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Reclutar

Los trabajadores son los más indicados para tomar la decisión final de selección

Franc Ponti

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Franc Ponti. Profesor de innovación en EADA Business School

Franc Ponti. Profesor de innovación en EADA Business School

¿No les parece una palabra fea? Bueno, quizá es que yo soy de los que todavía hice el servicio militar y fui recluta. Ya saben, un año perdido aprendiendo el escalafón militar, dando barrigazos y poca cosa más.

En recursos humanos, otra expresión desafortunada, usan indistintamente los verbos ‘seleccionar’ o ‘reclutar’. Son palabras algo despectivas. Seleccionar implica escoger a los mejores, como si los demás no valieran la pena. Y reclutar, en fin, uno imagina a cientos de candidatos vestidos a lo militar esperando ejecutar pruebas de todo tipo para que algún sesudo equipo de directivos acabe dictando sentencia.

La praxis clásica del reclutamiento reza que, cuando una empresa necesita gente, se inicia un proceso muy calculado: definición del puesto de trabajo, búsqueda activa de candidatos a través de bolsas de trabajo o similares, entrevistas o pruebas de selección y, finalmente, la decisión de quién será el afortunado o la afortunada.

El problema es que, normalmente, estos procesos operan de abajo a arriba. Es decir, son los directores de la empresa o, en su defecto, de un departamento, los que tienen el poder final para decidir quién va a ser reclutado. O, también, las consultoras de recursos humanos que subcontractamos para ahorrarnos esta tarea. Todos ellos, con su varita mágica, darán el toque final al proceso y nos brindarán una mujer o un hombre con el perfil y el potencial más adecuados.

Hasta ahí todo perfecto. Pero, ¿qué papel juegan los que van a ser compañeros de viaje? Normalmente, no tienen ningún poder de decisión, ni siquiera de opinión. Me refiero a los colegas de un determinado departamento o división que van a tener que trabajar con la persona seleccionada. A menudo son los que mejor conocen las características del puesto de trabajo que hay que cubrir y, en consecuencia, tienen una idea muy clara del perfil necesario. Pero no pueden ni abrir la boca. Y si lo hacen, muchas veces no se les tiene en cuenta de manera seria. Increíble, pero cierto.

Los trabajadores de un determinado departamento son los más indicados para acabar tomando la decisión final del proceso de selección, especialmente si el seleccionado va a ser su jefe o jefa. Pero no sólo eso: deberían intervenir en la descripción del rol de trabajo, ayudando a adaptarlo a los cambios vertiginosos del entorno. 

Organizaciones punteras como Whole Foods Market, Cyberclick o Morning Star ya actúan de esta manera.

Muchas empresas tienen, todavía, miedo. Miedo a distribuir el poder y miedo a no conseguir, algunas veces ‘colocar’ a sus amiguitos. No olvidemos que en muchas empresas actúa una cierta autoridad de tipo mafioso que evita que las cosas se profesionalicen, se democraticen y, en definitiva, se higienicen.
Pero... Oigo una voz lejana: «las empresas no son una democracia». Bueno, qué pena que queramos la democracia sólo para algunas cosas y no en nuestra empresa. ¿No les parece, amigas y amigos demócratas?

Franc Ponti es profesor de innovación en EADA Business School

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