Lorena Franco: «En las altas esferas ocurren las peores atrocidades»

‘El lugar donde fuimos felices’ es la última novela de la escritora, una historia de suspense, duelo y esperanza en un instituto elitista en la Costa Brava

| Actualizado a 11 agosto 2022 15:49
Se lee en minutos
Para guardar el artículo tienes que navegar logueado/a. Puedes iniciar sesión en este enlace.
Comparte en:

Una noche de final de curso del elitista Instituto Magno, en Llafranc, es abatida de un disparo Blanca Roca, la profesora de literatura. Un suceso que desencadenará una serie de acontecimientos tres meses después, con el inicio del nuevo curso. Terror, dolor y pérdida, bullying y drogas se entremezclarán en una etapa, la adolescencia, de unos jóvenes que lo tienen todo. Se trata de El lugar donde fuimos felices (Editorial Planeta), la última novela de Lorena Franco.

¿Qué puede haber hecho una profesora de literatura para morir asesinada?
Esa es la premisa. ¿Qué enemigos puede tener? Una vez que el lector se adentra en la trama, va a descubrir que Blanca tenía mucho que ocultar, mucho que callar y que llegó a Llafranc con una misión. No llegó para ocupar una plaza como profesora en un instituto muy elitista, sino que tenía un motivo de peso.

Esta novela no anima a convertirse en profesor de adolescentes.
La adolescencia es muy confusa. Es esa etapa en la que crees saberlo todo y en realidad no sabes nada, ese no conocerse a uno mismo. En esta novela, con tanto secreto que pesa y con tanto que callan, se convierte en una bomba de relojería que tarde o temprano estalla, como el personaje de Arnau. Se te quitan las ganas de ser profesor de adolescentes porque, aunque no se puede generalizar, normalmente es un momento de rebeldía.

¿Cicerón tenía razón cuando apuntaba a que los secretos al final siempre se descubren?
Todos tenemos secretillos y está bien porque forman parte de nuestra parcela íntima, pero los secretos que pesan, esos que perjudican a tantas personas, tarde o temprano salen a la luz. Para ello, el lector se va a ir encontrando con subtramas, giros, algunos más previsibles que otros, a lo largo de toda la novela que lo mantendrán en vilo hasta el final.

«Parece que quieran que los chicos cada vez sean más incultos»

¿El instituto tenía que ser elitista?
Obviamente debía ser gente pudiente, un instituto muy de la elite, al que los chicos llegan con chófer y donde cada profesor tiene su propio despacho, algo que es habitual en Estados Unidos, pero no aquí. Sí, era importante que fuera de alto standing.

¿Las clases sociales influyen en los problemas de los jóvenes?
Depende de los chavales, pero todo se centra en el círculo familiar, por lo que las condiciones son muy distintas. Es muy diferente crecer con mucho dinero a hacerlo con pocos recursos. Y en El lugar donde fuimos felices tenemos el ejemplo del acoso escolar, al que se somete a cierta persona por culpa de las clases sociales. Son maneras distintas de llevar la vida y de formar una familiar y esto sí que se nota luego en la madurez de los chicos.

Nuno, el profesor de matemáticas, pretende que los alumnos piensen por sí mismos.
Cada vez hay menos dinero para la cultura, para la educación o la sanidad. Parece que quieran que los chicos cada vez sean más incultos y la necesidad de pensar por uno mismo, de educarse, de estudiar y de aprender, es básica. Esta idea del profesor de matemáticas es una denuncia social y a la política de hoy en día, aunque muy pequeñita. Parece que en estos últimos dos años nos han querido limitar mucho. Nos comportamos como borregos, haciendo caso de todo. Nos han dicho que nos encerremos en casa y lo hemos hecho. Era necesario por un virus. Pero ¿ahora qué? El virus sigue existiendo y parece que no esté. Ahora es el virus fantasma. Hay cosas muy incomprensibles que he querido reflejar un poco en esta novela.

Nuno le promete a su padre, antes de morir, que mantendrá la discoteca abierta. Y le pesa como una losa.
Tengo que reconocer que Nuno Ventura es mi personaje favorito. Normalmente, en mis novelas las protagonistas siempre son las mujeres y en este caso Blanca y Paula están muy presentes. Nuno no iba a tener tanto protagonismo como al final lo ha tenido, iba a ser un secundario, pero es un personaje muy poderoso que, sin quererlo, pilla parte de la mala fama del padre. Él era feliz dando sus clases de matemáticas, en su velero, con una vida tranquila, cuando de la noche a la mañana se encuentra en el lugar del que siempre ha renegado, donde ocurre todo lo malo y todo lo peor de Llafranc, solo por una promesa. Cree que en este escenario junto con el instituto, que son los dos únicos ficticios de la trama, encontrará la respuesta a quién asesinó a Blanca y por qué.

$!Lorena Franco: «En las altas esferas ocurren las peores atrocidades»

Llafranc actúa como otro personaje.
Lo primero que necesito para una historia es el lugar, dónde lo voy a ambientar y aunque a Llafranc no me liga nada íntimamente, lo he visitado y me gusta mucho. Además, cuando ocurren este tipo de tragedias, en pueblos pequeños tienen más relevancia que en las grandes ciudades. Me gusta mucho ambientarlas en los pueblos, donde es muy difícil que la gente oculte secretos. Y en esta novela no solo los personajes ocultan secretos, también ciertos lugares que pertenecen a Llafranc y se convierten en un personaje más.

Blanca es un personaje presente/ausente.
Darle voz fue lo más complicado de la novela ya que se trata de una voz muy traumática, muy delirante, conocer su pasado, su presente y su no futuro porque sin que ella lo sepa, se ha metido demasiado en la boca del lobo. Como lector o lectora, a Blanca se le va a ir perdonando todo y se va a entender. Es fácil empatizar con ella con todo lo que le ocurre. El lector la va a conocer bien aunque ella no esté.

Con Sofía, la directora, es más difícil empatizar.
Pero cada personaje va evolucionando mucho a lo largo de toda la trama, incluso Sofía. Y lo que es más interesante es que la percepción del lector de ciertos personajes no va a ser la misma al principio que al final. Es un juego. Es como la vida misma, con algunos personajes congeniarás más que con otros y ¿por qué no puedes ir cambiando de opinión respecto a ellos?

«Somos más lo que callamos que lo que decimos y eso pasa factura»

Arnau es uno de los más trágicos.
Y además por la edad que tiene, que es muy joven, con toda una vida por delante que está desaprovechando, sobre todo, por lo que se calla. Al final, somos más lo que callamos que lo que decimos y eso pasa factura en según qué situaciones.

En ‘El último verano de Silvia Blanch’ se fue a la montaña. Aquí, a la playa, ¿qué prefiere?
Soy de las dos cosas. Vivo en la montaña y me encanta y en la ficción últimamente me gusta mucho irme a la playa.

Es una pecera de pirañas.
Toda ficción es reflejo o parte de alguna realidad. En esta novela también se intenta vislumbrar que en las altas esferas ocurren las peores atrocidades que te puedas imaginar. Va un poco de todo esto, de una denuncia social.

¿Pero esas atrocidades nos llegan o se tapan?
La realidad supera la ficción, con eso lo digo todo. Solo hay que ver las cosas que se han destapado y no solo de la Iglesia. Hay mucha historia macabra, real, que si la plasmáramos en un libro, los lectores pensarían que eso no podría existir, que es inverosímil. Hay muchas noticias que no se pueden dar porque sería catastrófico. Pero esta novela también tiene ese punto de romance para darle un poco de luz. El amor surge entre dos personajes que enseguida notan la química entre ellos. Además de situaciones en las que no querrías verte nunca, también está llena de sentimientos sinceros, aparte del arrepentimiento y del duelo que, quién más, quién menos, lo ha vivido y se puede sentir identificado.

En definitiva, lo que queda en el pasado, hay que superarlo...
Lo importante es el presente, vivir el hoy. Lo ocurrido en el pasado a veces pesa, pero hay que ir viviendo el día a día. Es lo único que tenemos y el mañana, ya se verá.

Temas:

Comentarios
Multimedia Diari