Sangría premium para exportación

Desde Sarral, en la Conca de Barberà, Enric Vidri vende a una quincena de países sus sangrías de cava embotelladas, pensadas para su consumo como cóctel 

Rafael Servent

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Enric Vidri, en Sarral, junto a las tres líneas de producto de La Petarda FOTO: Alba Mariné

Enric Vidri, en Sarral, junto a las tres líneas de producto de La Petarda FOTO: Alba Mariné

Un día, un hotelero de Salou contactó con Enric Vidri (Sarral, Conca de Barberà, 37 años), a quien solía comprar vinos de su bodega familiar Celler Rosa Maria Torres, para pedirle algo peculiar. «Me dijo: ‘La sangría de cava no hay dos camareros que la hagan igual, y no hay manera de hacer un escandallo de costes. ¿Podríamos hacer una sangría de cava embotellada?’», recuerda Vidri.

En 2017, este emprendedor lanzaba La Petarda, la primera sangría de cava embotellada del mercado, con la vista puesta en el segmento premium de exportación. Una sangría para extranjeros que se aleja del concepto ‘sangría para guiris’. Aunque junto a la sangría de cava salió también al mercado una sangría con base de vino tinto, el enfoque que quiso darle Enric Vidri era «que fuese como un cóctel».

Aprovechando su experiencia con el cava en los mercados de exportación, donde Celler Rosa Maria Torres tiene una buena posición en el Benelux, buscó imprimirle un aire más sofisticado, que aprovechase el tirón de la marca Barcelona y, en general, de lo mediterráneo.

Para ello creó una empresa dedicada expresamente a esta nueva línea de productos, con sede en Sarral y a la que llamó Caràcter Mediterrani, y decidió ubicar el proceso de embotellado en el Penedès, con una planta para carbonatar las sangrías «con la que acabamos de rectificar la presión, para que siempre sea homogénea», que a la vez les permite incluir en la etiqueta la marca ‘Barcelona’.

Con un millón de botellas vendidas en el año 2019 (antes de la caída generalizada del pasado 2020) y presencia en 14 países (entre ellos China, Canadá y muchos de los Estados miembros de la Unión Europea, donde «hay una buena cultura de cava»), La Petarda «es nuestro producto estrella, el más vendido», con precios de venta al público entre los 8 y los 10 euros.

Su nombre es un juego de palabras con su base de cava (el 70% de las ventas, frente al 30% que representa la sangría de vino), donde el burbujeo del gas, en catalán, peta. «La Petarda -explica Enric Vidri- es porque la burbuja peta. Es un producto que ‘tiene chispa’». Un concepto muy alejado de la tradicional sangría, «en un mercado de sangrías premium que se está batallando».

En el año 2019, La Petarda vendió un millón de botellas. Esperan duplicar la cifra en 2022

Con la vista puesta en ese segmento premium, la comercialización de La Petarda evita la gran distribución y se limita a la restauración y a los comercios especializados: «No entramos en la cadena de supermercados, porque creo que desmereces el producto». La orientación internacional tampoco es ajena a su diseño, que presenta sus sangrías en envases con tapón mecánico, «para poder servir copas individuales, presentándola en la mesa con una cubitera». La cultura de consumir copas en lugar de botellas es habitual en mercados como el belga o el holandés.

Esta semana, Caràcter Mediterrani ha incorporado una tercera opción al catálogo de La Petarda, con una sangría de cava tropical, que contiene fruta de la pasión y piña, y a la que Enric Vidri augura grandes éxitos, a decir de la respuesta que está teniendo en algunos de sus mercados de exportación. «Pienso que, con la sangría tropical, en 2022 podremos llegar a duplicar nuestras cifras, hasta los dos millones de botellas».
Caràcter Mediterrani confía en cerrar este año con una facturación alrededor de los 2 millones de euros, de los cuales un 70% en exportaciones.

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