Recomendaciones para conductores con problemas de visión

La mayor parte de la información para conducir llega a través de la vista. Sin embargo, casi el 80% de los españoles tenemos algún problema de visión. Le damos las mejores recomendaciones para conductores que sufran algún problema en su visión al conducir

| Actualizado a 18 enero 2022 19:07
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Casi el 80% de la población en España tiene algún problema visual, según el informe “La Visión en España 2020”. Además, un 30% de los españoles sufre, al menos, dos problemas en su visión y un 14%, tres. Teniendo en cuenta que a través de los ojos los conductores recibimos el 80% de la información durante la conducción, se trata de una cuestión importante. Los principales trastornos son presbicia (42%), miopía (39%), astigmatismo (39%) e hipermetropía (18%).

Por ello, en la revista “Tráfico y Seguridad Vial” –en la sección dedicada a la Salud Vial– la asesora médica de la DGT, Elena Valdés, ha dado un repaso a las razones por las que es importante ver bien a la hora de ponerse al volante, algo que si bien todos conocemos, no pocas veces olvidamos.

Recomendaciones al conductor con problemas de visión

Utilice sus gafas o lentes de contacto para conseguir la mejor visión al volante.

Si tiene necesidad de usar gafas “de cerca” es recomendable que utilice unas gafas progresivas para observar mejor la información que recibe a través del tablero del vehículo.

Unas gafas de sol que eviten el exceso de luz hacen la conducción más confortable

Si nota dificultades para conducir de noche (no distingue bien las señales, no calcula bien la profundidad, etc.), evite conducir de noche o cuando haya malas condiciones de luminosidad (lluvia, niebla…). Planifique el viaje evitando condiciones climáticas adversas

Reduzca la velocidad: al aumentar la velocidad se reduce el campo de visión

Si toma algún fármaco que afecta a su visión, siga los consejos de su médico y evite la conducción nocturna.

Si el oftalmólogo, con motivo de una exploración, le dilata la pupila, no conduzca hasta que no se le pase el efecto de la medicación.

Procure conducir por rutas conocidas y poco concurridas.

Y es que la visión humana es muy compleja. Como explica el doctor Nouzet, en el “Manual sobre Neurología y Conducción”, “al conducir, el ser humano debe estar atento a las imágenes procesadas en los campos visuales centrales y periféricos, en diferentes condiciones de luminosidad y, por lo tanto, de contraste entre las imágenes, mientras está en movimiento sobre un entorno que, a su vez, tiene otros objetos móviles y, en muchas ocasiones, en condiciones adversas que, por sí mismas, disminuyen la visibilidad. Además, la función visual humana tiene un alto nivel de complejidad, debido a que necesita integrar diversos tipos de información (posición, tamaño, color, movimiento…) para elaborar una imagen nítida para el cerebro. Con todo, resulta sencillo entender cómo las alteraciones visuales pueden afectar a la capacidad de conducir vehículos”.

 

La agudeza visual (definición o detalle con que se perciben los objetos), el campo visual (espacio total que se abarca con la visión al mirar a un punto central) y la sensibilidad al contraste (capacidad para discriminar un objeto del fondo en el que se encuentra) son capacidades básicas para la conducción que se pueden ver alteradas por numerosas enfermedades o trastornos, bien del propio órgano de la visión (cataratas, glaucoma o alteraciones de la refracción, como la miopía, astigmatismo…), bien por enfermedades de otros órganos o sistemas, como la diabetes. La disminución de esas capacidades pone en riesgo la seguridad tanto del propio conductor como de terceras personas.

En los reconocimientos médicos para obtener o renovar el permiso de conducir, la primera exploración que se realiza al conductor es la agudeza visual, y en concreto la lejana. Una buena agudeza visual permite observar con precisión los estímulos visuales del entorno vial.

La normativa autoriza a conducir con una agudeza visual binocular de 0,5 (con o sin corrección); no obstante, se debe explicar al conductor que debe conducir con la mejor visión que pueda conseguir, y si logra una visión superior al 0,5 con gafas o lentes de contacto, aunque no esté obligado, es imprescindible que las utilice. Además, en malas condiciones de iluminación (de noche o con poca visibilidad), la agudeza visual se reduce, y es necesario contar con una adecuada sensibilidad al contraste –habilidad para identificar un objeto y separarlo del fondo en el que se encuentra (señales de tráfico, peatones, vehículos)–. Cuando la sensibilidad al contraste se altera hay que evitar la conducción del anochecer al amanecer.

DESLUMBRADOS.

El porcentaje de personas con alteraciones en la visión nocturna ha aumentado debido al envejecimiento general de la población. El deslumbramiento (pérdida de visión de corta duración, de 3 a 5 segundos, tras la exposición a una luz más intensa que la iluminación general) y la discapacidad que produce, cuando el tiempo para recuperar de nuevo su visión se alarga, aumenta con la edad, incluso con ojos sanos. Y se incrementa más en personas con cataratas y es más frecuente en operados de cirugía refractiva.

Los deslumbramientos se producen fundamentalmente de noche y muchos conductores evitan conducir de noche reduciendo su riesgo vial.

La legislación no aborda la visión cercana; sin embargo, es recomendable que quien precisa gafas de cerca utilice corrección con lentes progresivas que permiten ver de cerca y ‘leer’ la información que se recibe desde el tablero del coche (velocímetro, GPS...)

En cuanto al riesgo, más relevante que la agudeza visual es el campo visual que permite percibir la escena con amplitud. Algunas patologías (como retinopatías o degeneración macular) alteran el campo visual, impidiendo la conducción; pero, sin existir patología, otras circunstancias hacen perder campo visual, como algunos elementos de la estructura del vehículo. Para reducir su efecto se debe realizar un uso continuo de los retrovisores e incrementar los movimientos de rotación del cuello. Estas recomendaciones –también para los conductores con visión monocular– y explicar cómo se reduce el campo visual a medida que aumenta la velocidad ayudarán a quien padece patologías visuales a comprender la necesidad de viajar a menor velocidad.

Y con alcohol, peor

Si a la conducción nocturna se le añade el alcohol no solo se verán afectadas las aptitudes psicomotoras del conductor, su grado de atención y el tiempo de respuesta, también se puede alterar la calidad de la visión. A medida que aumenta la concentración de alcohol en sangre, disminuye la capacidad de discriminación visual y la capacidad de recibir estímulos visuales periféricos

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