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Sostenibilidad y finanzas deben ir de la mano

Ante los cambios de conducta de la sociedad en el cuidado del medio ambiente, la industria financiera no se ha quedado atrás, y está haciendo un esfuerzo por la sostenibilidad

Andrea Carreras-Candi

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Una de las lecturas positivas que podemos extraer de toda esta situación que estamos viviendo por culpa de la evolución de la pandemia de la Covid-19 es que ahora estamos más concienciados con el cuidado del medio ambiente.

No podemos negar que ahora estamos más concienciados con el reciclado, con la tala indiscriminada de árboles, con el consumo excesivo de plásticos o con el cuidado de nuestros mares y océanos, conscientes de que cuidar el planeta es una obligación si queremos dejar un mundo mejor a nuestros hijos. Es por ello que, tanto gobiernos como organizaciones mundiales y las grandes compañías, están implantando medidas y desarrollando iniciativas para tratar de conseguir un planeta mucho más sostenible.

Ante estos cambios de conducta general de la sociedad, que también tiene su reflejo en el ámbito regulatorio, la industria financiera y sus profesionales no se han quedado atrás y están haciendo un esfuerzo por fomentar la sostenibilidad desde todos sus ámbitos de actuación, desde los procesos internos hasta la forma de centralizar las estrategias de inversión, orientadas a compañías que se rijan por los criterios ESG, invirtiendo de forma socialmente responsable.

¿Pero a qué nos estamos refiriendo exactamente cuando hablamos de ESG? Estas siglas se ciñen a aspectos ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo, a la hora de seleccionar compañías que puedan formar parte de las estrategias de inversión de gestores de fondos y entidades. 

Solo en España, la inversión sostenible alcanzó los 285.454 millones de euros durante 2019, un incremento del 36% respecto al año anterior, marcando una cifra histórica, según los datos de Spainsif, y no ha parado de crecer en el último año, focalizado también en el ámbito de la inversión minorista. Sin duda, la crisis de la Covid-19 ha servido como catalizador para acelerar una tendencia que ya estaba provocando cambios en la forma de gestionar las inversiones, donde cada vez se integran más estrategias de inversión basadas en fondos con criterios ESG.

Se trata de una nueva forma de plantear estrategias de inversión que ya no tiene vuelta atrás, empujada también por la presión regulatoria. Sin ir más lejos, en pocos días entra en vigor el Reglamento sobre Divulgación de Finanzas Sostenible (SFDR) que propone fomentar una mayor transparencia en el modo en que los players del mercado integran en sus decisiones y recomendaciones de inversión los factores de sostenibilidad, clasificando los fondos en tres categorías (gris, verde claro y verde oscuro), un etiquetado estandarizado de productos que ayudará a los inversores hacerse una mejor idea del carácter sostenible de sus inversiones.

La industria financiera, los reguladores y los propios profesionales se han puesto las pilas para adecuar su desempeño diario a este nuevo escenario. Por el lado del cliente, es cierto que los asesores financieros cada vez estamos notando un mayor interés por parte de los clientes con respecto a las inversiones responsables.

En este sentido, la disponibilidad y publicidad de este tipo de productos ha irrumpido en el mercado español en los últimos dos o tres años, en línea con los esfuerzos de la UE para impulsar este sector. No obstante, todavía existen algunas dudas recurrentes que surgen a ahorradores e inversores particulares cuando se adentran en el ámbito ESG, por lo que cabe tirar por tierra algunas falsas creencias como que conllevan malas rentabilidades, porque se limita el universo en el que se invierte por razones no financieras, también se dice que la inversión está penalizada, aunque la mayor parte de las investigaciones académicas llevadas a cabo sobre el rendimiento real de las carteras de inversión sostenible no ha mostrado ninguna penalización sobre la rentabilidad, o que se trata de productos más caros que sus competidores tradicionales. 

La inversión ESG ha venido para quedarse, 2020 y la Covid-19 solo han provocado un impulso definitivo de la inversión bajo criterios ESG, abriendo los ojos hasta a los más descreídos. Las inversiones del presente y del futuro más inmediato serán sostenibles o no serán, ahora los esfuerzos de la industria se tendrán que concentrar en el fomento de la educación e información a los clientes.

Andrea Carreras-Candi: Directora de EFPA España

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