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Cuatro pautas para gestionar mejor nuestro estrés

Aprender a identificar las señales de alarma que nos alertan del riesgo de entrar en
un colapso por estrés acumulativo es tan importante como trabajar en su prevención

| Actualizado a 21 junio 2022 13:15
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Contar con recursos para gestionar nuestro estrés fue el objetivo del taller que impartió recientemente en Tarragona, invitada por la Universitat Rovira i Virgili (URV), la psicóloga y experta en gestión emocional Míriam València. Titulado Trucs per gestionar l’estrès y dirigido al colectivo Alumni URV, así como a los estudiantes de último curso de grado, de máster y doctorado, este taller dio algunas pautas para encarar un fenómeno al alza.

«Llevamos unos ritmos de vida -reflexiona Míriam València- que hacen que los niveles de estrés suban. Son niveles de estrés psicosocial, y en el entorno laboral hay mucho de él». En su opinión, «el problema es que no desconectamos del trabajo, y eso hace que la gente termine sufriendo estrés patológico».

Porque «estrés -recuerda esta profesional de la psicología-, todo el mundo lo vive. Los animales se estresan para no ser comidos. La respuesta natural al estrés es correr o huir, pero nosotros no podemos huir del trabajo, porque perderíamos el empleo».

Y, aunque el estrés es común a todos los seres vivos, «la sensación de estrés es subjetiva, porque lo que a ti te puede estresar en el trabajo no tiene nada que ver con lo que me estresa a mí. Después, hay genética y carácter. Hay gente que de forma natural tolera mejor el estrés».

Dicho esto, aunque «cierto nivel de estrés» es algo natural, «hay que poner una señal cuando entramos en niveles peligrosos -alerta Míriam València-, con síntomas como migrañas, dolores de cabeza, tics, sudoraciones, temblores, insomnio, pérdida del apetito o apetito desmedido... cosas que no te sucedían y que, si te suceden, son una señal de alarma importante».

«Hay que poner una señal cuando entramos en niveles peligrosos de estrés» (Míriam València, Psicóloga y experta en gestión emocional)

«Las señales de alarma -explica- las tiene todo el mundo. Que tú las reconozcas o no, es otra cuestión. Pero surgen siempre». Las razones para alarmarse se justifican por el riesgo de que «un estrés acumulativo» (sin un principio y un final claramente definidos, como sería el caso de un período de exámenes) pueda desembocar en «un colapso».

«En un momento determinado -ejemplifica esta experta en gestión emocional-, se acumulan el trabajo, con un plazo de entrega inminente y una presentación que hay que preparar, un curso de formación que estás siguiendo, con otro plazo de entrega de trabajos, los hijos, con unos grupos de WhatsApp que hablan de regalos para profesores y festivales de fin de curso, y un embotellamiento de tráfico cada día. Y, de repente, todos estos síntomas aparecen y cualquier pequeño incidente puede hacer que entres en colapso».

Llegados a esa situación, «cuando entras en colapso, has de parar y ser capaz de hacer el ejercicio de que todas esas cosas no te importen. De lo contrario, esto se cronifica y desemboca en enfermedades». Un estrés cronificado puede llevar, «en un 40% de los casos, a un estado de ansiedad, en un 30% a una depresión, y en otro 30% a otras cuestiones como adicciones, disfunciones... Aunque el cuadro de estrés patológico es excepcional».

No así el colapso de estrés, «que notas seguro, y en el que has de tener esa capacidad de parar, tomándote un día libre en tu trabajo si hay que hacerlo». Evitar llegar a esa situación, detectando correctamente las señales que nos envía nuestro cuerpo y previniendo, en lo posible, su aparición, es el reto. Míriam València da cuatro pautas para acercarnos a ese objetivo.

Envejecer bien

«La primera cosa -explica Míriam València- es envejecer bien. Es algo muy fácil de decir pero muy difícil de hacer. Tiene que ver con una buena alimentación, con hábitos saludables, con una existencia plácida... y no todo el mundo puede, no es tan fácil. Hay personas que, simplemente por el lugar en el que han nacido, no pueden envejecer bien».

Ejercicio físico

«Las personas que practican ejercicio físico habitualmente -asegura Míriam València- tienen muchas menos posibilidades de sufrir estrés, ya que durante la práctica liberan cortisol, noradrenalina y adrenalina».

Distracción social

«Ir al cine, quedar con amigos, ir al fútbol... cualquier cosa que rompa con la situación en la que estás, que te guste y que te siente bien», explica esta psicóloga. «Se trata de distraerse con cosas agradables, centrándote en hacer aquello que estás haciendo, no pensando en lo otro. Ha de ser algo consciente y rompedor, y lo ideal sería que cada día tuviésemos un ratito para nosotros, de manera consciente».

Relajación o meditación

«Con quince minutos al día de relajación o meditación -concluye Míriam València- es suficiente». Y, para ello, no hace falta ser un maestro en la práctica del yoga. «YouTube está lleno de tutoriales de relajación, como la relajación muscular progresiva de Jacobson. Si lo practicas cada día como rutina, volverás al equilibrio del cuerpo».

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