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Podar los árboles en las alturas

Jaume Ferré, de Les Pobles (Alt Camp), ha fusionado sus dos grandes aficiones: la jardinería y la escalada en la montaña para dedicarse a la arboricultura

Alba Tudó

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Imagen de Jaume Ferré podando unas palmeras en una casa particular en Valls. FOTO: Alba Tudó

Imagen de Jaume Ferré podando unas palmeras en una casa particular en Valls. FOTO: Alba Tudó

A Jaume Ferré (Les Pobles, Aiguamúrcia) le apasionaba la jardinería y la escalada en la montaña. Decidió fusionar sus dos aficiones para dedicarse a la arboricultura. «Me gusta cuidar las plantas y los árboles en las alturas», asegura. Cuenta porqué se dedica a las palmeras, árboles y trabajos verticales: «Por ejemplo, hay máquinas que no pueden acceder a algunos sitios, y en cambio con las cuerdas sí», relata mientras termina de podar las palmeras.

Los clientes son de la provincia de Tarragona pero también se desplaza por España y Europa. ¿Cuándo empezó todo? «Hace unos 15 años». Jaume Ferré ha participado en distintos concursos de arboricultura. Ha ganado dos campeonatos de Trepa de árboles ornamentales en España y ha tenido buenas participaciones en Europa.

«Lo más bonito de los campeonatos es adquirir todos los conocimientos. En estos casos te ponen en situaciones límites ya que cuando estás trabajado esto no ocurre», detalla Jaume Ferré, y añade que «además compartes formas de trabajar, experiencias...». En los campeonatos hay distintas pruebas en las que se evalúa el respecto al árbol, la seguridad y la velocidad, simulando que trabajan en un árbol. Ahora Ferré no participa pero sí ayuda en los distinos campeonatos.

El material de la arboricultura es caro y tiene una vida reducida. «Las cuerdas las tenemos que cambiar cada tres años, los arneses también...». El trabajo en las alturas es un riesgo pero reconoce que vale la pena. «La arboleda de Santes Creus es bonita. Hay muchos árboles grandes, viejos, y esto es más bonito», explica Jaume Ferré. Uno de los árboles más grandes en los que ha trabajado es un eucaliptón en Asturias, que medía 68 metros. «En Alemania, una vez subimos al árbol más grande de allí. Se trata de un abeto que hacía 69 metros y está en medio del bosque y es muy chulo».

Un paso más

«Tiramos de la experiencia y la respuesta del árbol a lo largo de los años, pero nos gusta dar un paso más allá y hacer nuevos árboles y que tengan distintas medidas», puntualiza Jaume Ferré. «Cada árbol tiene un crecimiento distinto, una capacidad de regendar, y nos gusta aprender siempre de todas las clases de árbol».
Jaume Ferré no tiene un trabajo monótono, al contrario. «Cuando un árbol lo podas, su reacción no la ves en el mismo momento, tardará unos años. Los árboles reaccionan muy despacio».

Los arboricultores son los mediadores entre las necesidades de los árboles y las necesidades de las personas. «Tenemos que convivir todos juntos, pero también debemos educar a las personas sobre este aspecto». Ferré es autónomo pero siempre va acompañado de un profesional del sector. «A veces estamos lejos para que nos vengan a rescatar, y si hay otra persona con los mismos conocimientos de altura puede ayudar».

La formación para esta profesión también es clave. «Un curso de primeros riesgos o rescates lo hacemos una vez al año. Cada día tenemos que aprender alguna cosa nueva, no te puedes quedar atrás». La pasión de Ferré  le ha llevado a que cada día quiere aprender nuevas cosas, y que conozca todos los árboles. «Quiero seguir con este trabajo que me encanta. Es una actividad física pero también mental», concluye Jaume Ferré.

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