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Por el dominio del mercado energético

En plena transición energética y descarbonización de la economía, aún tenemos que diseñar esta evolución que marcará nuestro futuro

Iñaki Delaurens

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Foto: Freepik

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El consumo energético es necesario para nuestro desarrollo económico y social. Pero el ritmo actual es uno de los motivos del cambio climático que tanto destruye ecosistemas y ataca a la salud del planeta. La conciencia ecológica nos alerta de que los problemas se pueden agudizar si no se toman medidas al respecto.

¿Por qué hay que ahorrar energía? ¿por qué cambiar el modelo energético actual? ¿por qué es necesario aumentar la eficiencia energética? Hay tres razones muy básicas pero importantes que son: el agotamiento de las energías que no son renovables; el impacto negativo sobre el medio ambiente; y la inseguridad del abastecimiento energético.

Estamos en una transición energética en qué las renovables cada vez adquieren más protagonismo en detrimento de los combustibles fósiles. Se trata de una descarbonización social y económica que apuesta por las energías limpias. Un momento en el que encontrar el camino correcto hacia la sostenibilidad ambiental, energética, social y de mercado.

Assumpta Farran, directora de l’ICAEN (Institut Català d’Energia), avisa que hay que diferenciar entre «reducir el consumo energético y su coste económico en euros. Deberían ser dos aspectos paralelos pero a la hora de ver el recibo vemos que no es así, ya que hay una parte fija de la factura alta y una variable baja».

«La gente que contrata una potencia baja tiene un 75% de costes fijos y por mucho que se esfuerce en reducir el gasto energético sólo podrá hacerlo dentro del 25% restante de variable», explica Farran, quien añade que las viviendas que tienen contratada una potencia mayor «como los variables son más altos, representan el 40%, frente al 60% de fijos». 

En este paradigma del gasto energético en la vivienda, Farran añade que «la gente que tiene una tarifa regulada, en la que el precio de la luz varía a lo largo del día, suele tener picos de precios más altos en horas de mucha actividad en la vivienda, como por la mañana al despertarnos, 8h o 9h, y también por la noche al volver del trabajo a partir de las 20h. Esto también ocurre los días más calurosos y fríos del año».

«En este escenario solo hay dos maneras de ahorrar en la vivienda. La gente que tiene contratada una potencia pequeña o escogiendo muy bien las horas de consumo energético», valora la directora de ICAEN.

¿Qué son los gastos fijos?
A día de hoy las energías renovables solas no pueden abastecer a todo el tejido energético del país y además tienen otro inconveniente: son intermitentes. Al no haberse podido almacenar la energía, cuando no hay sol las fotovoltaicas no funcionan, tampoco la eólica sin viento. 

Cuando esto sucede, entran en juego centrales que funcionan mediante la combustión de combustibles fósiles como petróleo, gas natural o carbón. Muchas de ellas fueron construidas precisamente para dar apoyo a las renovables o cuando se producen picos de consumo energético. 

Assumpta Farran explica que «tenemos unos costes fijos muy altos porque estamos pagando lo que ha costado construir estas centrales caras que apenas funcionan pocos días al año y no trabajan ni un 10% de lo que estaban pensadas. Hemos visto que toda esta infraestructura para dar cobertura, y que pagamos en el recibo de la luz, era innecesaria. Como en el caso Castor que no ha entrado ni en servicio. Si no funciona, quizá no era necesaria».

Digitalización de la energía
La directora de ICAEN expone que «hoy en día la energía ya se puede almacenar y estamos en un momento que debemos escoger si crecer con mentalidad de Thomas Edison o de un milennial. Es decir, si seguimos como hasta ahora o optamos por un consumo energético inteligente». 

«De aquí a 20 o 30 años, los milennials serán una generación inteligente que se entenderá con la red eléctrica. Cuando se compren un coche, será uno eléctrico que funcionará con baterías, que incluso podrán alimentar la red de la vivienda. Apostarán por termostatos inteligentes que regulan el consumo cuando el precio es más alto. Tendrán una instalación fotovoltaica conectada al mercado eléctrico y con batería para almacenar la energía. Y el mercado, los vendedores de lavadoras y secadoras por ejemplo, también se adaptará a este sistema, porque así les obligará la demanda», vaticina Farran.

En esta línea Farran explica que «la Agencia Internacional de la Energía ha presentado un estudio sobre la digitalización de la energía para los próximos 20 años. Su capacidad de dar flexibilidad en el mercado supondrá cerca de 165 gigavatios de potencia virtual. Lo que supone 165 centrales que ya no harían falta».   

«Nos encontramos en un momento en el que tenemos que decidir si la oferta sigue dominando el mercado energético, es decir, plantearnos construir más infraestructuras clásicas para dar cobertura a las renovables, o que la demanda empiece a coger las riendas con equipamientos inteligentes y un modelo energético digitalizado», plantea.

Farran pone como ejemplo las medidas tomadas en Alemania: «Tienen horas del día en que la electricidad es gratuita o con un precio negativo respecto al mercado. Esto ocurre porque también tienen costes fijos altísimos y de esta manera incentivan a la gente a almacenar energía. El poder lo tiene la demanda, el ciudadano, de manera que la tecnología permite una gestión flexible». 

«Estamos en un momento muy importante porque una mala decisión política sobre el modelo energético puede resultar muy cara, y la pagaremos los ciudadanos. Los políticos deben dejar de escuchar a los gurús del s.XX y hablar con gente del s.XXI. Apostar por la tecnología para que la demanda pueda gestionar el mercado energético», concluye Assumpta Farran.

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