Day trip

| Actualizado a 12 noviembre 2022 06:00
Josep Moya-Angeler
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Pese a que fueron los franceses quienes dieron su palabra ‘tour’ para lo que Cervantes llamaría ‘gira’ y en todo el mundo se llama ‘turismo’, fueron los ingleses quienes inventaron el ‘day trip’, contraposición del famoso ‘grand tour’ (otra palabra francesa) con el que se premiaba a los estudiantes de clase alta. Aquellos muchachos tenían que conocer Europa antes de meterse en el mundo de los negocios o las leyes. El ‘day trip’ era y es para los humildes y consiste en un viaje de un solo día. Ir y volver. No gastar en hoteles, albergues o pernoctaciones. Esta es la base indispensable de todo parque temático actual, que debe permitir a los ciudadanos de una gran urbe alejarse de ella para encontrar un mundo diferente que les haga olvidar de su origen. Un mundo que les sustraiga de su realidad cotidiana.

Una segunda norma es que hay que crear un centro de atracción turística a menos de una hora, en automóvil, de una gran ciudad. Sí, ya habrá adivinado el lector que en Tarragona tenemos ese lugar y se llama PortAventura. Magnífico nombre. Aventura. El atractivo de la idea de una aventura, que es irrechazable si ofrece con seguridad y sin riesgos.

El ‘day trip’ consiste en un viaje de un solo día. Es abandonar la cotidianeidad para sumergirse en otro mundo, descubrirlo, disfrutarlo y acabar deseando volver

El ‘day trip’ no es lo que antaño se llamaba hacer de dominguero. El dominguero va casi siempre al mismo lugar, invade espacios naturales, a veces los maltrata, fuma en los bosques aunque luego dirá que ha respirado «aire puro», y otras veces se lleva la radio porque no sabe vivir sin ruidos. Son los que tratan de escapar de sí mismos pero nunca lo consiguen. En comarcas los odiaban cuando no se reían de ellos. El ‘day trip’ es abandonar la cotidianeidad para sumergirse en otro mundo, descubrirlo, disfrutarlo y acabar deseando volver porque la experiencia evasiva ha sido reconfortante. Una de las claves de su éxito es que el lugar desborda y es inabarcable en un solo día, de ahí el deseo de regresar para dominarlo completamente.

Aparte de PortAventura, muy bien diseñado por los de Busch Gardens, en las tierras de Tarragona no se explota –o así me lo parece– esta feliz idea, por muchos técnicos que haya en turismo. Es cierto que el Delta reúne estas características pero no acaban de ser ofrecidas con tino, orden y como una unidad temática dividida en varios capítulos. Hay en el Delta mucha iniciativa aislada que no acaba de tejer un tapiz irresistible, a pesar de que es un lugar en sí es irresistible. Habría que animarles a ser arriesgados y pensar a lo grande, eso que los americanos llaman ‘thing big’, porque si arriesgas puedes perder, pero si no arriesgas has perdido con toda seguridad.

Me cuestiono por qué Tarragona no se lanza a crear un modelo de ‘day trip’ que complemente a PortAventura, que ponga a la capital en boga y que diseñe una marca atractiva

Eso de pensar a lo grande no va mucho con la mentalidad actual, en donde es más fácil pensar en pelotazos que en grandes y laboriosas iniciativas. Sin embargo, en turismo lo que no se concibe a gran escala podrá tener frutos a gran escala. Ahí está Barcelona, que elaboró un meticuloso plan de márketing turístico en 1993 que ha funcionado incluso con demasiado éxito.

Me cuestiono por qué Tarragona, a cien kilómetros de una conurbación con tres millones de habitantes, no se lanza a crear un modelo de ‘day trip’ que complemente a PortAventura, que ponga a la capital en boga y que diseñe una marca atractiva. Es una pregunta que deben responder los ‘elegidos’, esos que pidieron votos y han de devolver a cambio grandes proyectos, todo un plan de ideas que relance a la ciudad y sus tierras.

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