, quienes les rodeaban y poco más. ¿Conocer mundo? Los soldados. El resto, la rutina continua. Hoy en cambio, incluso en épocas de pandemia, cada día es diferente del anterior. Sea a través de los medios que miramos, nuestros paseos por las pantallas o sorpresa en alguna farmacia, supermercado o restaurante. Siempre hay algo nuevo que no conocíamos, aunque creamos que hacemos una vida rutinaria. Eso hace que tengamos que tomar constantemente decisiones sobre si me fío o no.

Voy al supermercado y cuando llego a la caja a pagar, me ofrecen la posibilidad de aportar 5 euros a una acción social que no conozco. ¿Doy o no doy? Conozco bien el lugar donde compro, tienen buena reputación, se el nombre de la persona en la caja porque vengo a menudo… pero ¿me fío? Al salir me encuentro con un joven bien vestido y buena pinta con una carpeta de UNICEF que me pregunta: ¿puedo robarle menos de un minuto? Realmente no tengo prisa, pero ¿me fío o no? Podría seguir contándoles situaciones y algunas mucho más complejas que pueden variar el rumbo de alguna parte de su vida: una clínica para ponerse en forma, una inversión extraordinaria, un lugar en que necesitan ayuda… Lo importante después de decidir que me gustaría hacerlo o me apetece es, finalmente, me fío o no me fío.

Cuando uno vive sumido en un mundo repleto de mentiras o medias verdades, al final acaba mintiendo o diciendo solo parte de la verdad

Hay colectivos enteros de los que no nos fiamos muchos de nosotros y pongo el ejemplo de los políticos porque es el más fácil. Según todos los estudios sobre la confianza que generan las profesiones, los políticos figuran en los últimos lugares mientras que los médicos, enfermeras, sanitarios y educadores en los primeros. Todos, en principio, trabajan para nosotros y algunos con muchísima dedicación, pero la confianza que generan es muy distinta. ¿Y cuál es la diferencia entre unos y otros? El nivel de aceptación de la mentira como herramienta de su profesión, es decir, el creer que la verdad no vende y una mentira o una medio mentira lo hace. 

Los médicos, enfermeras, sanitarios y educadores no tienen esa necesidad y establecer vínculos de confianza con ellos es mucho más fácil y rápido. De unos no me fío, de otros si.

¿Cuántos de ustedes creen que los programas políticos se cumplen? Si su respuesta es absolutamente tajante y negativa, resultará que están viviendo en una sociedad donde, en política, la mentira, es aceptada socialmente. ¿No les parece un desastre?
Pero lo mismo puede pasar con sus jefes o sus empleados. A veces decir una mentira para no preocuparles o para esconder los errores propios al conocer las represalias que se derivan de esa verdad. Y así, se esconden los salarios de los jefes para evitar problemas y se esconden los defectos para maquillar una verdad a medias. ¿Deriva la mentira del miedo? Miedo de no ser escuchado, miedo de perder, miedo de que le miren mal, de que le desprecien o de que le critiquen.

Gobernados y dirigidos por el miedo es muy difícil que la sociedad sea virtuosa y que no considere que la mentira es el único medio de llegar a conseguir fines que se consideran deseables por todos o para alcanzar una reputación extraordinaria. Y eso, como el virus, se pega. Cuando uno vive sumido en un mundo repleto de mentiras o medias verdades, al final acaba mintiendo o diciendo solo parte de la verdad.

Me apasionan los personajes que he conocido en mi vida que no mienten nunca, que enfrentan el mundo con lo bueno y lo malo que tienen, con virtudes y defectos, tal como son. Si son empresarios, con una loable transparencia a todos los empleados, proveedores y clientes; si son empleados, con la verdad siempre por delante en el trato con compañeros y jefes. Transparencia con los hijos, con los amigos, con los profesores, con los alumnos…

La mentira es muy mala consejera y viral. Agárrense a la verdad con uñas y dientes, les irá mejor.

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