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Una década del arranque de la Gran Recesión

Devaluación interna  y mercados exteriores al alza marcan el balance de una década en el Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre

Rafael Servent

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Diez años del arranque de la Gran Recesión. Lehman Brothers cayó un 15 de septiembre de 2008, desatando el pánico global en los mercados financieros y los llamamientos a «refundar el capitalismo». Luego llegó el cierre del acceso a la financiación bancaria para empresas y familias. Los rescates de bancos. El fin de la era de las cajas de ahorro, con Caixa Tarragona como una de las múltiples desapariciones en ese proceso de fusiones y absorciones. Los ERE. Los despidos. La devaluación interna a base de salarios y condiciones laborales.

La caída en picado del consumo. Los cierres de empresas. El aumento desbocado de la deuda pública. La prima de riesgo a niveles que disparaban los rumores de rescate.

También la innovación y la creación, con los conceptos «reinventar» y «emprender» como palabras afortunadas. La internacionalización, con exportaciones de récord año tras año. Los cambios profundos que marcaron tendencias.

La efeméride merece un balance. ¿Cómo estábamos y cómo estamos una década después? Primera evidencia: todavía nos falta un buen trecho para recuperar los niveles previos a la crisis en no pocos indicadores. Segunda evidencia: hay cosas que han cambiado mucho, y que nunca volverán ya a ser como antes.

Muy lejos de los precios del 'boom' Tras el ‘ladrillazo’, la caída de precios en el sector inmobiliario tocó fondo, con tímidas recuperaciones que quedan muy lejos de los récords de 2007 y principios de 2008. Como ejemplo, el precio de venta del metro cuadrado de vivienda en la ciudad de Tarragona: de 2.781 euros en 2008 a 1.612 euros en 2018. 

Menos empresas
Según cálculos del Observatori Empresarial de la Confederació Empresarial de la Província de Tarragona (Cepta), en el año 2008 había 29.862 empresas activas en la demarcación de Tarragona, tomando como referencia las cuentas de cotización a la Seguridad Social. Una década después, en 2018, esa cifra está en las 26.119 empresas activas. Es decir, 3.743 empresas menos o, lo que es lo mismo, un 12,53% por debajo de los registros previos al arranque de la Gran Recesión. La salida a la crisis iniciada en 2015 no ha bastado todavía para recuperar unos indicadores que se desplomaron entre los años 2008 y 2014.

La peor parte, como era previsible en una crisis financiera que aquí coincidió con el terreno abonado de una burbuja inmobiliaria sin precedentes, se la llevó el sector de la construcción, que si en 2008 contaba con 6.312 empresas activas (según cálculos de Cepta), en julio de 2018 (fecha de publicación de este estudio) había reducido esa cifra hasta las 2.763 empresas.

Mientras, el sector agrícola había logrado pasar de las 309 empresas activas hasta las 361 (aunque con un peso relativo muy pequeño sobre el total del tejido empresarial) y el sector servicios, mayoritario entonces y ahora, arrojaba también un discreto balance positivo, al pasar de las 20.593 empresas activas en 2008 en las comarcas del sur de Catalunya a las 20.718 en 2018.

La industria, por contra, asociada a los empleos de ‘mayor calidad’ (mejores sueldos y condiciones laborales, más I+D+i...) acusa todavía los estragos de los años más duros de los concursos de acreedores y los procesos de liquidación. Si en las comarcas de Tarragona el sector industrial contaba en 2008 con 2.648 empresas activas, su número en julio de 2018 todavía se encontraba en las 2.277 empresas activas.

El mercado exterior que nos salvó La internacionalización de las empresas ha sido la gran tabla salvavidas para muchas de ellas durante los años más duros de la Gran Recesión. De un valor de las exportaciones en la demarcación de Tarragona de 5.724 millones de euros en 2008 se pasó a 8.680 millones en 2017. Un incremento del 51,6%.

Más tamaño
La Gran Recesión alcanzó a todos, aunque no por igual. En el balance tras una década desde su arranque, sólo las grandes empresas salen reforzadas, al pasar de 90 empresas activas en 2008 a 101 en 2018, lo que supone un incremento del 12,2%. En el lado opuesto se encuentran las micro y pequeñas empresas, con caídas en su número del 12,1% y del 18,2%, respectivamente.

En el caso de las microempresas, al pasar de las 25.843 existentes en 2008 a las 22.708 de 2018. Es decir, 3.135 empresas activas menos. Las pequeñas empresas, las más perjudicadas, en términos relativos, en el balance de esta década, pasaron de las 3.292 empresas en 2008 a las 2.691 cifradas por la Cepta para la demarcación de Tarragona en 2018.

Aunque con tasas negativas (un retroceso del 2,8% en esta década, al pasar de 637 a 619), las empresas de tamaño medio resisten mejor que micro y pequeñas empresas.

¿Qué hay del mercado laboral? También los datos aquí tienen todavía mucho margen de recorrido respecto a los registros de 2008. Menos población activa (de 409.700 personas en el Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre en el segundo trimestre de 2008 a 395.500 personas en el segundo trimestre de 2018, según datos de Idescat), más población inactiva (de 243.100 personas a 258.800 personas), menos población ocupada (de 372.000 personas a 337.400) y una tasa de paro más de cinco puntos por encima. Concretamente, de un 9,2% en el segundo trimestre de 2008 a un 14,7% en el mismo período de 2018.

La realidad a la baja del mercado laboral se tradujo en una caída de la renta disponible. Entre 2008 y 2015 (últimos datos estadísticos disponibles y primer año de la recuperación económica), la renta familiar bruta disponible por habitante había caído de los 17.600 euros por habitante en el Camp de Tarragona a los 14.700 euros, mientras que en Terres de l’Ebre se había pasado de 16.700 euros a 13.000 euros.

La devaluación interna, con los recortes en las condiciones salariales y laborales de los ciudadanos en cabeza, fue lo que en estos años tiró del crecimiento del PIB, que también entre 2008 y 2015 (últimos datos disponibles) resistió desde los 14.424 millones de euros hasta los 15.078 millones en el Camp de Tarragona, aunque retrocedió desde los 4.512 millones de euros hasta los 4.191 millones en Terres de l’Ebre.

En el caso del Camp de Tarragona, ese crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) durante los años más duros de la Gran Recesión y el primero de recuperación acumuló un incremento del 4,5%. Una tímida mejora que no estuvo acompasada con la evolución del PIB por habitante, que al pasar de 29.000 euros en 2008 a 29.400 euros en 2015 apenas aumentó un 1,37%.

Capítulo aparte merece el sector inmobiliario: de 16.614 viviendas terminadas en 2008 en la demarcación de Tarragona (en 2005, esa cifra alcanzó las 25.420 viviendas) se pasó a 1.010 en 2017, tras haber llegado a caer hasta las 389 viviendas en 2015. Pocos vaticinan que esas cifras vayan a volver jamás.

Ahora que el Banco Central Europeo va a dar por finalizada la crisis, cerrando el grifo a la compra de deuda a final de año y, previsiblemente, volviendo a subir los tipos de interés desde el mínimo histórico del 0%, volveremos a ponernos a prueba.

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