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Volver a empezar

James Clear dice que para conseguir cambiar un hábito tenemos que visualizar claramente la recompensa que vamos a obtener al final. Sin ello, es difícil empezar

| Actualizado a 11 septiembre 2022 11:14
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Después de una vacaciones casi normales, la mayoría nos disponemos a recuperar rutinas perdidas e incorporarnos gradualmente al mundo laboral. Suele ser un buen momento para fijar objetivos a conseguir, igual que a principios de año: ir al gimnasio, comer menos, leer más, dejar de fumar, etc.

Pero casi siempre sucede que esas promesas quedan sin cumplirse. La vida es un torrente de hábitos ya consolidados y sabemos que cuesta un montón introducir costumbres nuevas, sobre todo a cierta edad.

En estos últimos meses he podido leer y trabajar un libro interesante. Se trata de Hábitos atómicos, del periodista James Clear. Ha vendido más de ocho millones de ejemplares en todo el mundo y, lo más importante, está ayudando a muchas personas a cambiar, de verdad, sus hábitos.

Una de las ideas fundamentales del libro es que es bueno fijar metas a conseguir (adelgazar un poco, por ejemplo) pero que lo más importante es «centrarse en el sistema». Por sistema entendemos la manera a través de la que intentaremos conseguir nuestro objetivo. Dicho de otra manera, no se trata tanto de conseguir tener algo (el objetivo o la meta) sino de conseguir transformarnos (anteponer el ser al tener). En efecto, muchas veces intentamos conseguir algo pero no lo logramos porque no sabemos diseñar un sistema que permita que las circunstancias alrededor de ese algo a cambiar también se modifiquen.

Vayamos a lo práctico. James Clear dice que para conseguir cambiar un hábito tenemos que visualizar claramente la recompensa que vamos a obtener al final. Sin esa señal es difícil empezar a movilizarnos. Por ejemplo, dejar de fumar me va a permitir respirar mucho mejor, hacer deporte sin tantos problemas de cansancio y disipar el riesgo de contraer diversas enfermedades. Esta señal debería despertar en mí un auténtico deseo de cambiar.

A partir de ese momento todo empieza a ser más fácil: ¿qué voy a hacer para lograr cambiar? ¿Qué respuesta práctica y concreta va a permitir mi transformación interior? Cuanto más me aproxime a la recompensa final más motivación voy a sentir y, en consecuencia, más voy a insistir en la respuesta.

Una de las claves para lograr que todo ese mecanismo se active (señal, deseo, respuesta y recompensa) es procurar facilitar las cosas. No es fácil dejar de fumar si estoy con amigos fumadores todo el tiempo. Tampoco es buena idea seguir con hábitos asociados a fumar (café, comidas abundantes, etc.). Por tanto, es importante diseñar un entorno que facilite mi respuesta y me acerque a la recompensa. Recordemos: es importante no obsesionarse con el objetivo final y centrarse en el sistema.

Las leyes atómicas son muy claras: haz que algo resulte obvio, atractivo, fácil y que genere satisfacción. Si quiero hacer algo de yoga por la mañana, pongo mi despertador un poco antes (obvio), tengo ya preparada la colchoneta en un lugar agradable y con música relajante (atractivo), hago dos o tres ejercicios sencillos (fácil) y me detengo unos momentos a sentir los efectos positivos que esta práctica está teniendo ya en mí (satisfactorio).

Recuerden el grito de guerra de un personaje de cómic de nuestra infancia: «Contra el mal... la Hormiga Atómica».

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