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Quinta Revolución Industrial

La Quinta Revolución Industrial parece que tiene ciertas características propias que la hacen sustancialmente distinta a cualquiera de las anteriores

| Actualizado a 01 diciembre 2022 16:35
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A mediados del siglo XV, en 1453, la invención de la imprenta supuso un punto de inflexión en la historia de la humanidad: los textos podían copiarse con una rapidez nunca vista, y el impacto que ello generaría era incalculable. Hasta ese momento, el papel de reproducción y difusión de conocimientos estaba muy concentrado, y su liberalización hizo posible la proliferación de textos en la Edad Media, y revolucionó la cultura ampliando el número de lectores potenciales al multiplicar el número de libros y reducir su coste. El mundo jamás volvería a ser igual.

Un cambio de tal magnitud implicó la progresiva desaparición del oficio de copista, pero aparecieron nuevos perfiles profesionales, como técnicos en artes gráficas, y aumentó mucho la demanda de productores de papel, tinta, encuadernadores, etc.

Un análisis similar podríamos hacer con la aparición y popularización del automóvil, sobre todo a inicios del siglo XX, desde que en 1885 Carl Benz patentara su Benz Patent-Motorwagen. El paulatino proceso de sustitución del coche de caballos por el automóvil trajo consigo la caída en la demanda de multitud de perfiles profesionales, pero creó todo un nuevo ecosistema laboral en el que aparecieron mecánicos, fabricantes de recambios, el sector del caucho, aseguradoras, parkings, gasolineras, etc.

Podría parecer que actualmente estamos en un escenario de cambio comparable a alguno de los anteriores, pero creo que estaríamos pecando de incautos si consideramos que existe tal paralelismo. La quinta revolución industrial, que empieza a asomar por el horizonte, parece que tiene ciertas características propias que la hacen sustancialmente distinta a cualquiera de las anteriores.

Espera un momento: ¿qué es eso de ‘quinta revolución industrial’? A todos nos suena el concepto de revolución industrial. Pero, ¿la quinta?

Técnicamente el proceso conocido como Revolución Industrial, que mentalmente asociamos a la invención de la máquina de vapor y a la mecanización de la industria textil en la Inglaterra de principios del siglo XIX, ha ido experimentando diversas fases a lo largo de las décadas. La popularización del uso del petróleo y la electricidad con fines productivos a finales del siglo XIX se considera como la segunda revolución industrial, y la aparición de los ordenadores a mediados del siglo XX constituye la tercera. La cuarta revolución industrial, o industria 4.0, ligada a la aparición de internet, redes sociales, economía colaborativa y globalización, es la que hemos estado viviendo como sociedad a lo largo de las últimas tres décadas.

Los rasgos que todas ellas tienen en común es que han supuesto una mejora de los niveles de producción, y debido al aumento de oferta y reducción de costes, han contribuido a abaratar los precios de muchos productos, y han modificado en cada caso los patrones de consumo y de conducta preexistentes. A nivel socioeconómico, como en los ejemplos que hemos puesto, se suele decir que, a cada revolución industrial, unas profesiones nacen y otras mueren.

Pero ¿va a seguir esto siendo así? La llamada ya quinta revolución industrial hace referencia a esa revolución tecnológica que pretende potenciar la transformación del sector industrial en espacios inteligentes basados en IOT y en computación cognitiva. La tecnología consigue unir máquinas y humanos, y desarrollar la Inteligencia Artificial para que pueda realizar procesos similares a los que ejecuta el pensamiento humano. Por primera vez se desdibujan las líneas que definían los roles previos, en los que la automatización permitía la aparición de producción en cadena, pero la parte creativa, de diseño y de pensamiento abstracto era puramente humana.

Los cambios se van sucediendo poco a poco, pero a un ritmo nunca visto, y que comparado con los anteriores se antoja frenético. En muy pocos años han pasado a formar parte de nuestra cotidianidad Alexa de Amazon, Cortana, Siri, o el Asistente de Google. Incluso tenemos aspiradoras que deciden la mejor ruta para optimizar su recorrido en la limpieza de nuestro hogar.

En cuestión de meses, hemos presenciado los albores de este nuevo paradigma: Dall-e 2 o stable difusión, IAs que permiten hacer en segundos lo que antes suponía horas de un diseñador gráfico. Smodin o Quillbot, IAs para reescribir textos en segundos, en lugar de horas de un corrector de estilo. Luminar AI, que retoca imágenes de forma semi automática con una interfaz muy simple. O AIVA, el primer compositor artificial reconocido por la SACEM. Estamos hablando de un cambio único: el criterio y la toma de decisiones ya pasan primero por una inteligencia artificial, con una rapidez infinitamente superior a lo que supondría para cualquier equipo de humanos. Online, 24/7, y cada vez en más casos, gratis.

¿Qué va a pasar con los trabajos que serán sustituidos? ¿Cuál será el cometido del ser humano en el mercado laboral del futuro? ¿Qué valor diferencial podrá aportar? ¿Quedará algún ámbito para el que, de momento, sigamos siendo imprescindibles? Todavía tenemos algo de margen para empezar a plantearnos estas y otras preguntas, y definir de manera conjunta cómo queremos, como sociedad, que sean las directrices de este futuro inmediato. Es el momento de establecer las pautas generales, y paralelamente de trazar una estrategia individual, en función del perfil, la situación y los objetivos de cada uno. Estrategia para la que, si bien no existen fórmulas infalibles, sí que podemos definir ciertos elementos clave, imprescindibles para sobrevivir a todas estas transformaciones.

El nuevo paradigma va a premiar aquellos perfiles más versátiles, con mayor adaptabilidad. Aquellos que tengan capacidad de análisis, y rapidez de reacción. Los largos periodos inmutables de estabilidad serán escasos, por lo que, en un ambiente de permanente cambio, las oportunidades surgen de forma constante. Y serán para aquellos perfiles con capacidad de aportar un valor diferencial, exclusivo y único. Nadie dice que no pueda ser el tuyo. Solo tu inmovilismo.

Jaume González Trujillo es Coordinador académico de programas Business School de ESIC Catalunya

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