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Por qué un plan de jubilación no es un plan de pensiones, aunque suenen parecido

Diferencias en la fiscalidad, en las condiciones para su rescate o en su cometido final marcan la distancia entre estos productos de ahorro: ¿cómo distinguirlos y cómo saber cuál es más adecuado a nuestro perfil personal?

Rafael Servent

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Por qué un plan de jubilación no es un plan de pensiones, aunque suenen parecido

Por qué un plan de jubilación no es un plan de pensiones, aunque suenen parecido

Que no le den plan de jubilación por plan de pensiones. Y al revés. Suenan parecido y prometen cosas similares... pero no. ¿Dónde están las diferencias? Y, lo más importante: ¿Acaso hay algo de malo en alguno de estos dos productos? De ningún modo. Se trata, simplemente, de conocer sus diferencias y de comprender bien cómo sacarles partido.

Porque sobre la falta de conocimiento se sustentan algunas sorpresas desagradables... que quizás no descubramos hasta de aquí a veinte años. Ingrid Vinaixa, abogada de Vinaixa Legal & Fiscal, despacho de Tarragona especializado en derecho fiscal, bancario y mercantil, da algunas claves

El plan de pensiones

Un plan de pensiones es un instrumento de ahorro a largo plazo que puede definirse como un contrato en el que una persona aporta una cantidad de dinero periódica a un fondo de pensiones, que es quien invierte el dinero del plan. En opinión de Ingrid Vinaixa, es importante conocer esta primera distinción «El plan de pensiones es una herramienta comercial, el fondo de pensiones es quien se encarga de invertir tus ahorros».

«Además -prosigue-, se diferencia entre la gestora del plan y la entidad depositaria donde está el patrimonio que se constituye con las aportaciones». Para asegurarse de que el dinero de un plan de pensiones está a salvo, el patrimonio del plan queda fuera del balance de la entidad gestora y depositaria. El objetivo es que, si la gestora quebrase, el dinero que tenemos ahorrado en ese plan seguiría intacto, ya que seguiríamos siendo partícipes del fondo de pensiones, cuyo capital estaría intacto.

«Esto no quiere decir -alerta Vinaixa- que una persona no pueda perder dinero con el plan de pensiones, porque no todos están garantizados y, como es lógico, cuando optas a un producto con cierta agresividad [en el retorno de la inversión que puede llegar a dar], hay un riesgo».
Estos riesgos son, en opinión de Ingrid Vinaixa, «bastante conocidos, porque las entidades dan información al respecto cuando se contratan, pero en cambio no dan tanta información acerca del momento del rescate».

Ahí está, por su experiencia, el gran factor de desconocimiento entre los clientes de estos productos. Un desconocimiento que puede albergar importantes (y desagradables) sorpresas si no se han estudiado previamente con la ayuda de un profesional las condiciones que se firmaban.
Entre los argumentos de ‘venta’ de los planes de pensiones por parte de las entidades financieras están los beneficios fiscales. Es bastante conocido el hecho de que aportar dinero a un plan de pensiones puede llegar a deducir anualmente de la base imponible del IRPF hasta 8.000 euros o un 30% de los rendimientos netos del trabajo o de actividades económicas en caso de ser autónomos.

«Para una renta bruta de 42.000 euros al año -explica Ingrid Vinaixa-, una aportación de 8.000 euros supone un ahorro en la declaración de renta de 2.900 euros». Pero alerta: «Esto tan atractivo se convierte en un buen pellizco si rescatas el plan de golpe y depende de cómo lo rescates, porque tributa como rendimiento del trabajo».

Porque, de hecho, los beneficios fiscales de un plan de pensiones no eximen del pago de tributos, sino que difieren esa tributación en el tiempo hasta el momento de su rescate. Con la posibilidad hoy (desde el cambio legislativo que entró en vigor el 1 de enero de 2015) de rescatar los planes de pensiones transcurridos pasados apenas diez años desde su contratación, puede darse la paradoja de que, estando en activo y con una base imponible mayor de la que teníamos una década atrás, acabemos pagando más impuestos de los que dejamos de pagar en su día.

«Un plan de pensiones está hecho para rescatarlo cuando te jubilas -prosigue Ingrid Vinaixa-, y si se hace antes puede suceder que lo que has ido ahorrando como una hormiguita acabe en casi la mitad de lo que has ido aportando durante toda la vida». Por eso, insiste, «es recomendable que en el momento del rescate, esa persona acuda antes a un asesor para que le indique cómo hacerlo».
También aquí, aunque efectivamente rescatemos el plan en el momento de nuestra jubilación, hay diferencias. Podemos rescatarlo completamente (y pagar impuestos), parcialmente, en forma de renta vitalicia con aportaciones mensuales constantes...    

El plan de jubilación

A diferencia de los planes de pensiones, un plan de jubilación es un seguro orientado al ahorro, pero un seguro a fin de cuentas. A través de ese instrumento el ahorrador aporta un dinero que le servirá también para completar el dinero que cobre al jubilarse. Los planes de jubilación están gestionados normalmente por compañías aseguradoras, y las condiciones del rescate son las que se pacten con la entidad en la que se contracta este producto.

La mayor flexibilidad, por norma general, en la forma de rescate, solía ir acompañada tradicionalmente por una mayor rentabilidad que los planes de pensiones, «con tipos de interés que eran más atractivos -explica Ingrid Vinaixa-, pero ahora esa diferencia suele ser pequeña».
La gran diferencia, en este caso, está en la fiscalidad. Los planes de jubilación no tributan por los rendimientos del trabajo (y no rebajan la base imponible del IRPF), puesto que se trata de rentas de capital mobiliario. Llegado el caso de tener que rescatarlo antes de entrar en la condición de jubilado, puede ser mucho más ventajoso rescatar un plan de jubilación que un plan de pensiones.

«Mientras que un plan de jubilación -ilustra Ingrid Vinaixa- puede tributar como mucho del 19% al 23% y con los intereses exentos de tributación, porque se trata de capital mobiliario, con un plan de pensiones rescatado antes de lo recomendable puedes irte al 45%».

¿Cuál elegir?

Ambas opciones son buenas, en opinión de Vinaixa, mientras sepamos qué debemos preguntarnos, o tengamos al lado a alguien que conozca esas preguntas. «Desde luego -resume-, como medida de ahorro recomiendo que alguien vaya haciendo un plan de pensiones, pero teniendo en cuenta que hay que rescatarlo llegada la edad de jubilación. Si no estamos en eso, entonces mejor un plan de jubilación, porque tendremos una tributación menor».

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