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Opinión: Argentina se enroca

Artículo de opinión de Jaume Giné Daví, Analista Internacional

Jaume Giné Daví

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Jaume Giné Daví

Jaume Giné Daví

Argentina es uno de los países más bellos y atractivos del mundo. Cuenta con una población de 49 millones bien educada, una dimensión territorial y los inmensos recursos naturales para ser una potencia económica. Es una nación culturalmente cercana y especialmente querida que acogió a millares de emigrantes catalanes, entre ellos a varios hermanos de mis abuelos paternos que, en los años treinta, dejaron Les Avellanes para buscar un futuro más prometedor. Su suerte fue tan dispar como la difícil historia reciente del país. 

Acabo de visitar el país por tercera vez, tras hacerlo en 1993 y 2015. En 1993, aún estaban vivas sin cicatrizar las heridas provocadas por la brutal dictadura militar (1976-1983). Entonces, el presidente Carlos Menen (1989-1999) impulsó unas políticas económicas con tintes neoliberales que acabaron provocando una gran deuda y el posterior colapso económico en la crisis de 2001-2002 que el presidente Fernando de la Rúa tampoco pudo evitar. Luego llegó Nestor Kirchner (2003-2007) que logró satisfacer la deuda con el FMI y recuperar en parte la economía. Cuando volví en enero de 2015, presidía el país una discutida Cristina Kirchner (2007-2015) que malbarató la credibilidad heredada de su malogrado esposo. Sería sustituida por Mauricio Macri vencedor de las elecciones presidenciales de noviembre de aquel año.

El liberal Macri (2015-2019) prometió reformas estructurales para modernizar y reformar la economía y logró el apoyo de los mercados financieros. Pero en 2018 tuvo que pedir otro préstamo de 57.000 millones del FMI. Las políticas neoliberales aplicadas por un Macri sin suficiente apoyo parlamentario dejaron el país aún más endeudado con el FMI y otros acreedores internacionales. Argentina, que exporta 350.000 toneladas de carne anuales, tuvo que aprobar una ley de emergencia alimentaria para ayudar al 40% de argentinos empobrecidos con dificultades para llegar a final de mes. En 2019, el PIB cayó un 3%, el peso perdió el 60$ de su valor frente al dólar, la inflación alcanzó el 54% y el desempleo el 10%. Y una colosal deuda total de 311.000 dólares, el 90% del PIB.

Argentina ha estado mal gobernada por unas élites políticas y económicas que malbaratan las grandes potencialidades del país. Los gobiernos hicieron poco para mejorar la situación.

Mi tercer viaje en febrero coincide con el retorno del peronismo con el presidente Alberto Fernández y Cristina Kirchner como vicepresidenta que asumieron sus funciones el 10 de diciembre de 2019 tras ganar a Mauricio Macri en las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Su primera prioridad: afrontar una compleja renegociación de una deuda insostenible. Y tomar medidas, con una economía en recesión, para paliar otra crisis económica y social, ahora agravada por el caos global del coronavirus.

El peor escenario para recuperar la confianza y la convivencia en un país al borde de la suspensión de pagos. La cotización oficial del peso argentino pasó de 8 $ en 2015 a 60 $ ahora, 80 $ en el mercado informal. Si la deuda ya era insostenible, el parón exportador provocado por el Covid-19 frenará los ingresos y debilitará aún más las exiguas reservas de divisas del país. También perjudicará el consumo interno que representa el 70% del PIB. Ante esta difícil coyuntura, el FMI se mostrará flexible con los 44.000 millones $ que le deben y apoyará a Buenos Aires para que también los acreedores privados acepten una quita parcial de la deuda contraída.

Los retos del nuevo ministro de Economía Martin Guzmán son enormes. Argentina debe diversificar una economía muy dependiente del sector agroalimentario. En cambio, aún consume más energía de la produce a pesar de contar con unas inmensas reservas energéticas de gas y petróleo. Pero los inversores internacionales no se deciden a apostar por un país familiar con las crisis financieras cuyos ciudadanos no confían en el peso argentino. Repsol tuvo una mala experiencia con Cristina Kirchner.

Los problemas estructurales vienen de lejos. Argentina ha estado mal gobernada por unas élites políticas y económicas que malbaratan las grandes potencialidades de país. Los sucesivos golpes y gobiernos militares han afectado a la gran vitalidad de la sociedad argentina. Y los posteriores gobiernos civiles hicieron muy poco para mejorar la gobernabilidad del país.

La cotización del peso argentino pasó de 8$ en 2015 a 60$ en la actualidad

El peronismo ha condicionado la evolución política y social del país favoreciendo un modelo de desarrollo económico tradicionalmente proteccionista que perjudicó la competitividad de muchos sectores económicos y sociales, muy dependientes de las ayudas y subvenciones oficiales. La economía sigue controlada por un aparato estatal que retroalimentó el clientelismo político, social y sindical. Y las desigualdades territoriales y sociales se amplían. Ya escribí parecidos comentarios tras mi viaje en 2015 y no se divisan grandes cambios.

Argentina no acaba de arrancar porque y cíclicamente se atasca. Encontré el centro de Buenos Aires mucho mejor que hace cinco años con nuevas inversiones inmobiliarias e infraestructuras. Pero la mejorada imagen de la capital y de otras ciudades no esconde los problemas sociales existentes en los barrios más pobres. Conversar sobre política o economía con los argentinos sigue siendo estimulante y reflejan su palpitar apasionado. Critican al Gobierno pero desean seguir recibiendo sus subsidios.

Existen unos recursos humanos preparados pero persiste un marco político y sociológico que dificulta que las cosas cambien para mejor. La realidad es tozuda. Se encuentra a faltar una mayor confianza ciudadana en el futuro. No surge una clara alternativa política con nuevos liderazgos. Y en las últimas elecciones los ciudadanos volvieron a depositar el poder en manos de la incombustible Cristina Kirchner. El peronismo otra vez instalado en la Casa Rosada tendrá otra oportunidad. Cabe desear que acierte por el bien de los estimados argentinos.

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