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Néstor Guerra 'Hay gente que habla mucho pero no ha emprendido en su vida'

Consultor de emprendimiento y experto en Lean Startup, mentor y cofundador de la empresa de software Intelligent Experience Consulting

Rafael Servent

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Néstor Guerra, en la Escola d’Art de Tarragona.

Néstor Guerra, en la Escola d’Art de Tarragona.

 Néstor Guerra (42años) ,Consultor de emprendimiento ,Ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad Alfonso X y MBA por la EOI, se define como «emprendedor, profesor y mentor de startups». Recientemente estuvo en Tarragona, en la cuarta jornada Business Networking organizada por la Diputació de Tarragona, donde pronunció la charla titulada ‘Cinco cosas que he aprendido de emprender’. Cuenta que «nunca hay que construir algo si antes no tienes clientes», porque «todos los planes de negocio son viables e increíblemente buenos, pero ninguno sobrevive al primer cliente», así que «búscate un cliente que os compre algo, que tenga un mínimo interés», porque el hecho de «que tu producto funcione no quiere decir que tu negocio funcione».

¿Hemos vivido una burbuja emprendedora?
El emprendimiento es bueno porque genera riqueza, puestos de trabajo y es necesario. Pero es cierto que en estos últimos años ha habido mucha gente viviendo alrededor del emprendimiento sin aportar valor real, y eso es un ejercicio muy dañino. Hay gente que habla mucho pero que no ha emprendido en su vida. Hay que respetar mucho a la gente que se la ha jugado, y como yo me la he jugado siento que puedo hablar. No hay burbuja emprendedora, pero se han creado muchos mitos y falacias.

¿Por ejemplo?
Tenemos que evitar el ‘emprendedor happy-happy’.

Nos venden que emprender es un juego sin riesgo. ¿Es eso?
Todo el mundo ha de ser consciente de que, cuando emprendes, el riesgo lo asumes tú. La crisis ha favorecido el emprendedor por necesidad. Que el entorno te empuje a emprender no te exime de ser consciente de ese riesgo, pero sí es verdad que estamos en un momento en el que mucha gente se ha visto empujada a emprender, y hemos de tratar de que no se les castigue por fracasar. No es malo que empujes a la gente a emprender, sino que los olvides después. Que haya ayudas fiscales, capital, networking... todo eso es muy bueno, pero que no sea una moda.

¿Es lo que ha sucedido?
Ahora empieza a ocurrir este fenómeno. En 2007, casi ocho de cada diez jóvenes que terminaban sus estudios universitarios querían ser funcionarios. Ahora, cuatro de cada diez quieren ser emprendedores. Pero hay el riesgo de que, cuando las cosas vayan bien, el emprendimiento sea una moda de la crisis. Deberíamos aspirar a que el emprendimiento se implante como una política de país, y que la sociedad y las instituciones sigan apoyando el emprendimiento y no se olviden de los emprendedores por el ‘efecto moda’.

¿Cuándo debería darse ese apoyo?
Debería empezar a darse en etapas tempranas, como el colegio, porque te mueve unos valores que te serán útiles con 15 años y con 95.

¿Eso incluye una reconsideración sobre lo que es el ‘fracaso’ empresarial?
Por supuesto. Hay que cambiar la cultura de juzgar a alguien por el éxito o fracaso de un negocio, porque no es justo. Además, hay muchas empresas que buscan emprendedores. Están buscando intraemprendedores.

'Deberíamos aspirar a que el emprendimiento se implante como una política de país, y que la sociedad y las instituciones sigan apoyando el emprendimiento'

¿Y cómo es la relación con esos intraemprendedores? Los proyectos son también suyos. ¿Lo entiende así la empresa?
Es un pro y un contra. Muchos intraemprendedores dicen: «¿Qué hay de lo mío?». Bueno, tú no asumes el riesgo de jugarte el patrimonio. El intraemprendimiento puede ser una promoción; y la riqueza, hacer lo que querías sin jugarte patrimonio. El mayor reto es que las empresas dejen hacer a los intraemprendedores, y es algo que empieza a pasar.

¿Es posible el intraemprendimiento en una pyme?
Normalmente es algo que sale de grandes compañías, pero empiezan a salir también fórmulas para pymes, y ahí tiene mucho que decir la Universidad, que es un gran generador de talento, y la pyme requiere innovación. Esas fórmulas son posibles, pero es cierto que, a día de hoy, pasan poco.

En ese ‘emprendedor happy-happy’ al que usted aludía antes, ¿hay un exceso de referentes anglosajones? Sólo hay un Silicon Valley, y está en EEUU...
Creo que Internet está jugando un fenómeno de mezcla, y estamos influidos por más cultura anglosajona, que tenemos ahora más cerca. La globalización rema a favor del cambio cultural. Eso es algo que las nuevas generaciones entienden mejor, e Internet lo favorece mucho. Pero nos falta reconocer a ese emprendedor que no es glamour. El emprendedor no deja de ser una startup que aún no ha tenido éxito. Es como hace años, cuando veíamos el éxito de las inmobiliarias: ahora, parece que el pelotazo lo tenga que dar la startup.

¿Si programas código tienes una startup y si haces soldaduras tienes una empresita?
En todos los casos hay un modelo de negocio detrás, que hay que analizar. Los Business Angels invierten en modelos de negocio, y quedarnos con la APP es frivolizar con esto. Hay que entender los negocios en su modelo, y eso es algo que los inversores entienden cada vez más.

¿Qué opina de los emprendedores de evento? Profesionales del Business Plan y el speech...
Hay emprendedores de premios profesionales, en efecto. Cuando lo más importante no es el Business Plan, sino que su cliente le pague por su producto o servicio. Los premios nunca harán que tu negocio funcione. El mejor premio es un cliente.

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