Curiosidad

| Actualizado a 18 noviembre 2022 11:37
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Si hay un elemento básico para fomentar la creatividad y la innovación en la empresa, éste es sin duda la curiosidad. Los humanos somos seres especialmente curiosos. Rompemos los juguetes cuando somos pequeños para ver qué hay dentro, devoramos wikis de todo tipo para saciar nuestras ganas de saber e incluso nos preguntamos cosas como ¿Quién soy? o ¿Cuál es el sentido de mi vida?

Sin curiosidad no hay motivación ni pasión. Querer saber cosas nos abre las puertas de la ilusión, la investigación y nos permite intentar encontrar soluciones a nuestros problemas.

Sin embargo, dudo que la mayoría de empresas sean conscientes de este hecho tan básico y simple. A veces se comportan de tal manera que evitan que sus integrantes desarrollen su curiosidad. Frases como «esto ha funcionado siempre así» o «aquí hacemos las cosas de esta manera y no de otra», certifican la actitud esquiva de muchas organizaciones respecto al fenómeno de la curiosidad.

En la mayoría de empresas innovadoras hay mucha más libertad que control

De hecho, las empresas menos avanzadas quieren que su gente se comporte casi como seres inanimados: que no se hagan preguntas, que no cuestionen el statu quo, que no se planteen que las cosas podrían ser de otra manera, etc. Recuerdo la famosa frase de Michel Foucault, el genial filósofo francés: «cuerpos dóciles y adaptados».

Es cierto, hay empresas que todavía piensan que la materia gris reside en sus órganos de gobierno. Ellos, piensan, son los que conducen a buen puerto el barco. El resto de la empresa debe ejecutar con más o menos ardor guerrero y disciplina espartana los designios de los seres superiores. Craso error. Los muros construídos entre los líderes o directivos y el resto de personas están, hoy en día, para ser derribados.

Porque la innovación surge de la curiosidad. De las ganas de cambiar lo que ya funciona, para ver si encontramos algo todavía mejor. Del deseo de hacer cosas nuevas, diferentes, que enamoren a nuestros clientes. Del empeño por mejorar día a día y no dormirnos en los laureles. Una organización que fomenta la curiosidad en todos los ámbitos adquiere una ventaja competitiva enorme.

La curiosidad es hermana de la libertad. Cuando la gente se siente libre, experimenta más y prueba cosas. Comete errores pero aprende de ellos y progresa. Ser curiosos nos permite desafiar cualquier concepto, ser transgresores y hacer lo que nadie hace.

Es por eso que en la mayoría de empresas altamente innovadoras hay mucha más libertad que control. El control obsesivo sólo crea fantasmas. Los directivos más inteligentes saben que hay que sustituir el control por la confianza. De mi maestro George Kohlrieser, profesor de liderazgo del IMD en Lausanne, aprendí que un líder auténtico es el que confía ciegamente en sus colaboradores y les deja hacer.

La curiosidad humana es insaciable y ha sido siempre fuente de creatividad. Lo decía Einstein, nada menos. «No tengo ningún talento especial, solo sé de mí que soy una persona curiosa».

Franc Ponti, Profesor de innovación en EADA Business School

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