El Congreso, convertido en una taberna

| Actualizado a 26 noviembre 2022 06:00
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El Congreso de los Diputados, que debería ser la catedral de las palabras y del intercambio respetuoso de ideas entre adversarios políticos, se ha convertido desde hace tiempo en una especie de taberna donde se han instalado los gritos, las malas formas e incluso los insultos personales. Desde luego, nada que ver con lo que debería ser un templo donde reside la representación de la soberanía popular. Es, más bien, un lugar muy poco edificante y ejemplar, a pesar de que las personas que están allí han sido elegidas para defender ideas y proyectos y se les presume cierta educación. El último episodio ha sido el inaceptable ataque de una diputada de Vox a la ministra de Igualdad, Irene Montero, que ha provocado una lógica oleada de indignación y solidaridad hacia la atacada que incluso ha traspasado las fronteras nacionales.

Todos los representantes políticos deben estar sometidos a la crítica de su gestión, pero los insultos son inaceptables

Y lo peor es que no se trató de una muestra de incontinencia verbal aliñada por el odio de una diputada en particular, sino que su partido ha salido en tromba en su apoyo, evidenciando su catadura moral. Todos los representantes políticos, y ni los ministros ni el presidente son una excepción, deben estar sometidos al control y a las críticas de su gestión. Faltaría más. Pero son desde todo punto de vista inaceptables los insultos personales, un recurso propio de quienes carecen de ideas y argumentos y que, por tanto, están totalmente inhabilitados para asumir un cargo de semejante responsabilidad. Nuestros políticos deben hacer un esfuerzo por rebajar el clima de crispación en que tienen sumido al país y rescatar a una institución de la trascendencia democrática del Congreso de los Diputados de ese barriobajerismo en el que ha caído en los últimos tiempos. Y los ciudadanos estamos en la obligación de reclamárselo. Porque lo que sería igualmente grave es que esta actitud irrespetuosa más propia de una taberna se viera recompensada en forma de votos.

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