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Presupuesto familiar: ¿Por dónde empezamos?

Controlar los gastos, cuantificar los ingresos, reducir deuda y destinar algo al ahorro son la base para una buena planificación financiera

Rafael Servent

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Vuelven los propósitos de año nuevo y, con ellos, uno de sus clásicos: el control de las finanzas personales y familiares. La ‘cuesta de enero’, igual que la de septiembre, suele ser un fenómeno que afecta a aquellas economías domésticas que no cuentan con un adecuado presupuesto familiar. Y que, rompiendo prejuicios, no es patrimonio de las rentas más bajas.

Porque, tal y como destacan numerosos expertos en educación financiera, las dificultades económicas no distinguen entre meses del año y, para aquellos en problemas financieros, todos los meses serán en cuesta. Cuando hay unos meses en los que se va mucho peor que otros, y salvando todas las variables de circunstancias personales y profesionales que pueda haber, puede ser un síntoma claro de mala planificación del presupuesto personal y familiar.

«Hay más control de los gastos de lo que aparentemente uno puede suponer, especialmente con ingresos justos» (Elisa Chuliá, Funcas)

Lo cuenta Elisa Chuliá, directora de Estudios Sociales de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), y lo hace remitiéndose a un estudio de esta fundación: «Hay más control de los gastos de lo que aparentemente uno puede suponer; hay gente que los controla mucho, y lo hace porque tienen ingresos muy justos».

«Quien tiene poco -prosigue- no tira mucho de recursos que no tiene, y quien tiene mucho, es evidente que no tiene problemas financieros». Así que el grueso de quienes conviven con unas finanzas domésticas caóticas es esa supuesta ‘clase media’ (esencialmente, asalariados con unos ingresos algo por encima que las rentas más bajas) que, cuando se descontrola un fin de mes, pueden resolverlo sin demasiadas preocupaciones tirando de tarjeta de crédito o financiando a plazos la compra de un producto.

A menor nivel educativo, mayor es el porcentaje de quienes controlan estrictamente sus gastos

Los datos del estudio de Funcas, en base a una encuesta de población en España, corroboran este retrato: a menor nivel educativo (algo no necesariamente vinculado al nivel de renta), mayor es el porcentaje de quienes controlan estrictamente sus gastos. Así, el 42% de las personas que no cuentan con estudios de ESO hace un control estricto de sus gastos, frente al 31% de la población con estudios universitarios.

«Con el nivel de endeudamiento familiar y los sueldos que hay es muy complicado ahorrar» (Elisabet Ruiz, UOC)

Ser universitario, por otro lado, no garantiza ni mucho menos tener unas nociones básicas de finanzas. El analfabetismo financiero también campa a sus anchas entre los titulados superiores. Lo explica Elisabet Ruiz, profesora de los estudios de Economia i Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC): «La crisis sólo ha puesto de manifiesto que la sociedad no tiene conocimientos financieros. No sabemos el valor del dinero».

«Por ejemplo -prosigue-, los ciudadanos no saben que para contratar un préstamo hay que comparar la TAE (Tasa Anual Equivalente). Hicimos un estudio entre la comunidad de nuestra universidad, y un 64% de los encuestados no diferenciaba entre un tipo de interés trimestral y uno anual. Los bancos también juegan con la ignorancia de la gente».

¿Amortizar hipoteca o ahorrar? Quitarse deuda de encima amortizando parte de la hipoteca o apartar una suma de dinero de los ingresos familiares en un depósito bancario es, en ambos casos, una forma de ahorro. «Ahorrar no es sólo tener dinero en una cuenta», explica Elisabet Ruiz. «Lo primero -prosigue- es quitarte deuda de ecima, porque haciéndolo estás ahorrando mucho más dinero en intereses». Pero, pese a la rotundidad del consejo, también aquí hay matices. «Si yo preveo -explica Ruiz- que de aquí a dos años necesitaré un dinero, y el tipo de interés que me costaría pedir prestado ese dinero es más alto que el que estoy pagando en mi hipoteca, entonces no compensará amortizar, y será más recomendable ir ahorrando ese dinero para de aquí a dos años».

«Hay que ponerse a ello», recomienda Elisabet Ruiz. «El punto número uno es tomar consciencia de los propios gastos, y eso es algo cada vez más sencillo, porque cada vez hay más entidades financieras que recaban en qué te has gastado el dinero».

A partir de ahí, tomar el control en la medida de lo posible. «Hablan de ahorrar un 10% de los ingresos familiares -reflexiona Ruiz-, pero la realidad es que, con los sueldos que hay y con un nivel de endeudamiento de las familias de entre el 30% y el 40%, es complicadísimo destinar ese 10% a ahorro, queda muy poco margen».

Cinco puntos a tener en cuenta

  1. Revisar los gastos que tuvimos el año pasado. Un año entero es una muestra suficiente para tener una fotografía de nuestra actual situación financiera. La creciente desaparición de las operaciones en efectivo nos facilitará esta tarea. Bastará con conectarnos a nuestra banca online y sumar los apuntes bancarios para ver en qué hemos gastado el dinero. Muchas entidades disponen ya de herramientas para hacerlo. Una vez tengamos contabilizados esos gastos, deberíamos repartirlos a lo largo del año de forma mensual, para poder planificar los pagos sin caer en ‘cuestas de enero’ ni ‘cuestas de septiembre’. Este ejercicio también nos servirá para tomar consciencia de determinados gastos que nos habían pasado inadvertidos. Un ejemplo recurrente de ello es la contratación de servicios no esenciales, tales como suscripciones a plataformas de televisión por streaming o paquetes de telefonía sobredimensionados para nuestro uso efectivo.
  2. Sumar nuestros ingresos y dividirlos por meses. Igual de importante que conocer nuestros gastos es tener un conocimiento detallado de nuestros ingresos. Para aquellas personas que trabajen por cuenta ajena y cuenten con un contrato estable, esta tarea es mucho más sencilla que para quienes encadenan contratos temporales o trabajan como autónomos. En cualquier caso, un buen consejo es sumar esos ingresos anuales y dividirlos por los doce meses del año. Es importante entender que, si cobramos nuestro salario en 14 pagas, las ‘extras’ forman parte de esa renta anual disponible y no son un dinero ‘extraordinario’ que podemos gastar con menor control. O que, por mucho que el grueso de nuestros ingresos como autónomos o empleados temporales se concentre en determinados meses del año, los gastos caen cada mes y tendremos que distribuir esos ingresos de forma equilibrada en nuestro presupuesto anual. Si fuese el caso, a estos ingresos profesionales habría que sumar también pensiones, prestaciones, ingresos financieros o de inversión (alquileres, depósitos, dividendos...) y otros ingresos varios.
  3. No gastar más de lo que se ingresa. Contados todos los ingresos y todos los gastos, sólo queda calcular la diferencia. Si gastamos más de lo que ingresamos, tenemos un problema. Tres son las salidas: reducir gastos hasta equilibrar con los ingresos, recurrir al crédito o tirar de ahorros. No hay una respuesta correcta y otra incorrecta. Dependerá de las circunstancias y del propósito de cada acción. Con carácter general, sin embargo, es una buena idea mantener el endeudamiento a niveles razonables y tratar de ahorrar algo. Como cifra orientativa, el Banco de España establece el límite de endeudamiento (contando cuotas de la hipoteca, otros préstamos personales y tarjetas de crédito) en un 40% de la renta familiar disponible. Otros analistas estiman este porcentaje muy excesivo, y fijan ese límite en un 20% o 25%. En todo caso, es difícil establecer un porcentaje: no es lo mismo destinar a pagar deudas el 40% de unos ingresos netos mensuales de 6.000 euros que hacerlo con unos ingresos de 900 euros. La idea común en todos los casos es que, cuanto menor sea el endeudamiento, mejor estarán nuestras finanzas. Respecto al ahorro, de nuevo el Banco de España recomienda dedicar un 10% de los ingresos mensuales a este fin. Y de nuevo aquí no se tiene la misma capacidad de ahorro con unas rentas que con otras. En cualquier caso, con nuestros gastos bien localizados, éste sería el momento de empezar a reducir gastos no esenciales.
  4. Planificar el año y ahorrar por partidas. Con una previsión anual de ingresos y gastos en base a las cifras del año pasado y unas determinadas expectativas para este año, toca planificar los pagos para no tener que tirar de tarjeta de crédito cuando llegue el mes de septiembre. Así, si sabemos que ese mes tendremos un gasto importante en material escolar (que calcularemos y al que le asignaremos una cifra concreta en nuestro presupuesto), dividiremos ese gasto a lo largo de los doce meses del año para ir retirando la parte proporcional cada mes y evitar esa tensión de tesorería en nuestro presupuesto familiar. Haremos lo mismo con las vacaciones, con las celebraciones o con el cambio de neumáticos del coche.
  5. Planificar a largo plazo y ahorrar por proyectos. Elevar la mirada desde el fin de mes al fin de año habrá sido un paso, pero no debería ser el último. Una buena planificación del presupuesto familiar anual nos debería proporcionar mayor estabilidad y control, brindándonos la oportunidad (si las circunstancias personales y profesionales no cambian de forma imprevista) de planificar objetivos más a largo plazo. Destinar una parte de nuestros ingresos, mes a mes, a reducir deuda con el objetivo de situarnos en un nivel en el que nos sintamos confortables puede ser un buen punto de partida. Ahorrar a medio y largo plazo para adquirir un nuevo vehículo a cinco años vista, para los estudios universitarios de nuestros hijos a diez años o para nuestra jubilación dentro de veinticinco años, con objetivos claros en el calendario y cuantificados con importes concretos, debería ser el siguiente paso, dividiendo esos importes entre los meses que quedan hasta la fecha y destinando (en la medida de lo posible) cada mes un dinero para ese fin.

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