Descuentos agresivos contra el desperdicio alimentario

El ‘happy hour’, con ofertas enormes minutos antes de que venza la fecha de caducidad, es tendencia en Europa

| Actualizado a 24 diciembre 2020 14:27
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Uno de los últimos virales en las redes profesionales lo protagonizó la semana pasada una cadena de supermercados finlandesa, S-market, al poner en marcha un ‘happy hour’ a pocos minutos de su cierre diario, con descuentos agresivos para aquellos productos alimentarios con fecha de caducidad inminente. Un reportaje del New York Times le puso en el timeline de Linkedin de más de un gurú del marketing.

Aunque, en realidad, más que de marketing se tratase de otra iniciativa para atajar el desperdicio alimentario, una preocupación global donde organismos como la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) cifran en un tercio de la producción mundial de alimentos lo que se echa a perder o termina en la basura. ¿Qué estamos haciendo al respecto nosotros? ¿Tenemos aquí empresas de distribución con propuestas como el ‘happy hour’ de la cadena de supermercados finlandesa?No exactamente, aunque nos acercamos. Si hablamos de distribución, quien más, quien menos, hace años que cuenta con acuerdos con entidades sociales para donar esos productos que todavía son aptos para el consumo pero ya no tienen recorrido comercial (porque su fecha de caducidad es inminente, porque han perdido su aspecto ‘apetecible’...). También hay descuentos en esos casos, con ofertas promocionadas de productos idénticos en el mismo lineal, con la única diferencia de una fecha de caducidad.

Pero, aunque a menudo las tiendas y supermercados son las que carga con la etiqueta de concentrar el desperdicio alimentario, la realidad es bien distinta. Un informe de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc) titulado ‘Hábitos de aprovechamiento de los alimentos en los hogares españoles’, destaca que la distribución representa apenas el 5% del desperdicio alimentario que se produce en la cadena de valor alimentaria en España, frente al 14% de la restauración y el 39% de la industria.

Con un 42% del desperdicio total de alimentos que se produce cada año en España -y que según el Ministerio de Agricultura asciende hasta los 7,7 millones de toneladas-, los consumidores son los primeros responsables de que esos alimentos terminen en la basura, según los cálculos de Aecoc.

«El problema no es tan simple como montar un ‘happy hour’ [para aquellos productos a punto de caducar] o llegar a acuerdos con bancos de alimentos», explica David Esteller, responsable del programa contra el desperdicio alimentario de Aecoc. «Si tú fabricas un producto y no lo vendes -prosigue-, eso es una pérdida económica. Tirar el producto es una ineficiencia, y puede haber miles de causas para ello, desde pedidos mal hechos a estacionalidades, como en el caso del turrón al terminar la Navidad».«En el sector primario, por ejemplo -abunda Esteller-, tenemos el problema de la climatología. Si yo tengo que servir 2.000 calabacines y planto para tener 2.500 por si viene un granizo, pero después esas plantas me acaban produciendo 3.000, quedan 1.000 calabacines que terminan en el campo».

«Si pasamos al sector secundario -prosigue-, encontraremos fábricas que pueden ser más eficientes. Y cuando llegamos a la distribución, ocurre lo mismo: yo puedo tener la previsión de vender 1.000 pizzas porque hay un partido de fútbol, pero resulta que se cancela y no vendo ni una».

El gran dilema de la distribución, explica, gira siempre en torno al hecho de que «o pides poco y te quedas corto en ventas, o pides demasiado y te sobra». Aunque asegura que «hay estrategias, y todos los distribuidores tienen alguna fórmula para no terminar tirando el producto al vertedero. Quien más, quien menos, tiene un acuerdo con una entidad beneficiaria próxima para darle esos alimentos, y etiqueta productos con reducciones de precio del 30% cuando están a punto de caducar».

Desde el año 2012, esta asociación impulsa un proyecto para reducir el desperdicio alimentario en el que se ha implicado toda la cadena de valor (sector primario, industria, distribución, administración y bancos de alimentos), con el apoyo de cerca de 500 empresas fabricantes y distribuidoras del sector del gran consumo, servicios logísticos y transporte.

Aseguran que, desde que arrancó este proyecto, las empresas participantes en la iniciativa han logrado reducir el porcentaje medio de desperdicio sobre el total desde el 1,71% inicial hasta el 0,7% actual. Queda, sin embargo, el importante papel que juegan aquí los consumidores, responsables de ese 42% del desperdicio alimentario.

Entran aquí en juego factores relacionados con el consumo responsable y la educación como consumidores, con herramientas para llevarlo a cabo. «Todos nosotros como consumidores -ejemplifica Esteller-, si vemos un bar vacío y otro lleno al lado, en el vacío no entramos. De la misma forma, si vas a un supermercado a última hora de la tarde y ves los estantes vacíos, ese supermercado te da ‘cosita’. ¡Pero si resulta que lo han hecho bien! Por la mañana lleno de productos y por la noche vacío, eso es perfecto, ¿no? Pero dices: ‘no me convence’. Es difícil calcular el equilibrio aquí».

Compramos por la vista. «Hay empresas de distribución que nos dicen: ‘yo pondría a la venta calabacines torcidos, pero no los compran; los consumidores solo compran los rectos’. Así surgen herramientas como el sinfín de app para poner en contacto comercios con compradores, donde se anuncian los excedentes rebajados de cada día para darles una salida comercial, u organizaciones como Espigoladors, un proyecto de economía social que pacta con los agricultores un permiso para espigar sus campos, una práctica tradicional consistente en recolectar aquellas frutas y verduras que han quedado en el campo después de que el agricultor haya cosechado todo lo que quería, y que de otra forma se echarían a perder.

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