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Una segunda vida para los contenedores marítimos

Tarraco Modular, en el polígono industrial Francolí de Tarragona, lleva a cabo proyectos de construcción modular y de transformación de espacios de carga de mercancías en diseños únicos personalizados

| Actualizado a 04 octubre 2022 11:57
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La vida útil de un contenedor marítimo suele ser de unos 20 años, aunque «con 15 años, las navieras ya se los quitan de encima», explica Pablo Debenedetti, cofundador y CEO de Tarraco Modular, una empresa especializada en las construcciones modulares a medida que ha encontrado en los contenedores marítimos un mundo de posibilidades para dotar de una segunda vida a estas estructuras metálicas, hasta hace pocos años condenadas a ser recicladas o, en el mejor de los casos, terminar sus días como punto de almacenaje fijo en algún rincón de nave industrial.

«Nosotros -explica Pablo Debenedetti- los reparamos, los pintamos y los ponemos a la venta, pero también les ponemos ventanas, puertas, instalaciones eléctricas... los modificamos al gusto del cliente». La forma que adquieren estos contenedores tras el paso por las instalaciones de esta empresa en el polígono industrial Francolí de Tarragona puede ir desde un punto de venta de comida rápida personalizado con la visión artística de un grafitero hasta un módulo de diseño para un estudio de arquitectura, pasando por una barbacoa o un cenador en un chalet particular.

Tendencia de moda

El uso de contenedores marítimos en el mundo del street food y de algunos sectores vinculados al diseño y las tendencias tiene mucho de moda, con unos cuantos años ya a sus espaldas. «Utiliza el contenedor -explica Pablo Debenedetti- aquel que quiere dar la imagen de contenedor, pero es más costoso que una construcción modular estándar, porque el contenedor es algo muy artesanal».

Cuenta que, en este segmento de mercado, hay dos grandes perfiles: «El particular, que quiere algo distinto que resalte, por un lado, y después el mundo de la hostelería, con restaurantes y puntos de venta de comida». A esto se le añaden los eventos, donde podemos encontrar hoy contenedores personalizados en ferias, salones o circuitos de motor.

Constituida como sociedad por Pablo Debenedetti y Anabel González a finales de 2020, Tarraco Modular remonta sus orígenes a hace una década, cuando Pablo Debenedetti se inició en el montaje de módulos con estructura metálica, una actividad a la que en 2016 añadió la compraventa de módulos y contenedores marítimos usados (también nuevos) para almacenaje industrial.

De los 300.000 euros de facturación con los que cerraron el pasado año 2021, calculan que un 70% correspondió a la comercialización e instalación de construcciones modulares, mientras que el restante 30% tuvo su origen en los proyectos con contenedores marítimos. Transformar un contenedor de 20 pies en una pequeña habitación puede oscilar entre los 8.000 y los 17.000 euros, en función del grado de personalización y de los materiales que deban emplearse, con un tiempo medio de entrega de 60 días.

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