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Economía Emprendedores

Un sueño sostenible

La arquitecta Èlia Vaqué ha regresado a Móra d’Ebre para abrir un innovador hotel y gestionar despacho propio

Andreu Caralt

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La arquitecta e impulora del hotel sostenible La Casa del Castell, Èlia Vaqué, ayer

La arquitecta e impulora del hotel sostenible La Casa del Castell, Èlia Vaqué, ayer

La crisis del ladrillo ha sido una fuente inagotable de proyectos emprendedores en todos lon rincones de Cataluña. El caso de la arquitecta Èlia Vaqué Brull,y su pareja, Oriol, son un vivo ejemplo de ello.

Nacida en Móra d’Ebre, inició su carrera laboral a jornada completa en 2005 en el despacho de un profesor de la universidad de la UPC donde estudiaba la licenciatura de arquitectura.  Completados los estudios, pudo proseguir su carrera laboral en el mismo estudio hasta el 2011. Entonces, la crisis obligó a cerrar de manera forzada una etapa laboral de siete años. Sin trabajo, la pareja replanteó su futuro. «O marchábamos a hacer las Europas como la mayoría de nuestros amigos o reinterpretábamos nuestras vidas».

Aquel año Vaqué había decidido abrir un pequeño despacho de arquitectura «y empezamos a darle vueltas a todas las piezas del puzzle que teníamos encima de la mesa». 

Años atrás habían adquirido en Móra d’Ebre la casa de sus abuelos «más por motivos sentimentales que no por deseo expreso de volver al pueblo». Una pieza. Disponían de un pequeño cajón de ahorros. Segunda pieza. Habían descubierto una subvención del Departament de Agricultura para zonas despobladas de Cataluña. Tercera pieza. No tenía ninguna oferta laboral atractiva sobre la mesa. Cuarta pieza. «Pero sobretodo deseábamos coger las riendas de nuestro día a día y no adentrarnos en la selva laboral de otros países». Quinta y definitiva pieza.

La pareja regresó a Móra d’Ebre y convirtió la propiedad  familiar en un innovador hotelito rural junto al castillo medieval de la población.
Vaqué por aquel entonces se había especializado en arquitectura de bajo consumo y había estudiado sobre los estándares passivhaus (casa pasiva) por lo que quería mostrar al cliente cómo era un edificio donde era posible lograr una temperatura confort sin recurrir sistemáticamente a la calefacción y la refrigeración gracias a un buen aislamiento, la ausencia de puentes térmicos y la renovación mecánica del aire.  «Creo en una nueva manera de construir, más idónea para nuestro planeta -y nuestros bolsillos- sin dejar aparcados otros campos de la arquitectura como la funcionalidad, la estética, la historia y la tecnología».

El hotelito, denominado la Casa del Castell, abrió puertas en julio de 2015. En la planta baja disponen de una vermutería y el vestíbulo. En las plantas superiores se distribuyen las cuatro habitaciones del hotel, una sala de cocina para realizar actividades y eventos y el despacho de arquitectura de Vaqué. 

El edificio alcanza un ahorro energético del 80 por ciento  y destaca de su construcción dos sistemas considerados innovadores como son el entramado ligero de madera y aislamiento de fibra de madera y el uso de bloques de hormigón celular. 

La idea inicial era que ellos dos llevarían el proyecto en exclusiva pero la gran aceptación de la clientela y el trabajo en el estudio de arquitectura les ha convencido a contratar a una persona, pedagoga y prima suya que no encontraba trabajo.

Vaqué esperaba que una vez terminados sus estudios no volvería a Móra d’Ebre, que se quedaría en Barcelona o se establecía en un país más al norte. «Pero lo que he ido aprendiendo es ir haciendo el camino y caminar como quieras, más que ponerte objetivos. Si soy sincera, nunca me habría planteado la aventura del hotel y realmente ha sido impresionante».

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