Armageddon

| Actualizado a 28 septiembre 2022 18:51
Álex Saldaña
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No sé si se acuerdan de Armageddon, aquella película protagonizada por Bruce Willis en la que un grupo de perforadores de plataformas petrolíferas son enviados por la NASA al espacio para taladrar la superficie de un enorme asteroide y destruirlo con una bomba nuclear antes de que choque contra la Tierra. Sí, es una película, pero la ficción no está tan alejada de la realidad. De hecho, pasaban 15 minutos de la una de la madrugada de ayer martes cuando, mientras todos dormíamos, la nave espacial DART se inmoló para impactar a 23.000 kilómetros por hora con el asteroide Dimorpho, una ‘piedra’ de 160 kilómetros de diámetro, y así desviar su trayectoria en el espacio, en lo que supone el primer ensayo de la humanidad para defender a la Tierra de la colisión de meteoritos similares al que hace 66 millones de años provocó la extinción de los dinosaurios. La gran diferencia entre Armageddon y la misión de ayer es que, en este caso, el objetivo era desviar el asteroide, y no destruirlo, ya que un fuerte impacto podría acabar en desastre con cientos de rocas cayendo sobre la Tierra. Asegura la NASA que no tiene en su radar algún objeto que pueda representar una amenaza directa contra la Tierra durante los próximos 100 años, pero ha puesto a prueba su tecnología para estar preparada. Resulta tranquilizador, aunque de todas formas es mejor permanecer alertas, no nos vaya a pasar como en esa otra película, No mires arriba, donde el meteorito choca con la estupidez humana.

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