Las nucleares de Ascó y Vandellòs defienden que están preparadas para prolongar su vida útil

Ampliar la capacidad para almacenar el combustible gastado es el gran reto para las tres instalaciones de cara a 2026

| Actualizado a 01 diciembre 2022 20:19
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La Asociación Nuclear Ascó - Vandellòs II (ANAV) ha defendido una vez más la capacidad que tienen las tres centrales tarraconenses para continuar operando más allá del horizonte fijado por el gobierno de España, actualmente entre 2030 y 2035. Los gestores de las plantas de Ascó y Vandellòs II destacan la apuesta que han llevado a cabo por la modernización tanto de los equipos técnicos como humanos, de cara a garantizar la operatividad de sus plantas igual que el primer día. Asimismo, reivindican el papel de la energía nuclear de cara a garantizar una transición energética sin emisiones. En este sentido, el gran reto para los próximos años será ampliar la capacidad para almacenar los residuos radiactivos que originan y que está cerca de alcanzar al límite.

En un encuentro con la prensa celebrado en las instalaciones de Vandellòs II, el nuevo director general de ANAV, Paulo Domingues Santos, afirmó que «no tengo ninguna duda de que las centrales que tenemos aquí podrían operar con toda seguridad más allá de los 40 años que se contemplaron en su día». Aun así, recordaba que esa decisión no está en sus manos: «Nosotros lo que podemos hacer es operar de manera segura y excelente hasta el último día que nos dejen». «Nuestras centrales son seguras, modernas, competitivas y fiables y tienen un futuro brillante», dijo.

Es el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica, el que establece las fechas de cierre ordenado de las centrales nucleares españolas. En el caso de Ascó I, la previsión es que deje de producir en 2030; Ascó II, en 2032; y Vandellòs II, en 2035. No obstante, este documento, que se elaboró en 2020, se revisará el año que viene y podría haber una nueva propuesta el próximo mes de marzo.

El responsable de ANAV se refirió también a la parada no programada que se produjo este fin de semana en Vandellòs II, por la entrada de agua de mar en el circuito secundario de refrigeración, y explicó que la central alcanzó de nuevo su máxima potencia este miércoles.

En su balance del año 2022, Paulo Domingues Santos, que asumió la dirección general de ANAV en substitución de José Antonio Gago el pasado mes de julio, destacó los esfuerzos que se han hecho por modernizar y digitalizar los equipos de las tres plantas. Asimismo, recalcó las inversiones en mejoras, por valor de 20 millones de euros, que se han acometido durante las paradas programadas estos últimos meses en Ascó II y Vandellòs II. Entre los retos para el 2023, ANAV tiene programadas dos nuevas recargas de combustible en sus dos plantas de Ascó.

Por otra parte, la central de Vandellòs II se someterá el próximo septiembre de 2023 a dos evaluaciones internacionales. Una de ellas en el marco de la Mision Salto del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que analiza la capacidad de cada central para operar a largo plazo. En este sentido, el directivo de ANAV subrayó los buenos resultados obtenidos este 2022 en Ascó con esta evaluación por parte de expertos de diferentes países. «La conclusión es que estamos claramente preparados para operar a más largo plazo de los 40 años que tenemos definidos a día de hoy», insistió.

Cuatro años para los nuevos ATI

En relación a la gestión de los residuos radiactivos, Paulo Domingues Santos reconoció que «2026 será un año crítico para nosotros», ya que será cuando la capacidad de almacenaje del combustible gastado en Vandellòs II y Ascó llegará a su límite. Es por ello que, según dijo, ya están trabajando de la mano de Enresa (la empresa pública responsable de la gestión de los residuos radiactivos) para construir nuevos Almacenes Temporales Individualizados (ATI) en ambas localizaciones y poder seguir produciendo a partir de 2027.

En el caso de Vandellòs, todo el combustible gastado desde que se puso en marcha el reactor, en 1988, se guarda en piscinas, con lo que disponer de un ATI permitiría vaciar este espacio y ganar almacenamiento para alargar su vida útil durante décadas.

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