Los precios se disparan

El IPC interanual alcanza su mayor subida en los últimos 13 años

Rafael Servent

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Los precios se disparan

Los precios se disparan

La inflación vuelve al centro del debate público. La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó los datos avanzados del mes de septiembre del Índice de Precios de Consumo (IPC), con una subida del 0,8% en relación al mes anterior que dispara su tasa interanual hasta el 4%, la más alta en 13 años, cuando  en septiembre de 2008 la inflación se situó en el 4,5%.

Son nueve meses consecutivos encadenando alzas de precios tras las caídas desatadas en plena Gran Reclusión de 2020, con el encarecimiento de la electricidad y de los precios de los carburantes y lubricantes para vehículos personales como epicentro de estas subidas de precios.

Evolución del IPC en Tarragona, por grupos

En su avance del mes de septiembre, el INE incorpora además una estimación de la inflación subyacente (que excluye el efecto de los precios de la energía y los alimentos frescos por ser los más volátiles), que aumentó este mes pasado tres décimas, hasta el 1%, con lo que se sitúa tres puntos por debajo de la tasa del IPC general.

No ha sido en ningún caso ésta un alza de precios que haya cogido por sorpresa a los expertos, que anticipaban como lógico un repunte tras el fin de los confinamientos y la reactivación de la movilidad y el consumo.

Lo que no esperaban, sin embargo, es que se situase en ese 4% que enciende las alarmas entre los defensores de la ortodoxia en la contención de precios -con el Banco Central Europeo (BCE) al frente y ecos de austeridad llegados desde la Gran Recesión-, con el objetivo de mantener a toda costa los precios en la zona euro en ese 2% antes inflexible y ahora deseado.

«La primera consecuencia de esta inflación es el empobrecimiento de la población, y eso ya está sucediendo» (Alfons Fernández, CEC)

Lo explica Alfons Fernández, miembro del Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC): «Que la inflación llegaría era una cosa evidente, porque la caída de la economía necesariamente había de tener una recuperación, y era esperable. Pero con tasas de inflación por encima del 3%, muy por encima de las expectativas, eso provoca que el Banco Central Europeo (BCE) empiece a plantearse reducir los estímulos financieros».

«En el caso de los EEUU -prosigue-, la inflación es más preocupante, porque se sitúa por encima del 5%, y la Reserva Federal plantea ya rebajar estímulos. Pero la primera consecuencia de esta inflación -destaca este economista- es el empobrecimiento de la población, y eso es algo que ya está sucediendo».

Juan Antonio Duro, catedrático de Economía de la Universitat  Rovira i Virgili (URV) y director de la Càtedra d’Economia Local i Regional de la URV, coincide: «Se ha producido una aceleración muy clara de la inflación, que llevaba muchos años estable en la Unión Europea (UE) alrededor del 2% sin preocupar al BCE. Normalmente, el BCE empieza a ponerse en marcha cuando la inflación se acerca al 3%, que es lo que sucede ahora».

«La volatilidad, esencialmente el precio del petróleo y la energía, es lo que está detrás»  (Juan Antonio Duro, URV)

El pasado viernes, Eurostat publicó los datos avanzados de la eurozona en el mes de septiembre, donde la primera estimación efectuada por este organismo sitúa la inflación de la zona euro en el 3,4%, cuatro décimas por encima del dato de agosto y sobrepasando esa frontera de la ortodoxia en el BCE que señala Juan Antonio Duro.

Igual que en España, el incremento de los precios de la energía ha provocado que la tasa anual de inflación de la eurozona anote en septiembre su nivel más elevado desde septiembre de 2008, cuando la inflación en los diecinueve países que comparten el euro llegó al 3,6%.

Los nuevos datos confirman la tendencia ascendente de los precios en los últimos meses, ya que la inflación en la eurozona ha pasado del 1,9% en junio al 2,2% en julio, al 3% en agosto y, finalmente, al 3,4% en septiembre. Hace tan solo un año, la inflación en la eurozona se movía en terreno negativo, con una caída de los precios del 0,3%. 

Mientras, la tasa anual de inflación subyacente, que excluye el efecto de los precios de la energía y los alimentos frescos, se ubicó en la eurozona en el 1,9%, tras haber alcanzado el 1,6% en agosto de 2021.

El dato avanzado de la inflación de septiembre en la eurozona se sitúa en el 3,4%, cuatro décimas más que en agosto y casi un punto y medio por encima de la meta del 2% del BCE

«La evolución de la inflación en estos últimos meses -señala Juan Antonio Duro, de la URV- es excepcional respecto al pasado, y es lógico que ahora volvamos a hablar de ello». En su opinión, por el momento «no se trata de una inflación desorbitada todavía, pero sí que es un diferencial».

«Si miramos la inflación subyacente en España -prosigue este catedrático de Economía-, no ha escalado tanto, y son claramente los factores más volátiles, como la energía y los alimentos, los que están detrás de este aumento de la inflación. La volatilidad, esencialmente el precio del petróleo y de la energía, es lo que está detrás».

El dilema del BCE

Ante esta coyuntura, surge el dilema: ¿Mantener los estímulos para consolidar la recuperación o frenarlos para tener bajo control el alza de precios? «Las previsiones -adelanta Juan Antonio Duro- son que la volatilidad irá menguando y se irá reconduciendo hasta alcanzar niveles del 2% el año que viene».

«Si el objetivo del ahorro es batir la inflación, lo que peor le va es esa inflación»  (Juan Antonio Belmonte, EFPA España)

«Es probable -añade- que el BCE no determine que esta inflación es preocupante, teniendo en cuenta el componente de la inflación subyacente. Ahora se está priorizando la recuperación económica, y un aumento de tipos de interés no sería demasiado bien recibido».

La otra cara de la moneda es la inmediata pérdida de capacidad adquisitiva de muchos ciudadanos. Lo destaca Alfons Fernández, del Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC): «Los únicos que verán compensada de alguna forma la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación son las personas a las que se les acaba de subir el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), los pensionistas y los funcionarios. Pero se deja fuera al grueso de la clase media, que por otro lado es la que más consume, y esto significa pérdida de poder adquisitivo para todo el mundo».

«Y si el BCE empieza a retirar los estímulos -prosigue Fernández-, tal y como sucederá, y deja de comprar deuda, habrá menos dinero en la economía y eso provocará que la fase de recuperación acelerada que vivimos se vea frenada y suba la tasa de paro. La tercera derivada es que pueda venir a medio y largo plazo un escenario de incremento de los tipos de interés, que lo que hace es enfriar la economía, con menos consumo e inversiones, y que a la vez puede crear tasas de paro más grandes».

Pero no solo la capacidad adquisitiva y el consumo se están viendo impactados ya por este escenario de subida de precios: también la capacidad de ahorro sufre los efectos de la inflación. Juan Antonio Belmonte, miembro del Comité de Servicios de EFPA España (perteneciente a la asociación europea de asesores financieros) es claro: «Llevábamos tiempo sin hablar de inflación, y al ahorro lo que peor le va es la inflación. Porque si el objetivo del ahorro es batir la inflación y la inflación está subiendo, tendré que hacer algo».

Desde septiembre de 2008, cuando estalló la Gran Recesión, no se registraba una inflación tan alta en la zona euro

«Más que preocuparse por la inflación -sostiene- hay que ocuparse. Con una inflación tocando el 4%, creo que tenemos que estar muy pendientes y tenerlo muy en cuenta. Porque como la inflación siga subiendo, eso va a impactar en los tipos de interés y se va a perder mucho más poder adquisitivo. Ahora empezamos el invierno, y para la energía estos son meses inflacionistas. Desde luego, la inflación viene para quedarse en el corto plazo, por lo menos unos meses».

Ante esta perspectiva, «hay que buscar formas -razona Juan Antonio Duro, de la URV- de atenuar el efecto del incremento del IPC sobre los ciudadanos. Este incremento del IPC tendrá un impacto presupuestario, sin duda, en los pensionistas [a quienes se les revalorizará su pensión en función del IPC], pero para quien no tenga capacidad de aumentar ingresos, habrá una pérdida de capacidad adquisitiva. Desde luego, tiene consecuencias sobre la capacidad adquisitiva de las personas, y sobre las empresas las tiene en costes».

«De lo que se trata ahora -recomienda este catedrático de Economía- es de atenuar sus efectos protegiendo a los colectivos sensibles. Todo dependerá, en todo caso, del estado de ánimo que tenga la gente y de la confianza en el futuro».

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