Eran tan pobres que solo tenían dinero

| Actualizado a 21 octubre 2022 07:00
José-Daniel Vila Robert
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Ahora la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) ha pasado a definir quiénes son ricos o pobres, ignorando la relatividad de ambos términos. Y siguiendo el famoso aserto que dice «eran tan pobres que solo tenían dinero», para subir la carga impositiva que siempre va dirigida a los mismos, es decir, a todos menos a los ricos. No hay política social más progresista que tener trabajo y dinero en el bolsillo. El gobierno de coalición demuestra, en mi opinión, que lo progresista es quitarle el dinero a la clase media trabajadora, según expresión que tanto gusta de usar. La reforma de impuestos anunciada de forma acelerada no da ningún alivio a la clase media trabajadora. Más de la mitad de la recaudación por IRPF, cerca de 45.000 millones de euros, se obtiene de los impuestos de contribuyentes cuyos ingresos oscilan entre los 21.000 y 60.000 euros.

Si el nivel de ingresos lo llevamos desde los 60.000 hasta los 150.000 euros, la contribución al IRPF alcanza casi el 75 por ciento, contribuyentes que no se ven beneficiados por las últimas medidas. En una situación de elevada inflación como la actual, los grandes perdedores son las clases medias. El gran ganador es el gobierno, que ve como aumenta lo que recauda. La recaudación impositiva se realiza sobre el valor de los bienes y servicios en términos nominales. Al aumentar el precio de estos debido a la inflación, el Estado recauda. Por eso el interés del gobierno de no deflactar la tarifa del IRPF.

En una situación de elevada inflación como la actual, los grandes perdedores son las clases medias. El gran ganador es el gobierno, que ve como aumenta lo que recauda

El ciudadano normal es el que sufre las consecuencias de la voracidad impositiva. Este corre el riesgo de que un ligero aumento de su sueldo le lleve a pasar a una escala superior del IRPF, llegando a una situación donde el sueldo cada vez llega para menos, pero cada vez paga más impuestos.

Se ha recuperado la retórica de que paguen más los ricos, un mensaje ya agotado. A los que sufren cada día la inflación, lo que les preocupa es la fuerte subida de los precios de los bienes de primera necesidad, cuya fiscalidad no quiere reducir el gobierno, o la subida de la gasolina, o la de los precios de los hoteles que frena su posibilidad de irse de vacaciones, en definitiva, la pérdida de su calidad de vida.

El ciudadano corre el riesgo de que un ligero aumento de su sueldo le lleve a pasar a una escala superior del IRPF, con lo que el sueldo cada vez llega para menos pero paga cada vez más impuestos

Es difícil saber qué se entiende por rico, pero si miramos las tablas del IRPF, los españoles que ganan más de 601.000 euros al año solo suponen el 0,06 por ciento de las declaraciones. El hecho de crear un impuesto ‘temporal’ para aquéllos que tengan un patrimonio superior a 3 millones es muy peligroso. El impuesto sobre el patrimonio se creó en 1977 con carácter transitorio. Es hoy un elemento exótico a nivel internacional y confiscatorio, al igual que Sucesiones y Donaciones. Eliminarlo sí es ayudar a las clases medias. Este impuesto de ‘la solidaridad’ no deja de ser una respuesta a la decisión de Andalucía de eliminar dicho impuesto, siguiendo los pasos de Madrid.

No es casualidad que ambas comunidades sean donde se da mayor crecimiento y donde los resultados del partido socialista rozan sus mínimos. Estamos en un punto donde se corre el riesgo de deslocalizaciones de grandes rentas, no entre regiones de España, sino al extranjero. Recordemos el caso de Francia, donde ante una gran subida de impuestos se produjeron traslados a Bélgica.

Quizá deberíamos mirar a Portugal, país que está haciendo todo lo posible para atraer capitales y contribuyentes con elevados ingresos. El debate sobre los impuestos y los ingresos del Estado desvía la atención sobre el tema del gasto público, debate siempre incómodo.

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